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Supera “Otis” en devastación a “Dolores”, “Pauline” y “Manuel”

Carlos Ortiz Moreno

Aunque la memoria colectiva reciente señala al huracán “Pauline” de 1997 como de alto impacto por la cantidad de víctimas y milimetraje de agua caída por las torrenciales lluvias y a la tormenta “Manuel” de 2013 por el grado elevado de incomunicación que provocó en Guerrero, Acapulco no había sufrido un golpe tan devastador de la Naturaleza desde 1974 con el ciclón “Dolores”.

El huracán “Otis” que en la mitad de un solo día subió hasta cinco categorías de la escala Saffir-Simpson rompió todos lo que pueda ponerse como comparativo. Devastó todo a su paso desde la zona turística de la bahía de Acapulco hasta la zona periférica (oriente y poniente) del puerto donde se vivió la zozobra de tres horas que duró el golpe letal a todas las estructuras.

El rugir del viento de más de 270 kilómetros por hora y que sometió a miles de residentes y cientos de visitantes provocó una de las peores noches para todos los acapulqueños y turistas, similar a la noche del 7 de septiembre del 2021 cuando ocurrió el terremoto de magnitud 7.2 cuyo epicentro también fue a escasos kilómetros de Acapulco y que, a la fecha, todos la recuerdan como la noche que nadie durmió.

Desde el pasado lunes, las alertas ciclónicas del Servicio Meteorológico Nacional habían advertido que se estaba formando un fenómeno que, por las características de calentamiento del mar y otras circunstancias naturales, podría formarse una tormenta de grado superlativo y que habría que estar muy al pendiente de la situación.

El fenómeno hidrometeorológico, bautizado con el nombre de “Otis”, no tardó en aparecer en el panorama climático con una expresión de crecimiento desmedido. Aunque se tenía previsto que “Otis”, por la velocidad de desplazamiento y las condiciones del macizo continental, tocaría tierra por la madrugada entre las 4 y 12 del miércoles, la verdad es que nadie imaginó lo que vendría.

El alertamiento de autoridades estatales y municipales hacia la población civil se había hecho desde el mediodía del propio lunes, pero la gran mayoría parece haberle hecho caso porque precisamente en el momento en que se lanzaban los avisos el sol estaba radiante en todo Acapulco.

El Servicio Meteorológico Nacional había previsto en su portal de información la trayectoria del meteoro y todo apuntaba que venía directo hacia el puerto de Acapulco. Apenas pasado el mediodía del martes, la tormenta tropical se convirtió en huracán de categoría 1 y a las nueve de la noche ya era un monstruo de categoría 5.

Lo más grave del aviso ciclónico del SMN de la Comisión Nacional del Agua era que el fenómeno hidrometeorológico, a pesar de haber alcanzado el máximo nivel de la escala Saffir-Simpson, seguía fortaleciéndose.

A las diez y media de la noche del martes las redes sociales estaban encendidas por el enorme meteoro que se acercaba a la bahía de Acapulco. Advertían en portales de noticias que “Otis”, con vientos sostenidos de hasta 270 kilómetros por hora, estaría tocando tierra mucho antes de lo previsto y el impacto sería directo en Acapulco, específicamente con zona de más impacto por las rachas en la zona de Diamante.

“En una a dos horas comenzarán los peores efectos de los vientos con rachas de hasta 350 kilómetros por hora. Algo nunca antes visto en Guerrero”. El vaticinio de los portales informativos era que podría haber destrucción severa donde tocara tierra. Y no se equivocaron.

Desde el mediodía del mismo martes, las autoridades del gobierno de Guerrero oportunamente dispusieron la suspensión de clases en todos los niveles públicos y privados como una medida de prevención ante la consecuencia que causaría el meteoro que se aproximaba.

Pero “Otis” rompió con todo. Entró con una fuerza letal. El poder de la Naturaleza se sintió en todo Acapulco. Ricos y pobres, pobres y ricos sintieron la increíble fuerza de los vientos huracanados. Perdonó muchas vidas, pero no perdonó techos, ventanas, muebles, hoteles, viviendas pobres, viviendas ricas, mansiones, viviendas de madera. Aproximadamente el 40 por ciento de los cientos de miles de árboles de todos los tipos sufrieron daños. El resto fue arrancado de raíz, incluyendo parotas, ceibas, icacos, mangos, almendros, entre otros.

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