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Las fallas de Otis

Carlos Ortiz Moreno

¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué fallaron todos los pronósticos de los supuestos especialistas en meteorología? ¿Por qué la información que fluyó hace tres años sobre Otis cambió tan rápidamente? ¿A quién hay que echarle la culpa de las consecuencias de una información que, a tres años, pareció errónea?

El Servicio Meteorológico Nacional es el organismo oficial encargado de proporcionar información sobre el estado del tiempo, el clima y los fenómenos atmosféricos a nivel nacional. Depende de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y sus funciones principales son:

Vigilancia atmosférica, mediante el monitoreo del territorio nacional para detectar frentes fríos, ondas tropicales y sistemas de baja presión; rastreo de ciclones, emitiendo avisos y alertas sobre la formación, trayectoria y evolución de huracanes y tormentas tropicales en el Océano Pacífico y el Atlántico; y alertas a la población, en coordinación con Protección Civil, se emiten avisos sobre lluvias torrenciales, nevadas, olas de calor o sequías.

El SMN difunde esos avisos cuando hay detección de alguna actividad hidrometeorológica cada tres horas. En esos avisos se emite la información del fenómeno monitoreado (o fenómenos porque se ha dado el caso de hasta tres meteoros cercanos a las costas mexicanas) donde se exhibe su posición actualizada en satélite, su trayectoria y la velocidad de desplazamiento.

Según las propias directrices que se pueden leer en la página oficial (no en las redes sociales de los políticos, sean gobernantes o no), si hay algún cambio se informa al momento la actualización. Pero no, esto no es cierto.

Con el huracán Otis esos avisos fueron emitidos puntualmente cada tres horas, mientras el meteoro cambió y se hizo monstruo en menos tiempo. O sea, nunca se emitió un aviso actualizado en el momento en que se transformaba en un peligro real para nosotros los costeños. Repito, toda esta información se puede corroborar en la página oficial en el capítulo información histórica y en la sección historial de seguimiento a ciclones tropicales.

Antes de convertirse en un huracán, un sistema de tormentas evoluciona a través de tres niveles previos, clasificados según la velocidad de sus vientos sostenidos:

1. Perturbación Tropical

Es el punto de partida. Consiste en un grupo de tormentas eléctricas organizadas que mantienen su actividad por más de 24 horas. En este nivel, los vientos son ligeros y no hay una circulación cerrada (el viento no gira aún en forma de espiral).

2. Depresión Tropical

El sistema se organiza mejor y los vientos comienzan a girar en torno a un centro definido de baja presión. Sus vientos máximos sostenidos son menores a 63 km/h (39 mph). En este punto se le asigna un número para su monitoreo (por ejemplo, Depresión Tropical Doce).

3. Tormenta Tropical

Es el nivel inmediato anterior al huracán. El sistema adquiere una forma ciclónica mucho más definida y sus vientos máximos sostenidos alcanzan entre 63 y 118 km/h (39 a 73 mph). Al llegar a esta etapa, el sistema recibe un nombre oficial de la lista de la Organización Meteorológica Mundial (como ocurrió con Otis antes de intensificarse).

4. Huracán

Si los vientos sostenidos de la tormenta tropical superan los 119 km/h (74 mph), el sistema alcanza oficialmente la categoría de huracán.

El Centro Nacional de Huracanes no inunda de palabrería la información meteorológica y, eso sí, cuando hay una alteración se emite el punto de alertamiento de dicho cambio. Es un método profesional que ha imperado.

En el pasado reciente, la administración de Donald Trump ha promovido recortes presupuestarios sustanciales para la Oficina de Administración Oceanográfica y Atmosférica (NOAA) —la agencia matriz del Centro Nacional de Huracanes (NHC) y del Servicio Meteorológico Nacional (NWS)—.

Los argumentos oficiales de la Casa Blanca dicen que, desde la perspectiva del gobierno federal y de los líderes de sus agencias, las razones detrás de la reducción de recursos e instrumentos son eliminación de burocracias y programas considerados «innecesarios» justificando estas medidas bajo la premisa de que es necesario reestructurar y reducir el tamaño de agencias federales sobredimensionadas que, según su visión, ya no sirven de manera eficiente al público. ¡Imagínense tamaña locura!

Además, la administración trumpista argumenta que los recursos restantes de la NOAA deben concentrarse de manera prioritaria en áreas como la gestión de la pesca comercial y recreativa, así como en facilitar permisos energéticos. ¡Pácatelas!

Entonces, volviendo a México, ¿por qué no fue actualizado a tiempo el crecimiento de Otis? Solamente los meteorólogos tienen esa respuesta y solamente ellos reciben el señalamiento cuando, se supone, tendría que ver con un área de comunicación institucional que simple y sencillamente no operó a tiempo.

¿Se ha hecho revisión y análisis de esa situación? Creo que no. Seguimos igual… o peor…

Supongo que esta revisión analítica la tiene que hacer alguien responsable con suficiente crecimiento científico, pero que sea crecimiento científico real no el inventado con divulgación en redes sociales. Si lo hace alguien pensando en el siguiente número de votos de la próxima elección o sigue obedeciendo directrices para conservar el poder político único. Entonces… sí estamos perdidos.

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