Expresiones

Políticos desprestigiados, mismos nombres, mismos rostros

Javier Morlett Macho

Es ampliamente sabido que una de las actividades con mayor desprestigio en México, es el de “político”. Muchas encuestas de opinión pública así lo han demostrado desde que se inició hace más de 30 años, la moda de encuestar todo.

Es comprensible que los ciudadanos perciban a los políticos como los causantes de muchos de los problemas que cotidianamente enfrentamos, porque en manos de ellos están las decisiones que marcan el rumbo de la nación.

Lo paradójico de este asunto es que, a pesar de la pésima calificación por su desempeño, los mismos personajes siguen apareciendo en el escenario político, que, como el ave Fénix, regresan triunfantes poco tiempo después de quedar calcinados ante la opinión pública por los desastres realizados durante su gestión.

¿Por qué sucede este fenómeno? ¿Tenemos mala memoria? ¿Será que son solo ellos quienes están capacitados para administrar los recursos públicos?

La respuesta a estas interrogantes la encontramos en el diseño del sistema político mexicano. En el cual, quienes son actores en la administración pública manejan los recursos a favor de su imagen en los medios de comunicación. Los medios (televisión, radio, prensa escrita y anuncios espectaculares) son empresas que necesitan de recursos económicos para sobrevivir y los políticos tienen los recursos PUBLICOS, para cubrir esas necesidades.

Así se inicia este proceso de difusión de su imagen que va penetrando en la mentalidad colectiva, asociando nombres y caras con el devenir político. Las ideas, propuestas, ideología y conocimientos quedan fuera de este conocimiento colectivo, solo los nombres y rostros son importantes, de tal manera que cuando un partido político desea conocer que individuo podría abanderarlos en una elección, utiliza a las encuestas como el vehículo ideal para identificar que personajes son “mas conocidos” sin importar si “son BIEN conocidos” y mucho menos les interesa saber de sus capacidades intelectuales y humanas.

Paralelamente a este fenómeno, se activa el proceso decisorio de los partidos políticos que tienen por ley, la facultad exclusiva de presentar candidaturas y obtener financiamiento público para ello.

Como ganar elecciones les genera mayor financiamiento público, los partidos lo que buscan es obtener más votos, sin importar la calidad humana e intelectual del candidato, en muchos casos sin importar si la ideología personal del candidato comulga con la ideología del partido.

De esa manera se refuerza la intencionalidad de los políticos de aparecer en cualquier medio de comunicación a cualquier costo, bajo el popular argumento de que “No importa que hablen mal de mí, lo que importa es que hablen de mí”. Inclusive se dan casos en que las candidaturas se venden al mejor postor, porque se sabe que invertir en política es un gran negocio por la rentabilidad que representa.

En el origen de este sistema político perverso que produce y reproduce políticos ineptos y corruptos que de manera admirable se perpetúan en el poder, están los partidos políticos, que cada vez se parecen más a clubes electorales. Esto sucede porque los partidos políticos están más concentrados en ganar dinero para su élite que en promover un proyecto de país, preparar a sus cuadros, difundir su ideología o capacitar a su dirigencia.

Bajo estas condiciones estructurales se ve poco probable que surjan nuevos actores políticos, frescos, capacitados, honestos, comprometidos con el país y sin un pasado negro.

Una nueva clase política deberá esperar largos años para que el círculo vicioso de la política cambie y la sociedad tendrá que conformarse con “los mismos nombres y los mismos rostros”.

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