Expresiones

Completos y a medias

Carlos Ortiz Moreno

Héctor Astudillo Flores se ha convertido en el sexto gobernador de la época moderna que termina su sexenio. Antes que él, en otros tiempos, concluyeron sus mandatos de seis años Rubén Figueroa Figueroa, Alejandro Cervantes Delgado, José Francisco Ruiz Massieu, René Juárez Cisneros y Zeferino Torreblanca Galindo.

A todos les ha tocado un Guerrero de muchos problemas ancestrales como la marginación y pobreza de los ciudadanos, amén de la violencia (política y física), la insurrección y la presión social han marcado muchas veces una pauta que ha roto el ritmo gubernativo.

A esos gobernadores les ha crecido el número de municipios de 75 a 81 y, dentro de tres años, habrá cuatro nuevos más donde se celebrarán elecciones.

Rubén Figueroa Figueroa tuvo que cargar la pesada losa de cientos de desaparecidos por la llamada Guerra Sucia, emprendida desde el gobierno de su compadre Luis Echeverría Álvarez y ejecutada por gente emanada del Ejército Mexicano y que preparó a grupos de asesinos que después no pudo controlar el poder civil.

Fue el único candidato de un partido que ha sido registrado (sin estar presente) en aquellos incipientes organismos de la democracia fingida porque estaba secuestrado en la sierra de Atoyac por el grupo guerrillero encabezado por Lucio Cabañas Barrientos. Negoció la libertad de aquellos que prefirieron abandonar las armas y entrar al camino de la burocracia y política.

Rubén Figueroa Figueroa.

Alejandro Cervantes Delgado heredó un territorio estatal de desaparecidos y decenas de puntos donde se arrojaban los cuerpos sin vida de los enemigos del régimen y, hay que decirlo, uno que otro ciudadano que tuvo la mala suerte de cruzarse con esos grupos de la muerte.

Cervantes Delgado, hasta cierto punto, pacificó la entidad suriana e impulsó una gobernabilidad calculada para las próximas generaciones. Le dio énfasis al aspecto de la pluralidad y con él surgieron al mundo de la política muchos personajes que, desde sus mentes de izquierda, buscaron la justicia y la igualdad desde el terreno de la legalidad.

“El hombre de la pipa” fue el creador del monstruo peligroso del periodismo de vendimia, de la difusión boletinera a cargo del erario y del control perverso de aquellos que pretendieron liberarse del yugo contra la libertad de expresión.

Alejandro Cervantes Delgado.

Con José Francisco Ruiz Massieu, el estado de Guerrero tuvo una visión de política moderna, con ideas y hechos fuera de toda dimensión de como se había vivido la política. Enterró los viejos esquemas de la figura representativa. Calificó a los eternos aspirantes a diversas candidaturas como “Los Fordcitos” que, en alguna época, fueron lo máximo y después ya habían quedado en la obsolescencia.

Ruiz Massieu pareció rejuvenecer con diversas leyes y acciones modernizadoras a una entidad sumida en la vieja creencia independentista y revolucionaria que más que reconocimiento parecían un lastre para poder despegar y alejarse de lo que siempre llamó “el cabús del desarrollo nacional”.

Sin embargo, José Francisco formó parte de esa familia política, de corte neoliberal, que buscó hacer a un lado la potestad del gobierno para entregarla a la iniciativa privada en bandeja de plata. Su visión de la legalidad lo hacía chocar con el concepto y por ende fue la víctima perfecta aquella mañana de septiembre en la calle Lafragua donde se ejecutó un plan perfectamente hecho desde la cúpula del poder.

José Francisco Ruiz Massieu.

René Juárez Cisneros tomó la batuta del estado roto por uno de los acontecimientos mediáticos de su época: la matanza de Aguas Blancas que concluyó con un medio mandato de otro personaje que se especializó en el engaño de las corrientes de su entonces partido político.

Sufrió los embates políticos de una oposición que creció en Acapulco y que le hizo la vida cansada con el reclamo de participaciones de recursos económicos que legalmente le correspondían. Juárez Cisneros tuvo enemigos dentro del partido que lo llevó al poder y fuera de él, pero concluyó su administración entregándola a quien no profesaba en sus ideas políticas.

René Juárez Cisneros.

Carlos Zeferino Torreblanca Galindo fue el primer gobernador no nacido en Guerrero porque el ombligo lo dejó enterrado en Guadalajara, Jalisco. Sin embargo, fue el único que ordenó y organizó el gasto público para beneficio real de los guerrerenses y no solamente de un grupo de cuates del partido que lo llevó a Casa Guerrero.

Gracias a ese orden administrativo que eliminó completamente el pago de prebendas y canonjías, las cabeceras municipales tuvieron caminos y entradas dignas, Guerrero modificó su cara urbana en todos los aspectos y la obra pública surgió por todos lados.

Carlos Zeferino Torreblanca Galindo.

La llegada de Héctor Astudillo Flores a la gubernatura hace seis años fue esperanzadora para muchos guerrerenses y no solamente para los priistas que votaron por él. Recibió un estado descompuesto por situaciones que desnudaron no solamente la colusión del crimen organizado con el poder político sino destaparon la apestosa cloaca de la corrupción.

Sin caer en la repetitiva ola de los jilgueros bien pagados por la administración que se va, lo que hay que reconocerle a Astudillo Flores es que mejoró diversos aspectos negativos que heredó como la violencia en las calles que se convirtió en algo habitual que no ha desaparecido, pero las cifras arrojan resultados diferentes.

Apenas sobrevivió al embate de una ola de lo que parece ser otra democracia fingida de los setenta. Le tocó bailar con la más fea porque soportó las presiones del Congreso del Estado controlado por el partido de moda, representado por los mismos vicios de aprisionar el poder político para tener el económico.

De esos seis gobernadores que concluyeron su mandato legal, solamente dos están con vida.

Los otros que no terminaron fueron Rubén Figueroa Alcocer, con su losa llamada la Matanza de Aguas Blancas, y Ángel Heladio Aguirre Rivero con su losa llamada “los 43” o “Caso Ayotzinapa”.

Este 15 de octubre, la historia de Guerrero marca una nueva etapa aparentemente esperanzadora.

Evelyn Cecia Salgado Pineda será la primera mujer en gobernar una entidad machista, con elevados índices del pensamiento que las féminas no sirven para otra cosa más que para ser vendida, violada, golpeada y asesinada si no se prestan al juego del hombre.

Y su primer gran reto será hacer a un lado las imposiciones de un macho con el que creció y que tiene un mote ad hoc al irrespeto de las cercas al ver a las hembras.

Ojalá que supere ese trauma de ser mujer sometida por el bien de todos los guerrerenses y no solo de la gente de su partido.

¿Cómo será el mandato de Evelyn? ¿Completo o a medias? Lo sabremos en seis años.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!