Acapulco

Otis, pretexto para desaparecer la Universidad Americana de Acapulco

Carlos Ortiz Moreno

A tres años de su impacto en Acapulco, el huracán Otis fue el responsable de daños a cientos de empresas bien establecidas en Acapulco y que producían ganancias pingües a sus propietarios. Otros empresarios solo lo tomaron como argumento para cerrar puertas… la Universidad Americana de Acapulco es una de ellas.

Tras los severos daños estructurales que sufrió su campus principal en la avenida costera Miguel Alemán Valdés debido al impacto de las ráfagas del huracán Otis, las autoridades de la institución y el entonces rector Mario Mendoza Castañeda determinaron el cierre indefinido de sus instalaciones.

La Americana, como coloquialmente es conocida por acapulqueños, fue concebida como un proyecto educativo clave para Guerrero e impulsado por una asociación civil privada bajo el auspicio del entonces gobernador José Francisco Ruiz Massieu, inició sus operaciones formales el 26 de agosto de 1991 con una oferta inicial de siete carreras universitarias.

La Universidad Americana de Acapulco contó con una línea histórica de rectores clave desde su fundación en la década de los 90. Tras la concepción del proyecto por parte del gobernador José Francisco Ruiz Massieu, las primeras administraciones estuvieron lideradas por importantes personajes de la educación y las ciencias.

Alfredo Álvarez Cárdenas fue el primer rector oficial de la institución. Bajo su gestión inicial, de 1992 a 1995,  se coordinó la apertura del campus principal en la avenida turística acapulqueña, el establecimiento de los primeros planes de estudio y la estructuración del modelo académico.

El segundo rector fue Héctor Dávalos Rojas cuya administración de 1995 a 2001 consolidó institucionalmente a la universidad, logrando hitos de crecimiento fundamentales como la afiliación a la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior (FIMPES) en 1996 y la expansión hacia posgrados y nuevas facultades.

La estafeta posterior la tomó el exalcalde acapulqueño, Israel Soberanis Nogueda de 2001 a 2008; le continuó el exsecretario de Desarrollo Social en el gobierno ruizmassieuista Mario Enrique Melgar Adalid, de 2008 a 2009; y finalmente Mario Mendoza Castañeda, quien fungía como rector al momento del cierre definitivo de la institución.

Asimismo, en el plano honorario y de gobernanza inicial, habría que destacar la participación de figuras de la educación pública mexicana como Guillermo Soberón Acevedo, exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México y exsecretario de salud el gobierno del priista Miguel de la Madrid Hurtado, quien también fungió como miembro de la Junta de Gobierno y miembro fundador de la institución a invitación de Ruiz Massieu.

El finado exgobernador construyó un núcleo de apoyo civil e institucional que respaldó la puesta en marcha y la consolidación de la asociación incluyó a personalidades de la política guerrerense presentes en sus asambleas constitutivas y eventos de inauguración de infraestructura.

Entre esas personalidades destacaron los entonces senadores Rubén Figueroa Alcocer y Netzahualcóyotl de la Vega, así como el entonces presidente municipal de Acapulco, René Juárez Cisneros.

Tras el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu en 1994, el control del proyecto y de la asociación civil recayó principalmente en su viuda, la señora Fernanda Riveroll Sánchez, quien había sido nombrada presidenta vitalicia de la asociación civil.

Ante la dolorosa e intempestiva ausencia del principal promotor del proyecto y la baja matrícula por el surgimiento de diversas empresas de educación privada en el sistema educativo superior (mediante permisos oficiales negociados con autoridades educativas de Guerrero y del gobierno federal), los integrantes de la asociación civil que administraban la institución en ese momento tomaron la decisión de venderla.

De acuerdo con la información obtenida, la junta directiva de la asociación civil fue la que negoció la transferencia del control institucional al consorcio estadounidense Laureate Education en 2005.

Los objetivos eran garantizar la expansión institucional. Los fundadores originales vieron esa venta como una oportunidad para inyectar capital internacional y modernizar los planes de estudio. Se buscaba que la UAA formara parte de una red global que potenciara el intercambio académico y su crecimiento en el estado de Guerrero.

Como parte del contexto de la época, en 2005, Laureate Education estaba desplegando una agresiva campaña financiera para comprar universidades privadas en toda la República Mexicana. Ofreció términos económicos muy atractivos a las asociaciones civiles y fundadores de diversas instituciones locales que ya no podían competir fácilmente con los grandes grupos educativos nacionales.

