Guerrero

Despiden con misas al alcalde asesinado de Chilpancingo

Familiares, amigos, centenares de ciudadanos, así como políticos del PRI, PRD, MC y PAN despidieron este mediodía al alcalde de Chilpancingo, Alejandro Arcos Catalán, en dos misas celebradas en iglesias de la capital del Estado y que estuvieron plagadas de escenas de tristeza, enojo y exigencias.

Decenas de coronas de flores a nombre de diversas instituciones públicas y otras de manera personalizada fueron colocadas afuera del templo religioso a donde se dieron cita centenares de personas de todas las edades para despedir a Arcos Catalán quien era considerado como parte de la nueva generación de políticos de Guerrero.

Tal y como la familia del alcalde asesinado y decapitado lo programó, hubo dos misas de cuerpo presente en las que se registraron diversas escenas de dolor, llanto, impotencia, coraje y hasta gritos para exigir justicia por el cruento asesinato del joven chilpancingueño.

Decenas de personas que llegaron a las dos misas celebradas en la capital del Estado, no pudieron contener el llanto.

«No es posible que nos haya pasado esto», dijo una señora entre sollozos.

En tanto, en el pórtico del Ayuntamiento fueron colocadas veladoras y decenas de pancartas en donde exigían el pronto esclarecimiento del crimen, la detención de sus asesinos y demandas por el mal funcionamiento de la estrategia de seguridad que tenía el primer edil.

Después de la misa, el cortejo fúnebre partió a la catedral de La Asunción y a las tres de la tarde se ofició otra misa de cuerpo presente en este templo, en el centro de Chilpancingo. A la primera misa no acudió ningún político para hacer acto de presencia en el lugar cercano al domicilio del alcalde. Tampoco funcionario alguno del gobierno del Estado.

Durante el trayecto, centenares de capitalinos salieron a las calles y desde sus hogares arrojaron rosas rojas y blancas a la carroza que transportaba el ataúd que contenía el cuerpo de Alejandro Arcos Catalán.

Los gritos variaban de contenido. Algunos exigían justicia al atroz asesinato, otros pedían la paz para la capital del Estado que ha estado sumida en una época marcada por la incertidumbre y por la serie de asesinatos y decapitaciones que se han hecho público a lo largo de los últimos tres años, incluyendo el asesinato del periodista Fredid Román Román.

Mientras se escuchaban los chirrionazos de una media decena de tlacololeros que abrían camino en la ruta hacia la catedral de Chilpancingo, algunos caminantes exhibían pancartas que sostenían con esperanza. “Queremos paz en Chilpancingo», se leía en una pancarta que sostenía un ciudadano que estaba a un lado de la carroza fúnebre.

Mujeres y hombres de todas las edades desfilaron alrededor del féretro que contiene los restos del edil. La gente que le da el último adiós externaba su pésame a los familiares.

Minutos antes de las 15 horas, el cortejo llegó a la catedral de La Asunción donde se ofició la segunda misa de cuerpo presente.

El exgobernador Héctor Astudillo Flores, el exalcalde de Chilpancingo, Mario Moreno Arcos, los exdiputados Gabriela Bernal Reséndiz y Héctor Apreza Patrón, el exalcalde de Acapulco, Evodio Velázquez Aguirre y políticos de diversos partidos dieron el pésame a los familiares del edil asesinado.

En este punto, la exalcaldesa Norma Otilia Hernández recibió gritos de desaprobación justo cuando se aventuró a salir por la entrada principal de la catedral y se retiraba del lugar con el rostro desencajado y lloroso. Ni eso la salvó de recibir la reprobación de una mujer que a gritos le reclamaba.

—¡Fuera! ¡Fuera! ¡Traidora! ¿Qué haces aquí? No se te quiere… ¡Tú vendiste al municipio, lo entregaste! ¡Traidora!, gritó una mujer a la que algunas personas la quisieron callar.

Pero la joven insistió en sus gritos:

—Nadie me va a callar. Es el sentir de la gente.

—No, es el tuyo nada más, le respondían.

—Déjenla que hable… gritaba otro más.

—Es el sentir del pueblo, insistió la joven mujer a gritos.

—No, es el tuyo nada más…

—¡Traidora! ¡Traidora!

—¡Fuera! ¡Fuera!, se decían quienes apoyaron los gritos de la mujer y los que quisieron callarla.

Acompañada de su esposo y familiares, la exalcaldesa solamente bajó la cabeza y aceptó toda la andanada de gritos en su contra… y los de algunos que la apoyaron y hasta la defendieron.

Posteriormente, la gente y el resto de los dolientes se fueron al panteón municipal para sepultar y darle la última despedida al presidente municipal de Chilpancingo.

Ahí, se evocó el mensaje difundido por la ahora viuda del alcalde capitalino:

“Alejandro dedicó su vida a la paz, al servicio y al bienestar de su comunidad y seres queridos. Su legado es un faro de esperanza y unidad que nos guía en estos momentos de dolor”.

“Agradecemos de todo corazón el apoyo en estos momentos difíciles. Les pedimos que recuerden a Alejandro como el hombre de paz y amor que siempre fue”.

“En su memoria, sigamos su legado de unidad, paz y esperanza, los mismos valores que él defendió hasta el final”, escribió en una última esquela la señora Sandra Solís Peralta, a nombre de las familias Arcos Catalán y Arcos Solís.

 

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