Acapulco es el Diamante de Guerrero
Gaby Carmona Astudillo
La llamada antesala del paraíso se encuentra en el ojo del huracán, no de ahora sino desde hace varios trienios. La seguridad pública, la recolección de basura y la escasez de agua potable han sido los tres grandes lastres que han padecido los ciudadanos y en donde con el paso de los años, ningún gobierno, llámese priista, perredista, movimiento ciudadano y morena han podido encontrar la solución a esta herencia maldita.
Algo tiene Acapulco que en los últimos gobiernos la violencia, el narcotráfico, el crimen organizado y los diferentes delitos comunes se han disparado como el acero y no como la espuma.
La promesa de todo aquel o aquella autoridad que llega al poder municipal no ha podido cumplirla a cabalidad, sea porque el que dirige los destinos de Acapulco no tiene buena relación con quien gobierna la ciudad, entonces se hace difícil la colaboración entre ambos gobiernos.
Llámese como se llame el gobernante estatal o local, el destino de Acapulco parece no tener futuro, a pesar de los muchos esfuerzos que se haga para que las cosas caminen bien.
Da la impresión de que en Acapulco hay una especie de maldición o embrujo, pues resulta increíble que los demonios de pronto se suelten por calles y avenidas, persecución, sangre y muerte son el pan nuestro de cada día, insisto no de ahora sino de tiempo atrás.
Acapulco juega un papel importante en la captación del PIB que aporta al país, pero da la impresión de que la profecía que lanzó el exgobernador JFRM puede -hoy más que nunca- convertirse en realidad: “Acapulco sino lo cuidan en los próximos 25 años habrá de convertirse en un elefante en blanco”.
Pero ¿qué mató a Acapulco? Sin duda alguna la ambición desmedida de la clase política que la gobernó, cuando descubrió que ya no quería ser solo un administrador de los recursos económicos que enviaba la Federación para promocionar al pueblo de pescadores, sino que descubrió que era el momento para incrementar su fortuna personal y hacerse de una carrera política que los hicieran no ricos sino millonarios.
Y Acapulco dejó de ser el lugar favorito de las personalidades del Jet Set y poco a poco fue decayendo en su hospedería y en el turismo extranjero.
Acapulco poco a poco se fue quedando solo, el turismo se alejó, porque la violencia tocó a la única vía que era segura para el turista, la Costera Miguel Alemán. Se fue el turismo, pero llegaron los grupos criminales que bajo el amparo de una clase política ambiciosa crecieron como la espuma, se metieron hasta el palacio municipal, le abrieron el gobierno y nadie hizo nada.
Y cayó la sociedad que ante la falta de empleos vio en el crimen una forma de hacer dinero rápida y veloz, aunque con ello acorte su tiempo de vida.
¿Acapulco tiene futuro? Es una pregunta sin respuesta, son tantos los problemas que hay, que se tapa uno y se destapan cuatro. Pero lo que nadie puede negar es la voluntad de los acapulqueños, en especial de quienes trabajan y viven del turismo, para salir adelante, algo que captó la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, de ahí que anunció no sólo un cambio en la estrategia de seguridad sino la inyección fuerte de recursos económicos para sacar a este destino de playa adelante.
Hace años “Pauline” desnudó una clase política ambiciosa, “Otis” desnudó a una sociedad sin escrúpulos y “John” les recordó que no aprendieron la lección, por lo que hay mucho por trabajar en Acapulco para que este destino de playa vuelva a brillar como antes, lejos de la violencia y la inseguridad. Ojalá que se ponga orden en Acapulco para que sin miedo todos puedan transitar tranquilamente. Sus calles y avenidas.
Por lo pronto Acapulco sigue siendo el Diamante de Guerrero. Veremos qué pasa.
