Entre líneas
- Carlos Ortiz Moreno
Tal y como siempre sucedió con los ahora peyorativamente llamados neoliberales, Guerrero sigue siendo un laboratorio en política. Desde siempre se ha dependido de las decisiones del centro del país tanto en la composición gubernativa como en el tema de los recursos financieros, amén de las obras públicas de inversión federal.
Quizá el único que intentó hacer un cambio en ese sentido fue José Francisco Ruiz Massieu, excuñado del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Sin embargo, ese sistema controlador, reacio a cualquier golpe de timón, le dio un pago muy rudo: un disparo en el cuello para segarle la vida.
Aunque hoy los tiempos parecen ser diferentes, la realidad sigue siendo la misma en esta entidad suriana de tres y medio millones de habitantes. Hay violencia, hay pobreza y hay un estado de ánimo generalizado que parece depender de la esperanza de un falso liderazgo que nomás no da una —otra vez— desde el centro de la República.
¿Qué hay que hacer? Convencer que el trabajo continuo es la solución a los problemas e intentar armar un ambiente de mejoría donde ese esfuerzo realizado arroje resultados inmediatos y de mediano plazo para la elevación de calidad de una población harta de promesas, pero que sigue sumida en la inacción y la cómoda posición de solamente extender la mano.
Y precisamente a la primer mujer que gobierna en Guerrero le toca aplicar, una y otra vez, la propiedad conmutativa de la multiplicación, asumida por Euclides en su obra Elementos, que decía que “el orden de los factores no altera el producto”.
Deberá tener en cuenta y corroborarlo que, de seis años de gobierno, uno se va en probar equipos (lealtades y eficiencia), tres en chamba que tiene que forzosamente arrojar los resultados programados y dos en eludir la grilla barata que arrojan (hacia dentro de sus cuadros y afuera de ellos) las elecciones intermedias y de sucesión.
Lo único que no se sabe a ciencia cierta, aunque es fácil de intuir, es a qué hora reviente un problema que resquebraje la solidez de cualquier gobierno, de cualquier color. La historia lo ha mostrado, una y otra vez.
Su ventaja, como mujer, debería ser la intuición.
