Expresiones

Entre líneas

Carlos Ortiz Moreno

  • To be or not to be

Mientras el país está siendo atacado todos los días por la delincuencia organizada, con consecuencias funestas para miles de ciudadanos que ven segada su vida en diversas circunstancias violentas, los políticos viven al parecer una batalla de tipo semántico y hasta ideológico en el uso legal de la fuerza armada.

Desde tiempos remotos, los que ahora tienen el poder ciudadano del voto para conformar gobiernos habían considerado que la bota militar era la fuerza enemiga —maligna, por así decirlo— para el crecimiento de las libertades del hombre, la justicia, la democracia y la propia paz.

Hay múltiples ejemplos de que esa fuerza miliciana fue utilizada para la represión de movimientos de todo tipo en el país a lo largo de su historia y también hay múltiples ejemplos de que esa fuerza fue la permanente compañera de las desgracias en aquellos momentos aciagos de las inundaciones, de las catástrofes citadinas y de los sismos que, en 1985, fue superada por la solidaridad ciudadana.

Los que ahora son oposición y fueron gobierno durante más de setenta años bien que saben que el uso del militarismo es necesario y conveniente para tiempos difíciles en que no se puede contar con las policías porque son la primera presa fácil de los tentáculos corruptos del crimen.

Y los que ahora son gobierno, hasta ahora que tienen el poder real y la obligación de resolver problemas, “descubrieron” que esa fuerza militar es necesaria en las calles de México porque son sabedores que los ciudadanos estamos inermes ante los embates de una violencia fríamente y porque han comprobado hasta la saciedad la pudrición que existe en las corporaciones policíacas a las que nadie les quiere meter mano.

El poderío del armamento de las organizaciones delincuenciales choca con el de las policías legalmente constituidas, amarradas por el lazo de la regla jurídica, y que le permite manga ancha a las fuerzas armadas, a su vez atadas a otra regla jurídica que impide participación en hechos delictivos tan comunes como el ocurrido en Iguala la noche del 26 y 27 de septiembre de 2014.

Dentro de las policías, hay que admitirlo, no hay poder que pueda detener la ola de violencia en México que empujan diariamente los grupos delictivos en todas las esquinas, todos los barrios, todas las calles, todas las ciudades, todos los estados de todo el país.

Las policías no cuentan con la preparación ni con la fuerza de armas para enfrentar a células, bandas o cárteles de narcotraficantes porque no crecieron con el espíritu de cuerpo que es el cúmulo de ideales, tradiciones, actitudes e intereses que forman y forjan al ser militar. Ese esprit de corps fortalece cualidades y virtudes de no menor importancia como la lealtad, el honor, orgullo y entusiasmo, como artífices en lo individual de un fin común.

Entonces ha surgido la profunda disyuntiva planteada en la primera frase del discurso pronunciado por el príncipe danés Hamlet, en la afamada obra de William Shakespeare:

—To be or not to be…

—Existir o no existir, vivir o morir, estar o no estar.

Punto.

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