Expresiones

La Naturaleza y sus lecciones no aprendidas ni valoradas

Carlos Ortiz Moreno

Mucho antes de que existiera todo esto de las redes sociales y los diversos canales para difundir mentiras oficiales y no oficiales, la Naturaleza nos ha dado lecciones diversas… que nos exhibe por no haberlas aprendido.

El 11 de noviembre de 1961, un ciclón (en esa época, oficialmente se tenía definido al Océano Pacífico como zona de ciclones y al Atlántico como zona de huracanes) desbarató un pueblo. El ciclón “Tara” de apenas categoría 1 de la escala Saffir Simpson borró literalmente más de la mitad de Nuxco, en el municipio de Tecpan de Galeana en la Costa Grande de Guerrero, provocando la muerte de casi 450 personas y la desaparición de al menos 300 personas.

Antes del golpe del ciclón, en toda la zona de Costa Grande había más de una semana lloviendo de manera constante lo que causó el crecimiento exagerado de las corrientes de agua.

Cuando “Tara” golpeó, los arroyos que bajan de la sierra Madre del Sur se encontraron un dique construido por el mismo hombre: la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo. Llegado el momento, ese dique cedió y la fuerza del agua se llevó todo lo que encontró a su paso: casas, canchas, plantíos, animales y gente.

Tras la magnitud de la tragedia, el gobierno federal retrazó la vía carretera y la reconstruyó kilómetros arriba del poblado destruido en su base urbana y familiar.

Más de 30 años después Acapulco tuvo otra lección. El 9 de octubre de 1997, la Naturaleza vino a recuperar sus terrenos con el huracán “Pauline” que mató a centenares de personas que habían construido sus viviendas en barrancas y parte de las cuencas naturales que tiene el puerto.

Durante muchos años, Acapulco había sido construido de manera anárquica. Cada uno hizo sus viviendas de la forma que quiso sin importar que, en muchos de los casos, rompían las caídas naturales del agua pluvial.

El gobierno tuvo que construir su sistema de alertamiento y prevención de desastres con una oficina de Protección Civil y culpó de todo lo sucedido a la misma población por invadir cañadas y barrancas. Eso costó más de 500 vidas y la desaparición de al menos otras 400 en Acapulco. Hubo reseñas periodísticas que indicaban restos humanos flotando en el mar abierto de la Costa Grande.

El 15 de septiembre de 2013 la Naturaleza nos dio otra lección dolorosa: el huracán “Manuel”, decimosexto ciclón tropical formado de la temporada y séptimo en alcanzar la categoría 1 de huracán, se presentó como el ciclón más destructivo tras afectar seriamente el estado de Guerrero y que causó daños severos en Acapulco.

Si el “Pauline” fue supuesta responsabilidad de la misma población, en esta ocasión las zonas que más se inundaron y tuvieron enormes problemas en Acapulco fueron los sitios en donde el mismo gobierno otorgó permisos de construcción de unidades habitacionales a sabiendas de que se trataba de lugares inundables, especialmente en el área geográfica conocida como Acapulco Diamante.

Más de diez años después, diversos personajes políticos que en esa ocasión estaban enquistados en el poder, en sus respectivos partidos políticos, se han lanzado acusaciones de ser los responsables de esa tragedia que causó daños millonarios a centenares de familias.

Nadie ha sido castigado, pese a la promesa del gobierno de Enrique Peña Nieto y de aquel funcionario priista gordito, parecido a Oliver Hardy que juró y perjuró exhibir a los responsables, nunca lo hizo y ahora es senador de Morena.

La nueva lección de la Naturaleza fue el huracán “Otis”, en 2023. El gobierno omitió la información sensible para alertar a la población, especialmente la de Acapulco. El presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció después, en una conferencia mañanera, que sabía lo que venía para Acapulco y prefirió guardarse la información.

La fuerza del meteoro desnudó a todos. Ricos y pobres, pero además desató el lado oscuro que tiene el ser humano al aprovecharse de la situación en contra y cometer atrocidades y actos de rapiña generalizada durante varios días tras el impacto que, literalmente, desbarató la red hotelera y viviendas de Acapulco, sin contar la red caminera y carretera.

El huracán, como la pandemia del COVID-19, le quedó como anillo al dedo al titular del Poder Ejecutivo que extendió su proyecto llamado Cuarta Transformación. Su plan fue repartir dinero a todos. A las elecciones siguientes, su partido ganó todo en Guerrero. No se invirtió en reparar infraestructura, se gastó dinero para darlo en las manos de los habitantes, damnificados y no damnificados.

Parece que la nueva lección que prepara la Naturaleza es el cambio climático y una de sus variantes es el calentamiento global. La mejor prueba son las lluvias torrenciales que en cuestión de minutos han estado inundando ciudades en todo el territorio mexicano. Los arroyos que generalmente eran unos hilos de agua se convierten en mortales corrientes que se llevan todo a su paso.

¿Estamos preparándonos para ello? ¿El gobierno apura sus programas para la prevención o solamente sigue alimentando su poder repartiendo dinero?

Eso es algo que tendremos que lidiar en cualquier momento.

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