Dígalo sin Miedo
Gaby Carmona Astudillo
La avenida escénica Clemente Mejía Ávila en el puerto de Acapulco se ha convertido en la carretera de la muerte, no por su mal estado sino por la velocidad que le imprimen tanto trabajadores del volante del servicio público, propietarios de vehículos particulares y se agregó otro ingrediente más: los motociclistas.
Los letreros de velocidad están a la vista, desde 40, 50 hasta 70 kilómetros por horas se puede transitar en dicha avenida, sin embargo, ante la falta de autoridad, el tuerto es rey.
No existe entre estos tres grupos de personas una cultura vehicular, los reglamentos existen, pero como todo lo que está escrito se puede violar, no pasa nada.
Y no importa que a lo largo de metros que tiene la avenida escénica el problema será el mismo: la inconsciencia humana. El gobierno hace como que vigila y el chofer hace como que cumple la Ley. Todo es simulación en eso de aplicar la Ley a quienes la violentan.
Con frecuencia y a diferentes horas del día, en la avenida Clemente Mejía Ávila se registran graves accidentes dejando una estela de dolor y muerte y diremos que hasta impunidad.
No hay en la citada avenida iluminación suficiente ni cámaras de video que graben los hechos y si las hay solo sirven para datos estadísticos, pero jamás para hacer cumplir la Ley de tránsito a quien la violentó.
En la mayoría de los accidentes están involucrados trabajadores del volante de las rutas Coloso, Colosio quienes sin importarles nada manejan a exceso de velocidad, creyéndose que están participando en la fórmula Uno y que están manejando en la pista de los Hermanos Rodríguez. A estos choferes y a los concesionarios de las placas, les importa un rábano la vida de los usuarios, quienes no tienen otra forma de llegar a sus trabajos más que de esa forma. ¿Y el seguro de vida? Bien gracias.
Pero si hablamos de los ciudadanos que tienen un carro particular y que, al salir de los antros en estado de ebriedad, les vale la vida. En su inconsciente creen que pueden llegar bien a su destino, sin embargo, el alcohol y el volante no se llevan. Ejemplos hay muchos.
Y no, no todo es culpa de la autoridad, los ciudadanos tienen mucha responsabilidad. Si el gobierno retirara cada concesión de placas a los vehículos involucrados en un accidente, poco a poco las calles se irían limpiando de tanto cafre. ¿o usted qué opina? La última palabra más tiene el gobierno, sin duda alguna. Veremos qué pasa.
