Las cosas de la política
Miguel Ángel Hernández Albarrán

Colaborador en medios de Chilpancingo Diario de Guerrero
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Narcodirigencia o narcopartido
Hoy ya no se discute si el narco se metió a la política. Se discute si la política ya es del narco. Y en el centro de esa discusión está Morena.
No es un ataque, es una radiografía. Durante años se habló del narcogobierno municipal, del alcalde cooptado, del jefe de policía comprado. Hoy hablamos de narcodirigencia. De una estructura que no compite en elecciones, las opera. Que no financia campañas, las designa. Que no apoya a un candidato, impone el suyo.
La franja del Pacífico lo grita. Sinaloa, Sonora, Nayarit, Guerrero, Michoacán, Tamaulipas. El sureste lo confirma. Chiapas, Tabasco, Veracruz, Quintana Roo. En todos esos territorios el mismo patrón: candidatos que nadie conocía, sin estructura, sin historia partidista, que de la noche a la mañana aparecen con todo el dinero, con toda la movilización y con toda la protección territorial para ganar. No ganan por Morena. Ganan por la estructura paralela que los promueve y que usa a Morena como vehículo. Porque el narco no tiene ideología, tiene franquicia. Y hoy la franquicia más rentable para colocar alcaldes, diputados y gobernadores es la de Regeneración Nacional.
Por eso la pregunta ya no es si Morena es un narcopartido. La pregunta es quién es su narcodirigencia. Y ahí es donde aparece Ariadna Montiel Reyes, la dirigente nacional de Morena, la operadora del padrón más grande del país, la responsable de la estructura de bienestar con la que se ganan elecciones calle por calle. Sobre ella pesan los mismos señalamientos que pesan sobre el partido: el manejo discrecional de millones de beneficiarios como ejército electoral, los operadores territoriales que responden a intereses oscuros, la sospecha cada vez más abierta en Washington y en la prensa nacional de vínculos con grupos que han sido catalogados como narco terrorismo mexicano.
Montiel Reyes no es una dirigente partidista tradicional. Es la administradora del control territorial. Y cuando el territorio en el Pacífico y en el sureste está controlado por el narco, la línea entre operador electoral y operador criminal se vuelve muy delgada. Por eso en varias entidades los propios morenistas acusan que no los derrotó la oposición, los derrotó la dirigencia que les impuso candidatos ligados a esos grupos.
Esto ya no es complicidad aislada. Es un modelo. El narcotráfico entendió que es más barato poner presidente municipal que pelear la plaza, poner diputado que comprar una ley, poner gobernador que negociar con él. Elige cargos y encargos. Y el partido que se prestó para eso, que abrió la puerta, que no hizo filtros, que permitió que cualquier personaje con dinero y capacidad de movilización llegara, fue Morena.
Por eso hoy la gente no dice que Morena tiene infiltrados del narco. Dice que Morena es el partido del narco. Porque el narco ya no necesita un candidato independiente. Tiene dirigencia, tiene sigla y tiene estructura nacional. Y aquí preguntar ¿qué es primero o cual es la definición de MORENA… ¿Narcodirigencia o Narcopartido?
