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Semefo de Acapulco, 36 años después, un asco

  • * Sobresaturación de cadáveres, principal problema sanitario
  • * Historias macabras del Servicio Médico Forense de Acapulco
  • * Acapulco estuvo 17 años sin morgue oficial
  • * Pauline, Aguas Blancas, motines y narco, fuentes mortales

 Carlos Ortiz Moreno

Construido en la segunda mitad del gobierno de Alejandro Cervantes Delgado, las instalaciones del Servicio Médico Forense fueron el adelanto sanitario más relevante en 1986. Sin embargo, la falta de planeación administrativa y la confusión de ser una institución sanitaria y no ministerial sentenció el proyecto.

Antes, los servicios de estudios cadavéricos, necropsias y resguardo de restos humanos se hacían en el viejo Hospital Civil “Morelos” de Acapulco, situado en el cerro de las iguanas, hoy Parque de la Iguana del Barrio del Hospital, que operó desde 1938 hasta 1972 cuando se construyó el Hospital General de Acapulco en avenida Ruiz Cortines.

Después, las funerarias privadas eran habilitadas como instalaciones forenses. La funeraria Manzanarez, recientemente desaparecida de la historia de Acapulco, fue la última que realizó autopsias de muertos registrados en el palenque de la Feria de la Nao de China en los años ochenta. Acapulco vivió sin una instalación forense durante 14 años.

Al concluir el gobierno cervantista, fue el exgobernador José Francisco Ruiz Massieu quien decretó la transferencia del Semefo de la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado a la Secretaría de Salud por tratarse de una instalación de índole sanitaria más que ministerial.

Sin embargo, el Servicio Médico Forense no está incluido como parte de la estructura administrativa como sí están contemplados, según el artículo 11 de la ley 1212 o Ley de Salud del Estado de Guerrero, la oficina del secretario (a), Subsecretaría de Planeación, Subsecretaría de Control y Prevención de Enfermedades, Subsecretaría de Administración y Finanzas, Comisión para la Protección Contra Riesgos Sanitarios del Estado de Guerrero, Dirección General de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos, Contraloría Interna, Direcciones Generales y Unidad de Innovación Clínica y Epidemiológica del Estado de Guerrero.

Ubicado en la calle Vicente Guerrero de la colonia Progreso, el Semefo ha estado lleno de historias macabras y de emergencias sanitarias que ha repercutido en la salud de los propios trabajadores del organismo y los habitantes de la populosa colonia céntrica de Acapulco.

La matanza de Aguas Blancas, el paso del huracán Pauline, la serie de asesinatos por la violencia entre bandas delictivas dedicadas al narcotráfico y motines sangrientos, han sido solamente una parte de acontecimientos en la historia del Semefo”, declaró en 2017 el médico cirujano con especialidad en criminalística, Ricardo Berlanga Soria, a la reportera Karla Galarce Sosa. El profesionista criticó que el servicio ha sido ignorado desde que nació, pues sólo es atendido en épocas de crisis aunque sin reconocimiento oficial en un organigrama por parte del gobierno estatal del cual depende en la Secretaría de Salud de Guerrero.

Publicada en El Sur de Acapulco, el exdirector del Servicio Médico Forense de Guerrero en el período 2013-2014 contó cómo en todos esos acontecimientos, los cadáveres eran enfilados en el piso del estacionamiento del Servicio Médico Forense, en la populosa colonia Progreso para que fueran identificados por sus familiares, aunque “muchos sin una cédula de identificación” fueron enviados a la fosa común.

En todos esos casos, señaló, las autoridades estatales y federales justificaron la falta de un área habilitada para recibir con decoro los cadáveres pues en todos los casos el inmueble estaba en “remodelación”.

Tan sólo por el huracán Pauline, el médico cirujano con especialidad en criminalística recordó más de 130 cadáveres, “extremidades y troncos de personas” que eran desenterrados de la arena que las corrientes del río El Camarón arrastró consigo el 9 de octubre de 1997.

Aunque hubo más: “otros en Renacimientos que no supimos exactamente cuántos fueron y otros más en la colonia Jardín, que tampoco supimos cuántos fueron”.

El excoordinador de servicios periciales de la Ciudad de México antes de que radicara en Acapulco hace 25 años, comentó que un número indeterminado de cadáveres “desconocidos”, fueron enterrados en la fosa común tras el paso del huracán Pauline.

De ese grupo de “desconocidos”, no hubo manera de que fueran identificados, pues sólo hubo un reconocimiento superficial y no se les aplicó la autopsia.

“Al Semefo llegó a buscar mucha gente a sus familiares, pues el agua arrasó con las casas completas. Creo que nadie sabe a ciencia cierta cuántos cadáveres hubo con el paso del huracán; tampoco hubo una mesa de control, donde la gente que buscara familiares desaparecidos los hubiera reportado y no se hizo, así es que las personas que estaban buscando a sus familiares, no tenían a dónde acudir”.

En una pequeña oficina en avenida Cuauhtémoc, narró que una semana después del paso del meteoro, llegaron dos cadáveres más que fueron trasladados en helicóptero desde Zihuatanejo, y dos semanas después, también llevaron seis cuerpos más, pues quienes reportaban los hallazgos eran los pescadores, quienes buscaban “artículos que flotaban en el mar para sacar lo que pudieran”.

En esa ocasión, el exfuncionario señaló que con más de 30 años, el Semefo debería haber arrojado una mayor experiencia en el manejo de este tipo de contingencias, pero no la hay.

“La gente que maneja este tipo de aspectos no está bien preparada, son recomendados o están en los cargos por recomendaciones de políticos y cuando hay contingencias no saben qué hacer. Ahora que no hay contingencia (en 2017 cuando fue entrevistado), tenemos más de 200 cadáveres y las cámaras frigoríficas que no enfrían. Hay cuerpos que llevan allí más de cuatro años”, reclamó.

“Se juntaron, dijo, 17 (cuerpos) en Aguas Blancas (julio de 1995), no hubo tanto problema porque todos fueron identificados por sus familias y eso fue lo que nos dijeron, pero aparecían familias reclamando el mismo cadáver… No supimos más qué pasó sino que Gobernación estatal se llevó a la segunda familia y no supimos más: pero el problema que hubo entonces se ha presentado recurrentemente y cada año en promedio hay mil 600, mil 700 muertos al año y se queda el 10 por ciento en calidad de desconocidos y no pueden enviarse a la fosa común”.

En múltiples ocasiones, el personal operativo ha denunciado a los medios de comunicación tanto de Acapulco como nacionales que el Servicio Médico Forense ha estado siempre sobresaturado, que no existen condiciones sanitarias para el trabajo normal, que los directivos del sindicato siempre han protegido a unos cuantos para no trabajar y que los directores nunca han hecho algo para mejorarlo.

36 años después, lo que fue un ejemplo de sanidad en el manejo de cadáveres, el Servicio Médico Forense se convirtió en un asco con graves repercusiones para la salud pública.

Actualmente, la titular del Sector Salud, Aidé Ibarez Castro, está más preocupada en otorgar nombramientos y heredar plazas laborales a su esposo e hija que ocuparse de un problema severo de salud.

La gobernadora Evelyn Salgado Pineda tendría que tomar cartas en el asunto que preocupa no solo la pestilencia cadavérica a los vecinos de la colonia Progreso sino el riesgo a su salud.

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