Cumplirá 23 años desaparición forzada de Ivette Melissa
Carlos Ortiz Moreno
A pesar de la disculpa pública, ofrecida por el gobierno de México en una ceremonia privadísima sin presencia de medios de comunicación, la familia de Ivette Melissa Flores Román sigue sin encontrarla luego de que hombres armados la sacaron a la fuerza de su domicilio en Iguala aquella madrugada del 24 de octubre del 2012.
Entre 2008 y 2009, Ivette Melissa conoció a Humberto Velázquez Flores en el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos de Iguala de la Independencia. Ella estudiaba el primer semestre y él cursaba el último año cuando iniciaron una relación que avanzó rápidamente: comenzaron a vivir en la casa de la familia del joven y tuvieron una hija.
La pareja de Ivette Melissa era hijo de Humberto Velázquez Delgado, alias El Guacho, quien fue coordinador regional en la zona Norte de la Policía Investigadora Ministerial, dependiente de la Fiscalía General del Estado de Guerrero.
La joven, narra su madre a los colectivos defensores de derechos de desaparecidos, pronto comenzó a sentirse incómoda en la casa de sus suegros porque pasaban cosas raras. En la casa había una especie de sótano, desde donde escuchaba lamentos de personas y otros ruidos, según le compartió en una ocasión a su madre, Sandra Luz Román Jaimes.
“Mamá ya no me marques por teléfono, porque toda la casa está monitoreada, todas las llamadas están monitoreadas y si tú dices algo que no les parezca a ellos me van a golpear y me van a meter al sótano. Tengo mucho miedo, siento que en esa casa secuestran gente. La mera verdad ya no quiero estar aquí, pero pacté con mi suegro que cumpliendo un año la niña me deja libre”, recuerda Sandra Luz que le dijo su hija.

El comentario de Ivette Melissa la inquietó, pero le garantizó discreción para no exponerla.
Con el silencio como medida llegó el plazo del año y Sandra Luz fue por su hija y su nieta a la casa de los consuegros, después de la celebración del bautizo. “Voy por ella (Ivette Melissa) y el suegro manda a traer a la judicial, porque él era comandante regional de la Policía Ministerial, pero cuando entramos a traer las cosas de mi hija ya estaba la Judicial (nombre que antes tenía la Policía Ministerial) y estábamos esposadas y todo, porque según estábamos robando”.
Para fortuna de ambas llegó hasta la casa el padre de Velázquez Delgado, El Guacho, quien se opuso a que se las llevaran los policías, advirtiéndole a su hijo que si no paraba eso él mismo lo acusaría.
El acoso del suegro hacia Ivette Melissa y su familia no paró, porque un día fue a la casa de la joven, la cual solía frecuentar para ver a la nieta, para decirles a la joven y su madre que Ivette Melissa estaba en riesgo de muerte porque, según él, había vendido su cabeza.
“Yo nada más le vengo avisar que a su hija la van a matar; le digo, pero por qué la van a matar; dice, porque ella vendió mi cabeza. Pero cómo que vendió su cabeza, si está bien amenazada por ustedes, y ustedes no sé de qué la acusan”, recuerda Sandra Luz lo que dijo el consuegro.

Ivette Melissa encaró a su suegro diciéndole que era una invención de su parte sólo porque ella se dio cuenta que se dedicaba a cosas ilícitas; le pidió que la dejaran en paz, que no quería volver a la casa de él y la de su hijo, quien era su pareja. ‘Mi error fue haberme juntado con la persona equivocada’.
Sandra Luz sintió mucho miedo, porque después de esa rara conversación siguieron amenazas directas de los otros hijos del consuegro, que obligó a toda la familia a permanecer encerrados por unas tres semanas. Sandra Luz sacó a hurtadillas a Ivette Melissa y a su hija de Iguala.
Las llevó a Querétaro, pero El Guacho las localizó después de un tiempo y volvió a amenazar a la joven; las obligó a volver. Aparentemente le ofreció protección, enviando a Ivette Melissa a Acapulco.
Sandra Luz fue por ella porque la tenían sin comer. Volvieron a Iguala con la anuencia del suegro y la sentencia aún activa.
Empero, la madrugada del 24 de octubre del 2012, unos hombres armados con pinta de policías entraron a la casa de Sandra Luz, quien en ese momento estaba en el hospital atendiendo a uno de sus hermanos enfermos, y de manera violenta se llevaron a Ivette Melissa. En ese momento tenía 19 años.
Esa madrugada, unas camionetas cargadas con hombres armados rodearon el perímetro de la casa de Sandra Luz. Tan pronto se bajaron descargaron sus armas de grueso calibre sobre la fachada de la vivienda. Estaban ahí para cumplir la amenaza; sacaron a Ivette Melissa.

