El juego del poder
Gaby Carmona Astudillo
México está dividido, partido en dos, enfrentados unos con otros, buenos y malos, corruptos y honestos, nunca como ahora, el país había llegado a estos niveles de enfrentamiento político y social.
En dos años concluye el actual sexenio pero mientras llega, varias «corcholatas» están en busca de ganar la candidatura oficial del partido en el poder que los encubre en el proceso electoral del 2024.
El ganador o ganadora de esa candidatura deberá contar con todo el apoyo del inquilino de Palacio Nacional, y deberá contar con el visto bueno del crímen organizado así de sencillo, así de claro, por lo pronto el líder moral del partido en el poder anda en busca de su sucesor y aunque muchos aseguran que ya tiene a su «delfín», lo cierto es que en política nada es seguro.
Cuándo decimos que México está dividido, es porque el bastión del jefe del ejecutivo federal está en el sur del país, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, en el sureste, se encuentra Tabasco, estados que no deja de visitar para mantener vivo el liderazgo y asegurar la plaza política para el 2024 y estos estados del país hagan la diferencia en el triunfo o la derrota, por qué el norte, es otro asunto.
El gobierno federal -hay que decirlo- tiene a los líderes de la oposición de rodillas, amenazados con revelar los expedientes negros de sus relaciones oscuras y su alto grado de corrupción, solo así se puede entender a quienes siendo oposición han avalado todas y cada una de las reformas en la cámara alta y baja del país.
Mientras una parte de los Mexicanos -no todos- están felices recibiendo los dineros de los deferentes programas sociales que no son otra cosa qué el gancho para usarlos en el 2024 y en dónde el narcotráfico jugará el papel de brazo ejecutor tal como ocurrió en Michoacán.
El país está dividido, no lo podemos negar, no se puede mentir, es tiempo de que como sociedad se debe entrar en una profunda reflexión de lo que está sucediendo, pero está reflexión debe ser seria, sin apasionamientos, una reflexión razonada de lo que queremos para este país y para las futuras generaciones, no hacerlo sería lamentable. Así de sencillo.
