Expresiones

Dígalo sin Miedo

Gaby Carmona Astudillo

El frente común del que siempre he hablado lo pude observar en torno a la alerta que se dio por el huracán “Erick” en donde los tres niveles de gobierno trabajaron en coordinación por el bien de la sociedad que gobiernan y fue esta sociedad la que respondió al llamado de prevención que se hizo con el fin de salvaguardar la integridad de las familias.

Los acapulqueños lograron percibir, sentir y fueron conscientes de ellos mismos y del entorno en que viven, se mueven y se desarrollan. Por primera vez tuvieron la conciencia del estado de alerta, finalmente pudieron distinguir entre el hacer y qué no hacer, entre el bien y el mal. Y no es para menos, aprendieron a base de los golpes que les ha dado la naturaleza.

Primero fue el huracán “Pauline” que golpeó al puerto de Acapulco y otros municipios con tanta fuerza que dejó una estela de dolor y muerte. Sin embargo, la gran mayoría, incluida las autoridades, nada se aprendió de esta lección. Años más adelante, nuevamente un huracán azotó a este destino de playa; “Manuel” provocó inundaciones graves en colonias y fraccionamientos que se encuentran ubicadas en zonas de humedales y por ende en zonas inundables. Sin embargo, a pesar del daño a infraestructuras, parte de la sociedad sacó su lado más oscuro, el saqueo.

La conciencia colectiva fustigó estas acciones por considerarlas moralmente incorrectas. Esta acción —del saqueo— sería el preámbulo de años más tarde se volvería a registrarse en el puerto de Acapulco con la llegada del huracán “Otis” que fue tan devastador que no solo alcanzó la categoría máxima en la escala Saffir Simpson sino que los expertos aseguran que este superó dicho número.

Los detalles de la devastación ya todos lo sabemos. Lo que fue duramente cuestionado fue el saqueo que se registró en las tiendas de autoservicios en todos sus niveles; no hubo negocio alguno que no haya sido saqueado por el grueso de la población lo que provocó, tiempo después, un desabasto total y por ende el quebranto de muchos negocios. No hubo diferencia entre el rico y el pobre, la estructura social y económica se volvió una sola clase social. No hubo moral, ni conciencia de clase ni mucho menos de sus actos.

Durante el huracán “Otis” no hubo autoridad alguna que se pusiera al frente para frenar dichos saqueos. Por varios días, la autoridad en todos sus niveles se mantuvo paralizada, sin saber cómo actuar o cómo reaccionar, digámoslo de este modo: tuvo miedo a la reacción de una sociedad sin conciencia pues, al no haber autoridad, el colectivo se adueñó de las calles y de cada negocio que había en ella.

El paso del huracán “Otis” dejó una estela de dolor, muerte, destrucción. El puerto entró en una profunda crisis económica que aún no se repone del todo. Y mientras la ciudadanía estaba superando los estragos del “Otis”, llegó el huracán “John”. Este dejó inundaciones severas y un cúmulo de tierra por todos lados, hubo algunos indisciplinados que pretendieron realizar saqueos en algunas tiendas de autoservicio pero dichos actos fueron condenados por el grueso de la población, diremos que fueron los menos.

La amenaza del huracán “Erick” fue la prueba de fuego para los tres niveles de gobierno; los tres actuaron de manera coordinada a favor del pueblo que gobiernan, ahora solo faltaba conocer la intensidad del huracán y saber si la población había aprendido la lección de los hechos más recientes.

El arduo trabajo que emprendió el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo junto al gobierno del estado de Guerrero con Evelyn Salgado Pineda al frente y de la mano del gobierno municipal de Acapulco con Abelina López Rodríguez, la prevención, la enorme difusión tanto en las redes sociales como en los medios tradicionales de Radio y Televisión, los refugios temporales estaban ya listos para lo que pudiera ocurrir, el perifoneo en las colonias de riesgo y alto riesgo se desplegó por todos lados. En tanto la población preparaba su plan de supervivencia al adquirir productos de la canasta básica alimentos no perecederos, agua potable, gasolina por decir lo menos.

La determinación de la gobernadora fue contundente, nadie debería estar en las calles después de las ocho de la noche, los negocios debían cerrar a las seis de la tarde sin excepción alguna.

Pero además y muy importante, a iniciativa de la gobernadora, el Congreso local legisló en torno a los saqueos: cárcel de seis años a quienes lo llevaran a cabo este ilícito.

Por primera vez, el pueblo tomo conciencia, comprendió lo importante, tuvo empatía para ellos mismos, a las ocho de la noche, Acapulco y diversos municipios de la Costa Chica de Guerrero acataron la orden.

“Erick” no entró al puerto de Acapulco, finalmente la conciencia triunfó. Aunque la Costa Chica de Guerrero y algunos otros de la Montaña se vieron afectados, esperemos que todos alcancen la conciencia colectiva que se requiere para vivir en armonía y en paz. Vale

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