Enfoque
Carlos Díaz Figueroa
- Hasta pronto admirable Justino, ejemplo de vida
Hablar o recordar a Justino Flores Pérez es hacer un libro en varios tomos. Nacido en Chinameca, Morelos, el 14 de abril de 1932 donde creció y empezó a dar apertura entre la inquietud en la niñez y en su propia adolescencia.
Fui afortunado en la vida en haber conocido a un ser humano con un poder de inteligencia de alcance y determinante solo que en ese potencial no hubo títulos, pero si un alto nivel de impacto en el conocimiento y experiencia de una larga vida.
Y lo comprobé después de varios días, meses y años, al percatarme que estaba cruzando una conversación directa con una persona culta con anhelos y sueños en todos los departamentos de su vida del pasado y el presente.
Modelo del verdadero liderazgo en sus inicios en el comercio y también incursionando en la política, pero el destino de la vida no le permitió llegar por un momento crucial en el personaje que le ofreció e impulso para ser regidor.
Eran demasiados anhelos de superación, aunque su pasión más allá del deseo en inquietudes personales era el amor a su familia (esposa e hijos) a quienes formó a 12 de ellos y no solo a los suyos también la imagen paterna a mis hijas.
Como a todo padre no le gustaba que le tocaran de manera verbal o agresiva a sus hijos, pero también defendió lo indefendible a quienes no éramos sus hijos, mostrando el amor en igualdad y en semejanza de manera desinteresada.
Un hombre creyente de mucha fe a su santo «Sagrado Corazón de Jesús «, parado o postrado en oración y meditación, pidiendo sin límite de egoísmo por la familia, por el negocio y por quienes no reivindicaban el camino de Dios.
Lo anterior también obedecía al carácter fuerte y directo para decir las cosas con propiedad y nombre; de ello, aunque fui de aprendizaje lento, a largo plazo entendí y acepté el valor de la enseñanza en el conocimiento y la experiencia.
De manera consistente y de frente me decía «amigo corrígete, reivindícate y reconcíliate contigo mismo porque en los ciclos de la vida existen parámetros que con el tiempo te la van a cobrar», aunque en lo personal ausente de asimilar.
Son variadas formas de vida que compartir y por eso desde el inicio puntualicé que dictar el sentido humano, moral y espiritual de Don Justino es elaborar un libro en varios capítulos de cuerpo, mente y alma de bondad y generosidad.
Lo que libremente le dio la vida, de igual manera lo entregó a sus seres queridos y también a quienes no éramos sangre de su sangre por encima de todo y nada a los principios y valores que encontró y fue inculcado en una larga vida de testimonio.
En ese poder de inteligencia y de fondo me sigo preguntando que le quedó a deber Don Justino a la vida y la respuesta es contundente y firme: prácticamente nada. Todo lo que construyó y edifico fue una inversión propia y de largo plazo.
No te digo adiós solo hasta pronto de lo que estoy seguro, y con certeza, que algún día nos vamos a volver a encontrar en la otra vida donde tienen cabida los hombres de buena voluntad en la acción y en la obra humana y moral.
Dios te bendiga amigo, cómplice y alcahuete de los momentos mundanos que algún día logré corregir en la reivindicación y la reconciliación a través de tu ejemplar enseñanza, de lo que me quedo de la similitud de tus mayores aciertos.
CONTINUAREMOS …
