El mar se tragó gente… nunca la regresó
- * Familiares de 45 desaparecidos solamente quedaron con su recuerdo
- * La entonces fiscal militar “les hacía el favor de atender
- * Ofrecieron ayudas que no recibieron “por no cumplir requisitos”
- * Coloquio de académicos fue desechado por los gobiernos morenistas
Carlos Ortiz Moreno
Tercera y última parte
La búsqueda de los desaparecidos en el mar se prolongó hasta el primer año. Algunos familiares, a los seis meses, optaron por matar esa esperanza de siquiera encontrar los restos y darles lo que coloquialmente se le llama “cristiana sepultura”.
Aunque no lo quisieron decir abiertamente, los familiares de esas 45 personas literalmente tragadas por el mar se sintieron siempre como una piedra en el zapato de las autoridades.
Cada semana, funcionarios de la Secretaría de Marina y de la Fiscalía General del Estado cumplieron con el protocolo de dar la información que escucharon cotidianamente: no se ha encontrado a nadie más. Después del medio año, las reuniones con autoridades se fueron espaciando con mayor tiempo… Unos apostaron el olvido y otros el cansancio y desesperanza.
Semanas atrás del primer semestre se encontraron siete restos en el mar, dos son de humanos y los demás de animales, según la información que la Fiscalía de Guerrero proporcionó a los familiares de los desaparecidos en embarcaciones. Pero todo se hizo a cuentagotas y la ansiedad a flor de piel impidió entender qué son los protocolos y por qué tanto tiempo se tiene que esperar la corroboración genética.
La Iglesia católica de Acapulco entonces hizo un llamado para orar por esos parientes perdidos y llevar una ofrenda a la Virgen de Los Mares, una estatua de la virgen María que se encuentra sumergida en la Piedra de La Yerbabuena, cerca del islote de La Roqueta en las cercanías de la zona de la Península de Las Playas.
Pero, ni con las oraciones, se obtuvo información positiva alguna de sus familiares que ya no aparecieron. Ya no tuvieron más lágrimas que derramar. El Destino pareció haberles jugado una mala pasada y, desde entonces, tienen que cargar a cuestas con ese dolor intenso.
Las historias parecen ser disímbolas, pero todas son llegan al mismo punto. Esa noche del 24 de noviembre ya todos sabían que un monstruo se acerca al puerto. Junto a los otros dos tripulantes, la joven madre Abigail fue alertada por el capitán de la embarcación “Lito’s” para que estuvieran al pendiente ya que se irían a refugiar a la Base Naval, en Icacos, sede del comando de la Secretaría de Marina.
Ella quiso bajarse en la marina de Puerto Marqués donde estaba la embarcación. Ulises, el capitán, se lo impidió al amagarla con correrla si los dejaba en la nave. Y lanzó la misma amenaza a Fernando, responsable de las máquinas, y Alejandro, el marinero.
La familia del capitán contó a periodistas de El País que el capitán era tozudo. Estuvo la esposa en comunicación vía WhatsApp con él. Incluso le envió un video de cómo estaba la fuerza del mar en ese momento, ya pasada la medianoche, justo cuando Otis estaba entrando al puerto de Acapulco.
Desde entonces no aparecen. Lo único que hallaron los de la Marina fueron partes de la pared de un camarote del yate, la claraboya y un pedazo de suelo de teka. Todo lo demás, simplemente desapareció. El mar se lo tragó.
Otro capitán de otra embarcación tragada por Otis llevaba a su esposa, hija y dos nietos. La embarcación fue azotada contra los riscos. Apenas el hombre pudo salir con vida. Su esposa, hija y dos nietos desaparecieron en la oscuridad… también se los tragó el mar.
Los trabajadores de las embarcaciones están asombrados cómo ese capitán se mantuvo en pie. Parece que no le pasó una tragedia. No parece estar en este mundo y respira sin estar vivo.
Y las historias trágicas se repitieron. Otro empleado de una embarcación que logró sobrevivir con su marinero narró su película. Con lágrimas en los ojos, sin pudor alguno, dijo que le había pedido a Dios proteger a su familia. Su esposa e hijos estaban en el departamento de un multifamiliar de la Unidad Habitacional El Coloso.