Los hombres armados no eran extraños para la familia de Sandra Luz, menos para su nieta, la hija de Ivette Melissa, entonces con casi tres años. Reconoció la voz de algunos tíos. La niña pidió que no se llevaran a su mamá. Sandra Luz ahora tiene la certeza de que participaron policías ministeriales municipales y elementos de Tránsito Municipal.
Los hombres armados cargaron con una mujer que estaba en la casa de Sandra Luz, de quien se guarda su identidad, porque fue liberada días después de hacerle pasar por todas las vejaciones que pudieron ocurrírseles. En la casa había más personas, como las hermanas y los hermanos de Ivette Melissa, pero el blanco eran las mujeres.
Eso lo tiene claro ahora Sandra Luz, quien con los años ha atado cabos. La noche de la privación ilegal de Ivette Melissa, uno de sus hijos tuvo el tino de esconder a otra de sus hermanas menores debajo de la cama, porque los hombres preguntaron por ella y como no les dio información lo golpearon hasta cansarse. ‘¿Y la vieja dónde está?’, sabe Sandra Luz que, incluso, preguntaron por ella.
Esa misma noche, de acuerdo con la información que ha recabado Sandra Luz, los presuntos policías se llevaron a otras 15 mujeres –17 en total– hacia la colonia Tamarindos, pero las familias se negaron a exponer los casos. Lo sabe, además, porque era la misma área donde unos cinco días después rescató a la mujer que se llevaron junto a su hija.

–¿Y Mely?, –recuerda que le preguntó en cuanto la vio.
–Después la van a liberar. Eso me dijeron que le dijera.
Nunca se comunicaron.
Entonces, comenzó otro peregrinar para Sandra Luz. Desde entonces se enfrenta a uno de los más grandes obstáculos institucionales: la impunidad. La misma madrugada quiso denunciar los hechos, pero en el Ministerio Público de Iguala le negaron la posibilidad.
“Pusimos la denuncia y nos dijeron sólo va a ser una carta de hechos porque ya los están esperando afuera. Nos salimos como pudimos por otra salida y fue que llegamos al domicilio”. Entendió que quienes las esperaban era parte del grupo que se llevó a su hija, y con eso le quedó claro que ellos podían hacer lo que quisieran en la ciudad.
Lo único que se le ocurrió hacer fue tomar un autobús a la Ciudad de México en busca de ayuda, aun cuando no sabía moverse en la capital. Anduvo de un lugar a otro por las referencias de los mismos taxistas y llegó, sin saber, a Províctima, lo que ahora es la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), donde le ayudaron a hacer la denuncia que logró federalizar hasta 2013, un año después, porque en Iguala, y por consecuencia en Guerrero, no había posibilidades.
“Ni siquiera es culpable la pareja de mi hija”, considera.
Con todos los derechos negados, decidió, como muchos familiares de desaparecidos en este país, emprender una lucha personal para buscar a su hija, enfrentándose a negativas en las instituciones de gobierno. Pero sí tiene una claridad en su búsqueda: “A ella (Ivette Melissa) la desaparecieron para que callara todo lo que ellos hicieron. Ahí está implicada toda la familia de El Guacho”.

La desaparición de los estudiantes normalistas, ocurrida en 2014, desnudó en Iguala de la Independencia, la complicidad entre autoridades y otros servidores públicos, como policías y tránsitos, con grupos criminales que han tenido varios nombres, pero que operan con efectividad. Una tesis clara en el caso fue el involucramiento de elementos oficiales de seguridad en la desaparición de los jóvenes y un patrón sobre la manera en que actuaban.
Coincidentemente, Velázquez Delgado, El Guacho, después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa fue señalado, en mensajes expuestos en la vía pública de la ciudad, según consignó la prensa de tener una vinculación a grupos del crimen organizado, pero nunca fue detenido.
Aun con estos antecedentes y las amenazas que vivió Ivette Melissa y su familia, tampoco fue investigado por su desaparición ni nadie más de los parientes, incluida su pareja.
A Velázquez Delgado, El Guacho, lo asesinaron en junio del 2021 en su negocio de ropa y artículos tácticos “El Sargento”, ubicado frente a las instalaciones del referenciado 27 Batallón de Infantería de Iguala. Sobre él pesaban señalamientos públicos de presuntas actividades ilícitas y de tener relación con grupos criminales, específicamente en el caso de los estudiantes desaparecidos.
En vida, siempre negó las acusaciones, pero nunca fue molestado por las referencias de la desaparición forzada de la joven Ivette Melissa.
En 2021, reportes oficiales de la Secretaría de Seguridad Pública estatal (SSP) indicaron que a las 13:20 se reportó el asesinato de una persona al interior del establecimiento comercial denominado El Sargento, dedicado a la venta de artículos y uniformes policiacos.
La víctima presentaba cuatro impactos de bala calibre nueve milímetros, uno de ellos en la cabeza, de acuerdo con los reportes oficiales. Datos tomados de Amapola Periodismo de la nota hecha por Margena de la O.
