28 años de Aguas Blancas… para que no se olvide
- * Una cachetada le quitó lo briago, pero el daño estaba hecho
- * «Nos va a llevar la chingada a todos»: vaticinio de policías
- * La burda maniobra jurídica para lavarle las manos a asesinos
- * El video de Aguas Blancas, maniobra política para reforma electoral
Carlos Ortiz Moreno
Cuando bajó del helicóptero cuyas palas de rotor ni siquiera se habían detenido, aquel enfurecido hombre de complexión robusta se abalanzó contra un empalidecido joven, todo sudoroso y apestoso a bebida alcohólica, que extendió su mano para intentar saludarlo.
Con rabia contenida, sin mediar palabra alguna, el hombre grande lanzó tremenda cachetada contra el rostro de tez clara que, al contacto con el fregadazo, enrojeció. Fue tanta la fuerza del chingadazo que provocó la caída del hombre más joven.
Casi al unísono, los gritos del hombre encabronado imperaron sobre el flujo de aire que chillaba del rotor que lenta, muy lentamente, se detenía. Ojos saltones y fuera de sí, vociferaba:
—Pendejo… ¿qué has hecho? Pendejo, mira lo que sucedió, hijo de la chingada…
Era tanta su rabia que su barbilla temblaba. La voz se le entrecortaba, pero la mirada seguía fulminante contra aquel joven quien, de nalgas en tierra, solamente repetía:
—Jefe, perdón, jefe…
Cuatro brazos apenas lograron contener el enorme cuerpo de aquel tipo enfurecido que, literalmente, se quería comer al hombre que luchaba por levantarse y que estaba seminoqueado del tremendo fregadazo.
Habían descendido de la aeronave, horas después del primer disparo.
Esa fue la escena ocurrida, pasadito el mediodía, de aquel 28 de junio de 1995 en unas canchas de futbol que se encontraban cerca de la carretera a la salida de Coyuca de Benítez con dirección al municipio de Acapulco, en la región de la Costa Grande guerrerense.
El hombre furibundo fue José Rubén Robles Catalán. El hombre joven que recibió la tremenda bofetada fue Rosendo Armijo de los Santos. El primero era secretario general (el segundo hombre de poder en Guerrero) y el segundo era subsecretario de protección y vialidad del gobierno de Rubén Figueroa Alcocer.
Armijo de los Santos, se suponía, debía encabezar el operativo de la entonces llamada Policía Montada (hoy policía estatal). Los mismos policías comentaban que su jefe se había ido a embriagar con una periodista de Acapulco y ese fue su error. El alcohol y sexo lo tumbaron. Morfeo hizo de las suyas con su cuerpo y cuando despertó se encontró con una pesadilla real.
El operativo estaba montado para quitarle los palos, piedras o cualquier objeto que fuera considerado como arma letal (incluyendo los machetes) a los integrantes de la Organización Campesina de la Sierra del Sur que bajaban de la sierra. Todos se dirigían al Ayuntamiento atoyaquense.

Los campesinos, adheridos a la organización, habían sido convocados para realizar un mitin de protesta contra la entonces alcaldesa de Atoyac de Álvarez, la perredista María de la Luz Núñez Ramos, por la desaparición de su compañero Gilberto Romero Vázquez, nativo de San Martín de las Flores. Romero Vázquez nunca apareció, Ni vivo ni muerto.
Los hombres que contuvieron la ira de Robles Catalán y evitaron que le cayera encima fueron Carlos Carrillo Santillán y Antonio Alcocer Salazar, procurador general de justicia.
Los tres habían viajado desde Chilpancingo de los Bravo hacia Coyuca de Benítez donde había ocurrido, alrededor de las diez y media de la mañana, la llamada Matanza de Aguas Blancas.
Testigos de ese pleito fueron el piloto del helicóptero Bell, propiedad del gobierno del Estado, y una decena de elementos de la Policía Montada que fungían como escoltas del funcionario estatal golpeado. Ellos, con caras de espantados, sin querer habían vaticinado una verdad de a kilo:
—Nos va a llevar la chingada a todos.

