Expresiones

No puede haber política democrática sin principios éticos en gobernantes, legisladores, jueces y la ciudadanía

Baltasar Hernández Gómez

La democracia no es simplemente -como la mayoría de los sistemas políticos han hecho creer- la puesta en marcha de procesos electorales y la consecución de agendas institucionales para perfeccionar lo ya dado, o bien encaminarse hacia un porvenir plagado de alternancia en el poder; sino un estadio permanente de conciencia, un modo de vida integral que sume multiplique participación, análisis, crítica, proposición y acción para generar espacios de vida dignos, justos y transparentes, que estén al servicio de la sociedad y sus mujeres y hombres.

Por lo mismo, no puede haber democracia, que es la política de respeto y mandato de la soberanía social, sin principios éticos ya que sin esta plataforma de origen todas las proyecciones y gestiones degeneran en autoritarismo, corrupción, explotación y control.

La narrativa democratizante de los Estados nacionales y la partidocracia han hecho sentir que lo importante es gobernar, atinar o errar para luego subirse en una carrera de perfeccionamiento -ad infinitum- donde los únicos privilegiados son las clases hegemónicas que controlan los puestos estratégicos y operativos de las instituciones ejecutivas (administración y finanzas, fuerzas armadas, educación, cultura, salud, servicios públicos, etc.); legislativas y judiciales.

Por esta razón se deja escondida la trascendencia de los principios éticos, que es el único baluarte que puede garantizar que políticos y toda la gente de la esfera del Poder instaurado actúen con integridad, dando prioridad al interés general sobre los beneficios personales, grupales o partidistas.

No puede existir un gobierno correcto sin que haya valores éticos como la honestidad, el compromiso responsable y el deseo de ser mejores, porque si todo es utilitarismo y perpetuación directa o disfrazada, las instituciones degeneran, instaurando desconfianza y sobre todo, miserias materiales, mentales y espirituales en el tejido social.

Las sociedades cada vez más, paso a paso y con ritmos diferenciados, está planteando la exigencia de que la política y la gestión pública sea transparente, rinda cuentas y ejecute acciones de beneficio para el desarrollo global de las personas.

En la mesa de debate, mujeres y hombres están siendo puestos en una posición donde se desenmascaran las contradicciones del sistema de vida, sirviendo la necesidad de que la vida se desenvuelva libre de mentiras, promesas vacías y actos de corrupción de todo tipo.

Más allá de planteamientos filosóficos lo cierto es que, sin principios éticos, la política pierde la brújula haciendo que la democracia sea una consecución egoísta y perversa de intereses, donde nunca es tomada en cuenta la ciudadanía.

La democracia que se necesita hoy, que va a ser terminada de construirse desde la base y las acciones horizontales, requiere líderes y ciudadanos comprometidos con valores éticos que aseguren justicia, libertad y equidad para todos… No sólo de palabra, sino en la acción cotidiana y permanente en todas las interrelaciones sociales.

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