Solamente imploraba a Dios por la vida de su esposa e hijos. No importaba que él se muriera. Sus rezos fueron escuchados, pero también él también se salvó. Y con las mismas lágrimas acompañadas con un aire de decepción, contó que su patrón, el dueño de la nave, les pagó con dos despensas pinchurrientas por haber protegido la embarcación que sufrió daños menores.
—Escuchamos cómo rugía el viento, vimos muchas cosas volando en el centro de la bahía. No sabíamos qué eran. Y vimos cómo, poco a poco, se iban apagando todas las casas de ese Acapulco que tanta fama mundial tiene y que tanta historia chingona hemos contado a los turistas.
—Eran olas como de cinco o más metros de altura. Nos golpearon, nos tiraron al piso. Apenas si pudimos ponernos los salvavidas. El marinero se puso a llorar y le dije que se calmara porque así no podríamos sobrevivir. Teníamos que estar conscientes de lo que íbamos a hacer para conservar la vida. Pero ni caso me hizo. Y esperamos lo peor.
—Platiqué con Dios. Le pedí por mis hijos y mi esposa. Pedí que no pasara nada en El Coloso. Tres horas después todo había terminado. Ya no se zarandeaba violentamente tanto el barco. Pero no sabíamos dónde estábamos ya que andábamos a la deriva en la mitad de la bahía. No se veía nada. El tiempo pasó lentísimo y, en el horizonte, comenzamos a ver el orto. Y nos pudimos ver la cara.
—Cuando llegué a El Coloso, choqué mi camionetita con un cerro. Ahí la dejé abandonada. Quería ver a mi esposa e hijos. Y los encontré espantados. Y nos abrazamos todos y nos pusimos a llorar. Éramos todos unos niños. Le dimos gracias a Dios. Los encontré encerrados en el baño. Todos los muebles del departamento volaron por las ventanas de aluminio que también salieron disparadas quién sabe para dónde.
Otro familiar de otro desaparecido mencionó que hace unos días se encontró un resto óseo en una playa por lo que alertaron a las autoridades, pero no llegaron. Decidieron llevarlo a las reuniones de los martes y pidieron que se hiciera una investigación genética.
De manera anónima, por temor a cualquier represalia, denunció que el gobierno federal solo les ha proporcionado apoyo y asesoría legal, además de que se les ofreció incluirlos en los programas sociales siempre que cuenten con todos los requisitos. La mayoría no cumplía con esos famosos requisitos.
La anterior fiscal, Sandra Luz Valdovinos, sin tapujos en la boca, les escupió que les estaba haciendo un favor al abrir las 45 carpetas para su investigación ya que, de manera legal, la Fiscalía no puede hacer búsqueda de personas por fenómenos naturales, y mucho menos recibir ese tipo de denuncias.
Dijo que sí hay apoyo con asesoría legal por parte de las autoridades, pero un apoyo económico o alguna pensión no se les ha brindado a las familias, puesto que muchos de ellos dejaron esposos, esposas con hijos e hijas.
En todos los casos, esos hijos, esas esposas, esos esposos, esos hermanos, esos padres siempre estuvieron viendo las puertas de sus hogares esperando que aparecieran en cualquier momento. Pero nada de eso ocurrió… y el tiempo sigue su marcha.
Coloquio a un año del Otis, desechado por autoridades
Durante los días 24 y 25 de octubre de 2024 se realizó en Acapulco el coloquio llamado memorial «A un año del huracán Otis» donde se presentaron los libros de diagnóstico, experiencia y casos de resiliencia turística tras el paso del huracán. Los escritos fueron hechos por los catedráticos de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), Gabino Ramírez Solano, Alma Villaseñor Franco, Nicolás Castillo Díaz y Benjamín Sandoval Melo quienes convocaron con antelación a autoridades de los tres órdenes de gobierno para que se firmaran los compromisos y acuerdos para la construcción y reconstrucción de Acapulco. Ninguna autoridad federal, estatal y municipal estuvo presentes en las ponencias trabajadas e investigadas por 40 organizaciones sociales para la elaboración de un proyecto constructivo de Acapulco y Coyuca de Benítez. El gobierno tenía sus propias ideas y planes para el puerto.
