Acapulco, Mérida y CDMX, vulnerables a riesgos y desastres
Las zonas metropolitanas de Mérida, Acapulco y Ciudad de México enfrentan retos urbanos y ambientales debido a carencias en su planeación, un crecimiento desorganizado y falta de políticas públicas adecuadas, coincidieron especialistas reunidos en la UNAM.
Hay grandes diferencias en esas regiones del país por su ubicación, condición geográfica y la dimensión poblacional de cada una de ellas, pero las tres ilustran de manera muy adecuada los procesos de riesgos, desastres y vulnerabilidad que las afectan, opinó María Isabel Vázquez Padilla, secretaria académica del Instituto de Geografía.
Al inaugurar en representación de la directora de la entidad, María Teresa Sánchez Salazar el seminario “Riesgos socioambientales, planeación del territorio y políticas públicas en las zonas metropolitanas de Mérida, Acapulco y Ciudad de México” resaltó que el encuentro busca fomentar el diálogo crítico y proponer opciones desde la academia y la gestión pública para construir territorios más seguros, justos y resilientes.
El encuentro fue organizado por el IGg, el Seminario Universitario de Riesgos Socio-Ambientales (SURSA) y las facultades de Trabajo Social (FaTS) y de Filosofía y Letras, todas entidades de esta casa de estudios.
Acapulco es catalogada como una de las ciudades más vulnerables a riesgos y desastres de México debido a una combinación crítica de amenazas naturales, crecimiento urbano desorganizado y deficiencias estructurales acumuladas.
A tres años del devastador impacto del huracán Otis (2023) y tras los estragos de fenómenos posteriores como el huracán John (2024), expertos de la UNAM y autoridades locales coinciden en que el puerto sigue enfrentando una situación de alta fragilidad territorial y social.
La vulnerabilidad multidimensional de Acapulco se desglosa en factores clave como amenazas geográficas e hidrometeorológicas, deficiencias en el desarrollo urbano y reconstrucción, así como respuestas retrasadas institucionales y desafíos de resiliencia.
Alma Gloria Pérez García, secretaria general de la FaTS, destacó que, en las últimas cinco décadas, en México se han consolidado procesos de urbanización caracterizados por la persistencia de condiciones de vulnerabilidad estructural frente a los desastres asociados con amenazas de diversa naturaleza, como los sismos, inundaciones, deslaves, explosiones, incendios y contingencias ambientales.
“La planeación de las ciudades no ha logrado integrar las dimensiones social, urbana, ambiental y económica para diseñar y consolidar la reducción del riesgo de desastres, dada la persistencia de políticas y programas sectoriales que dan lugar a la fragmentación territorial y al incremento de riesgos en las ciudades”, comentó.
Entre los factores subyacentes a la construcción social del riesgo de desastre se encuentra la urbanización desregulada. “Las ciudades se han expandido sobre suelos de conservación, laderas montañosas y cuencas de ríos, propiciando condiciones de vulnerabilidad social y territorial”.
A ello se suma la laxitud de la aplicación, vigilancia y seguimiento de las normas del uso del suelo y la construcción de diversos asentamientos populares y de unidades habitacionales edificadas con financiamiento público o privado, lo que ha contribuido a la conformación de zonas de alto riesgo.
Subrayó que durante los últimos años las políticas urbanas han privilegiado el desarrollo de negocios inmobiliarios bajo una lógica de modernización que no siempre ha atendido de manera suficiente los problemas de desigualdad territorial y las condiciones diferenciadas de vulnerabilidad que caracterizan a nuestras ciudades.
En tanto, Francisco León Cruz, encargado de despacho del SURSA, indicó que las ciudades y las zonas metropolitanas concentran una gran cantidad de población, infraestructura, actividades económicas, servicios y vulnerabilidades.
“Éstas no son estáticas, se están transformando con el tiempo, conforme se modifica el territorio, se expanden las ciudades, cambian los usos de suelos, se desarrollan nuevas infraestructuras; y todo ello trae consigo la modificación del territorio, de las condiciones ambientales y sociales, que van a ser determinantes para el incremento de la vulnerabilidad”.