En un punto conocido como el vado, entre la cabecera de Coyuca de Benítez y la comunidad de Aguas Blancas, todavía se escuchaban los ayes de dolor, se olía la sangre y la muerte recorría todos los cuerpos que permanecían tirados en la tierra como queriendo disfrutar ese momento para arrastrar hacia ella todas las almas.
Tirados estaban todavía los cadáveres de Daniel López Castañeda, Efraín Vagas Sabayo, Pasito Hernández González, Fabián Gallardo Pastrana, Anacleto Ahuehueteco Coyote, Amado Sánchez Gil, Tomás Porfirio Rondín, Victorio Flores Balanzar, José Rebolledo Gallardo, Clímaco Martínez Reza, Francisco Rogel Gervasio, Francisco Blanco Nava, Simplicio Martínez Reza y Mario Pineda Infante.
Algunos eran miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur y otros eran simples ciudadanos que habían tomado la camioneta para hacer sus compras y vender lo que habían cosechado en la cabecera municipal.
En total, 14 personas murieron y otros 24 fueron lesionados con disparos de arma de fuego. Los heridos fueron trasladados en vehículos de la Policía Motorizada, primero a la Cruz Roja de Coyuca de Benítez y luego al hospital regional Vicente Guerrero del IMSS en Acapulco.
En el primer nosocomio fallecieron tres campesinos más a consecuencia de las heridas recibidas.

Aproximadamente a las 13 horas se presentó en el lugar de los hechos el agente central del Ministerio Público de Acapulco, Elías Reachi Sandoval, acompañado de un agente auxiliar de la misma agencia central, así como elementos de la Policía Judicial y Servicios Periciales a fin de realizar el levantamiento de cadáveres, inspección ocular y las pesquisas primeras del caso.
Lo que se decidió ahí fue la construcción de la patraña jurídica más burda. Casi casi se tenía que decir que los campesinos les dispararon a los policías con sus elotes y éstos respondieron a la agresión con disparos de sus rifles AR15 y algunos M1.
La verdad medio asomó con la difusión del video de los hechos que se transmitió en el programa Detrás de la Noticia del recién finado periodista Ricardo Rocha en el canal 2 de Televisa, empresa a la que los grupos de izquierda siempre han considerado como vendedora de noticias al mejor postor.
Rocha nunca cubrió el hecho como reportero. Lo hizo Amado Ramírez Dillanes, corresponsal en Acapulco. Ricardo Rocha difundió el video en el programa que tenía en Televisa de lo que sucedió en el vado de Aguas Blancas, justo cuando la Secretaría de Gobernación, a cargo de Emilio Chuayfett Chemor, lo filtró para que el Partido de la Revolución Democrática volviera a la mesa de negociaciones de lo que sería la reforma electoral que crearía el Registro Federal Electoral, convertido luego en Instituto Federal Electoral y hoy en Instituto Nacional Electoral.

Ese miércoles después de la masacre, bajo un intenso aguacero, las escenas tomadas por Francisco Franco, entonces camarógrafo del corresponsal de Televisa Amado Ramírez Dillanes (QEPD), mostraron la atrocidad.
Los cadáveres de los campesinos tenían que ser trasladados en camionetas Combi hacia las instalaciones del Semefo. Los cuerpos eran arrojados al piso de las camionetas como si fueran animales, sin mostrar respeto alguno. A nivel nacional se mostró cómo el pie de uno de los muertos impedía cerrar la puerta. El trabajador forense por más que deslizaba la puerta no llegaba al picaporte. Tras tres portazos, finalmente vio que el pie estorbaba y, molesto, arrojó la pierna al piso quedando el cuerpo en posición grotesca.
El trabajo se hacía a toda prisa y con ese dejo de irrespeto. No querían que los representantes de los medios de comunicación se dieran cuenta de lo que había pasado en el vado. El trato después de muertos fue igual, o peor, que cuando les quitaron la vida.
El 1 de julio de 1995 fueron consignados diez policías dentro de la causa penal 82-2/995. El 9 de enero de 1996 se consignó a 18 más, dos comandantes, el director operativo de la policía y tres funcionarios de alto nivel, entre ellos el subprocurador, el director general de Gobernación y el delegado regional de Gobernación.
El 7 de febrero de 1996 la consignación alcanzó a otros funcionarios, así como a peritos y agentes confidenciales. En total, a acción penal se ejerció contra 53 personas.
258 días después, un martes 12 de marzo de 1996, Rubén Figueroa Alcocer pidió licencia definitiva al Congreso del Estado para separarse del cargo de gobernador del Estado de Guerrero.
Ese mismo día, los diputados locales integrantes del Poder Legislativo votaron para que el costachiquense Ángel Heladio Aguirre Rivero, quien era el presidente del comité directivo estatal del PRI, ocupara el cargo de gobernador sustituto.
