Acapulco enfermo
Javier Morlett Macho
Primera parte
Cuando describí hace algunos días «El Modelo Económico OTIS» faltó espacio y tiempo para argumentar sobre las causas sociales que facilitaron su formación. Estas causas tienen que ver -entre otras- con una sociedad enferma que los sociólogos denominan «Anomia Social».
La anomia social es una enfermedad muy grave, una especie de cáncer social que conduce a que la sociedad se desvanezca, se autodestruya. Es la pérdida de la argamasa social, de aquello que hace que una sociedad permanezca unida, que integre procesos virtuosos que le permitan una adecuada reproducción y que favorezcan a la convivencia humana.
La sociedad necesita de referencias simbólicas, es decir de puntos de apoyo que nos identifiquen, de elementos que nos permitan distinguir lo bueno de lo malo, lo que se puede y lo que no se puede hacer, que la conduzcan al respeto hacia los otros, al trabajo y a la conciencia de que cuando se hace un esfuerzo productivo, o sea cuando se trabaja, se obtendrá una recompensa monetaria que se considera justa y proporcional al esfuerzo realizado. Todo esto lo estamos perdiendo y por eso vamos hacia la anomia. Anomia significa sin norma, es decir sin reglas claras sociales y éticas que permitan la cohesión y la reproducción social hacia el progreso.
El fundamento mismo de lo social: la razón colectiva y la ética se encuentran sujetos a una terrorífica tendencia hacia el caos. No solamente nos encontramos frente al hecho de un creciente número de individuos amorales, pero lo que es peor, los principios de la moral que fundamentan nuestra existencia dejaron de tener validez y sentido para la población acapulqueña.
Podríamos afirmar con alto margen de certeza que los gobiernos estatales y municipales de los últimos 40 años, fueron altamente ineficientes y corruptos, y por consecuencia nos condujeron a la pobreza, sino que también hicieron algo mucho peor, nos dejaron en el vacío espiritual, nos condujeron hacia la destrucción de lo más íntimo de nosotros mismos: nuestra conciencia social, nuestro espíritu, la resiliencia, la fuerza interior que impulsa el progreso colectivo. Es inadmisible la pobreza, es inaceptable la destrucción de vidas, pero el genocidio principal se ha dado en la destrucción de nuestro espíritu colectivo dado por estos gobernantes. Nos llevaron a la anomia
La población de Acapulco se ha vuelto débil, carece de confianza en sí misma y es incapaz de ofrecer resistencia alguna. Las personas por lo general están demasiado asustadas para compartir su animadversión por un sistema opresor y corrupto. Están con frecuencia demasiado temerosos para pensar en serio en la resistencia popular. De cualquier manera, ¿de qué iba a servir? podrían hasta perder la vida. En vez de esto asumen el sufrimiento sin objetivo y un futuro sin Esperanza.
(Continuará)