Las consecuencias de Otis
El pasado mes de marzo, la Cámara de Diputados aprobó una reforma que establece que serán los estados y municipios los responsables de destinar recursos para la atención de desastres naturales.
Morena y sus aliados aprobaron en lo general y en lo particular el dictamen que expide la Ley General de Protección Civil y Gestión del Riesgo de Desastres, para establecer las bases sobre las cuales la Federación, las entidades federativas, los municipios y, en su caso, las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México coordinarán sus acciones en la materia.
La nueva normatividad considera obligación y responsabilidad de los gobiernos de las entidades federativas, municipales y de las demarcaciones territoriales, conforme a su disponibilidad presupuestaria, la contratación de seguros y demás instrumentos de administración y transferencia de riesgo de desastre para la cobertura de daños causados por un desastre originado por amenazas naturales.
El documento, que abroga la Ley General de Protección Civil publicada en el Diario Oficial de la Federación el 6 de junio de 2012, fue avalado en lo general por 242 votos a favor, 204 en contra del PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, y cero abstenciones.
En lo particular recibió 245 votos a favor, 205 en contra y cero abstenciones.
El dictamen establece que las entidades federativas tendrán que contar con centros de estudio y capacitación en materia de protección civil y gestión del riesgo de desastres.
Además, las entidades federativas deberán prever recursos en sus presupuestos de egresos para atender a la población en situación de emergencia y, en su caso, la infraestructura pública estatal que hubiera quedado afectada por la ocurrencia de una o más amenazas naturales.
Avalado en lo general y en lo particular, el dictamen se canalizó al Senado para sus efectos constitucionales.
La iniciativa fue enviada por el presidente Andrés Manuel López Obrador el 3 de octubre, esto es, 19 días antes de que el huracán Otis devastara Acapulco.
En la fundamentación del dictamen, el diputado morenista Jorge Ángel Sibaja Mendoza expuso en tribuna que la ley vigente provocó la formación de grandes vicios, como la dependencia entre las entidades federativas de los recursos provenientes del Ejecutivo Federal, y con el dictamen se busca erradicar por completo, ya que se establece que serán ellas quienes prevean los recursos para atender una situación de emergencia.
La reingeniería, destacó, permitiría una mejor comunicación y trabajo coordinado entre las entidades y la Federación, por medio de un mecanismo de transferencia de recursos. “La nueva ley está pensada en que los recursos sean ejecutados de manera coherente, evitando el desvío de los mismos.
Se dijo en aquel entonces que “la Ley es clara, transparente y eficiente en el uso de los recursos; responde a las necesidades inmediatas de la prevención, mitigación, preparación, auxilio, recuperación y reconstrucción en caso de emergencias o desastres”.
Sibaja detalló que ahora los estados serán los que darán los recursos para atender alguna situación de emergencia y que sólo el gobierno federal apoyará a las entidades cuando la situación lo amerite, como ocurrió en Acapulco con el huracán “Otis”.
Los legisladores de las bancadas de oposición mostraron su desacuerdo con esta nueva ley, por lo que anunciaron que presentarán una acción de inconstitucionalidad, pues argumentaron con esta nueva reforma se está dejando solas a las entidades federativas.
“Otis” arrancó más de 2 millones de árboles en Acapulco, lo que representó la pérdida de entre el 50 y el 80 por ciento de la cobertura vegetal de la ciudad. Como consecuencia, se han iniciado programas de reforestación con la meta de plantar un millón de árboles para recuperarse de la devastación.
En esos esfuerzos de reforestación se han sembrado más de 23 mil árboles como parte de un programa de reforestación más grande que busca reponer el daño y alcanzar la meta de un millón de árboles.
El huracán generó más de un millón de toneladas de basura en una sola noche. Anualmente, Acapulco genera 300 mil toneladas. Escombro y basura, los primeros días fue imposible circular, árboles, bardas, anuncios, vidrios, tierra, piedras, arena, lodo. Se construyó una celda emergente en el relleno sanitario del Paso de Texca.
“Otis” no fue el primer huracán en devastar Acapulco… ni será el último…
