Brilla panteón de Huiziltepec para reunir a sus difuntos en Guerrero
Anclado en el cerro del Colibrí, en el municipio de Eduardo Neri y a media hora en vehículo de la capital Chilpancingo de los Bravo, el panteón de Huiziltepec brilla durante una semana para reunir a los habitantes nahuas y las almas de quienes ya no habitan este mundo terrenal. El cierre lo contempla la llegada de los “muertos chiquitos” el 1 de noviembre y los “muertos grandes”, el 2 de noviembre.
Toda la comunidad de origen nahua combina el misticismo indígena con ritos católicos en un emotivo reencuentro entre vivos y muertos. Son puntuales y respetuosos de una tradición de centenares de años.
Del 23 al 27 de octubre comienzan a escucharse los místicos toques de campanas y los preparativos en el cerro del Colibrí, llamado también Cerro Grande o Cerro Huiziltepec. Y comienzan los viajes al panteón ubicado a 2 mil 50 metros de altura, unos 700 metros arriba de la comunidad, para invitar a que las ánimas bajen a reunirse con todos.

Del 28 al 31 de octubre van encendiendo luces y ofrendas específicas conforme dicta la tradición para distintas almas… las ánimas solas, los olvidados o quienes fallecieron en accidentes.
El 1 de noviembre se dedica por completo a los «muertos chiquitos» (niños). Al caer la noche, las campanas de las iglesias anuncian formalmente el evento principal. Las familias trazan caminos de veladoras naranjas por las calles para guiar a las almas desde la iglesia hasta sus altares caseros.
El 2 de noviembre (día de los llamados fieles difuntos) es el clímax de la tradición. Toda la comunidad se traslada a velar al panteón municipal. Las familias pasan la noche entera en el cementerio, iluminando las tumbas con miles de velas, compartiendo platillos típicos (como mole, tamales y pan de muerto), acompañados de música de viento hasta el amanecer.
El Día de Muertos (Mihcailhuitl) se festeja con una de las tradiciones más místicas del estado, caracterizada por la noche en que el panteón comunitario se ilumina por completo con miles de veladoras.

La festividad que destaca por costumbres muy específicas envuelve a todo el pueblo.
Hay senderos de luz en las calles. Las familias colocan hileras de velas alineadas desde las puertas de sus hogares hacia las calles. Estos caminos luminosos sirven para guiar a las almas directamente desde el panteón hacia las casas donde vivieron.
Al caer la noche y al sonar de las campanas, el pueblo entero se traslada al cementerio municipal. Como el panteón no cuenta con energía eléctrica, la comunidad enciende miles de cirios y veladoras sobre las tumbas, creando tanta luminosidad que el lugar parece estar completamente de día.
Las familias pasan toda la noche velando, rezando, cantando y conversando junto a las sepulturas decoradas con flores de cempasúchil y pericón.

Según la creencia local, mientras los vivos cuidan y alumbran las tumbas en el panteón para marcarles el camino de regreso, las almas de los difuntos aprovechan ese momento para visitar las casas y consumir la esencia de los platillos y bebidas colocados en los altares familiares.
La velación se acompaña con el aroma profundo del copal y el incienso, misas, cantos religiosos y música de bandas de viento que tocan en honor a los fallecidos hasta el amanecer, momento en que las almas regresan al cielo.
Es la magia indígena del estado de #Guerrero, digno de ser reconocida y visitada.
Este es la festividad del Día de Muertos en Huiziltepec → https://www.youtube.com/watch?v=chydla7lTPQ&t=72s