El consorcio sumó a su portafolio otras instituciones del país como la Universidad del Noroeste (que terminó integrándose a la red UVM). Laureate mantuvo el control administrativo de la UAA durante un periodo de aproximadamente ocho años, hasta que la vendió en 2013 a Grupo Nacer Global por cuestiones de reestructuración financiera.

La decisión final de vender la Universidad Americana de Acapulco (UAA) fue tomada por la alta dirección corporativa global y el Consejo de Administración de Laureate Education, Inc., que en ese momento operaba desde sus oficinas centrales en Baltimore, Maryland, Estados Unidos.

La ejecución de esta venta recayó bajo la máxima autoridad del consorcio representado por Douglas L. Becker (fundador, presidente y CEO Global de Laureate). Como el principal ejecutivo y estratega del grupo a nivel mundial, Becker lideraba la toma de decisiones financieras sobre qué activos internacionales mantener y cuáles desincorporar para proteger el rendimiento de los inversionistas y mitigar la deuda global del corporativo.

Si bien la orden y la estrategia financiera provinieron directamente de la matriz estadounidense como parte de un plan de evaluación de rendimientos internacionales, la ejecución operativa del traspaso a Grupo Nacer Global fue coordinada en conjunto con la representación del corporativo en México.

En resumen, no fue una decisión local ni de las autoridades de la UAA en Acapulco, sino una estrategia de negocios corporativa orquestada en Estados Unidos por la junta directiva global de Laureate para concentrar su capital en universidades de mayor volumen de matrícula como la UVM y la UNITEC.

Laureate Education se encontraba en un proceso global de evaluación de sus activos educativos. Decidió vender la UAA debido a que los resultados financieros de esa unidad en específico eran inferiores a las expectativas de rentabilidad que el grupo exigía para sus operaciones internacionales.

El corporativo estadounidense prefirió concentrar su capital, estrategias y esfuerzos en sus dos marcas educativas más grandes, consolidadas y altamente rentables en México: la Universidad del Valle de México (UVM) y la Universidad Tecnológica de México (UNITEC).

La venta de la UAA a Grupo Nacer Global por 40.6 millones de dólares le generó a Laureate una ganancia neta superior a los 4 millones de dólares sobre su precio original de compra (después de impuestos), lo que ayudó a la liquidez del consorcio en un momento en que enfrentaba fuertes presiones de deuda global.

Hasta que el huracán Otis golpeó a Acapulco, la Universidad Americana de Acapulco (UAA) era propiedad del consorcio empresarial corporativo Grupo Nacer Global, cuyo presidente y propietario principal es el empresario Jorge Nacer Gobera.

El grupo Nacer Global es otro consorcio que controla la red de universidades privadas más grande de México y compañías aliadas como la firma de inversión inmobiliaria educativa Fibra Educa. El accionista principal del grupo es también el presidente y propietario del periódico especializado El Economista.

El abandono y cierre definitivo de las instalaciones de la universidad tuvo factores clave que llevaron a su desalojo y abandono.

El inmediato fue la destrucción de sus edificios ubicados en la avenida turística tras el paso del huracán de categoría 5. El dictamen de riesgos determinó que la infraestructura quedó inoperable y representaba un peligro para la comunidad. El rector de la institución, Mario Mendoza Castañeda, anunció el cierre indefinido argumentando que el costo de inversión para la reconstrucción era «demasiado grande» y económicamente inviable para los administradores.

Aunque la directiva usó el desastre natural como justificación principal, los comités estudiantiles y representantes legales denunciaron que la escuela ya presentaba un fuerte deterioro por falta de mantenimiento desde años antes. Para muchos padres y alumnos, el huracán Otis fue el «pretexto ideal» para acelerar un quiebre que ya se veía venir.

La administración de la UAA detalló en comunicados que los nuevos lineamientos de reconstrucción emitidos por el gobierno de Guerrero exigían especificaciones técnicas y estructurales muy estrictas para la franja costera. Cumplir con estas nuevas normas hacía aún más costosa e inaccesible la remodelación del plantel.

A raíz de esto, más de mil alumnos de preparatoria, licenciatura y posgrado quedaron desamparados intempestivamente a finales de 2023, provocando múltiples protestas y bloqueos en el puerto.

Aunque el gobierno local medió para que otras universidades absorbieran la matrícula de estudiantes, los imponentes edificios de la Americana de Acapulco quedaron completamente vacíos, vandalizados y en estado de abandono físico permanente como están actualmente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!