El Padrino ¿la realidad que nos alcanzó o rebasó?
Carlos Ortiz Moreno
Imaginen la escena:
En medio de la fiesta por la boda de su hija Constanzia “Connie”, mientras esperaban al hermano de ésta, Michael, Vito Andolini o Vito Corleone “El Padrino”, platicaba con sus hijos Santino “Sonny” Corleone y Tom Hagen, hijo adoptivo y abogado de la familia.
El viejo, líder de la familia numerosa y temida de Nueva York, indagaba seriamente sobre el porvenir de los negocios ilegales que los mantenían en el pináculo del poder político, económico y gangsteril. Hablaban del mafioso italiano Virgilio “Virgil” Sollozo, alias El Turco, radicado en Estados Unidos y quien pedía –por su actividad narcotraficante— unirse a la protección de la familia Corleone.
—¿Cómo ven la unión con el Turco?, les preguntó el anciano.
Siempre pensante, Hagen opinó:
—Los narcóticos dan las mejores posibilidades. Si no nos metemos, otros se meterán. El dinero que ganen comprará más políticos y policías. Nos aplastarán.
Viendo que “Sonny” parecía importarle un bledo el contenido del diálogo de supervivencia que se abordaba, Vito Corleone pidió su opinión. Y el explosivo Santino se fue por la fácil, como siempre:
—Si deja dinero, mucho dinero, pues es mejor…
Hagen remató:
—Controlamos los trabajadores, los sindicatos, el juego, eso nos deja dinero, son de lo más productivo. Los narcóticos son el futuro. Sin eso, perderemos todo lo que tenemos. No ahora, pero dentro de diez años.
Sorpresas de la vida. El Turco fue quien mandó a asesinar a El Padrino para quedarse con todo el poder de las cinco familias mafiosas de la ciudad.
Afuera de la oficina de El Padrino está el ruido, la música rítmica italiana.
Todos gozaban del baile y música tradicional italiana, la tarantela napolitana, especialmente popular en el sur del país, caracterizado por sus movimientos rápidos y enérgicos, a menudo acompañados de canto. El baile se asocia con la región de Apulia, Campania, Calabria y Sicilia, y tiene raíces en creencias populares de la Edad Media sobre una supuesta cura para el «tarantismo», una condición provocada por la picadura de una tarántula.
Parecían dos escenas completamente disímiles. Pero ambas muy unidas a la fortaleza que daba la familia y su enorme poderío.
Ahora, esa misma escena llevémosla a una oficina de la Presidencia de la República, de la Cámara de Senadores o de la Cámara de Diputados o de cualquiera de las oficinas de gobernadores o presidentes municipales de México. Incluso de oficinas centrales de los partidos políticos.
¿Es alejada a la realidad? ¿No son equiparables los ejemplos?
Habrá quienes digan que la principal diferencia entre «El Padrino» y la realidad radica en que la obra de Mario Puzzo ficción, aunque inspirada en hechos y personajes reales del mundo del crimen organizado.
Mientras que la película ofrece una representación estilizada y dramatizada de la mafia, la realidad es mucho más compleja y cruda, con violencia, corrupción y disputas de poder que no siempre se ajustan a la narrativa cinematográfica. Qué bueno, ¿eh?
«El Padrino» romantiza ciertos aspectos de la vida mafiosa, presentando a los personajes como figuras poderosas y carismáticas, mientras que la realidad del crimen organizado es a menudo más brutal y menos glamorosa.
Cuando llega Michael con la joven maestra Kay Adams y le explica algunos detalles de la familia, llama la atención el momento en que ella pregunta cómo obtuvo que el cantante predilecto de la familia fuera contratado exitosamente por el empresario neoyorquino que atesoraba los mejores menús.
La respuesta del hijo menor fue directa:
—Una pistola en la cabeza fue la mejor forma de convencerlo.
Nada parecido a nuestra realidad, ¿verdad?
