Libertad y democracia vs. Autoritarismo y opacidad
Baltasar Hernández Gómez
Los mandatarios o gobernantes son personas de carne y hueso que están para ser los responsables de salvaguardar la integridad, la libertad, la equidad, fraternidad y soberanía de las personas inscritas en un territorio. No son los que dictan en el imperio de sus necesidades e intereses los destinos de la población que cedió su soberanía a través de los aparatos instituidos por los regímenes políticos.
En esta conceptualización tiene que circunscribirse la praxis política para que mujeres y hombres de todas las edades puedan acceder a niveles de vida dignos, toda vez que seguir por el derrotero del ocultamiento, autoritarismo y corrupción en que se ha convertido la práctica de hacer política, hay condena de caer en los ámbitos de la miseria y la ignorancia que denigran la calidad del ser humano.
Los gobiernos tienen que ajustarse a los requerimientos sociales y no viceversa, pues si los gobernantes siguen defendiendo los intereses de las clases hegemónicas y la razón del Estado, la sociedad seguirá condenada a la recepción de inflada que afectan la calidad de vida, que pone en el sótano del olvido los valores y principios de justicia y equidad, impidiendo que surja un desarrollo con crecimiento no solamente en lo material, sino en lo mental y espiritual del Hombre.
Hoy en día, la política es una arena mercadológica dónde instituciones, partidos, líderes, candidatos, gobernantes, legisladores y jueces hacen uso de las potestades legales conferidas por la población para engañar y sustraer lo que no es suyo de origen y por ello, lanzan discursos, promesas y políticas públicas son sentido para la sociedad, pero si con alto valor para los poseedores del control socioeconómico son tener contrapesos.
Ante esto, es imprescindible hacer uso de la legitimidad de interiorizar que el voto es un vehículo que no sólo pone, sino que también quita a los representantes la capacidad de hacer lo que más les conviene.
Y esto debe ponerse en práctica a través de una participación activa que deje ver el descontento, la frustración, el enojo, pero también las ganas de construir estadios de vida más sanos donde no continúe habiendo miserias de todo tipo, a fin de que las proyecciones a futuro sean consolidados sobre la base social y no por encima de ella.
Basta ya de opacidad… Basta ya de poner todo en el claroscuro de la seguridad nacional y el bien común como concepto etereo, pues todo tiene un principio y fin social que pertenece a cada uno de los integrantes de la sociedad… Al fin y al cabo la nación y el mundo entero es de nosotros… Todos.
