Expresiones

La Fiscalía de Guerrero y la policía china

Carlos Ortiz Moreno

No sé de quién habrá sido la “ideota” de que la fiscal de Guerrero, la teniente coronel Sandra Luz Valdovinos Salmerón, hablara en una ceremonia dedicada a recordar el día de la desaparición forzada. ¿Por qué el exabrupto? ¿No tiene quién la asesore? ¿Le vale sorbete las consecuencias de sus dichos tirados al aire como escupitajos? ¿Realmente es una mujer autoritaria como la vieja milicia retrógrada?

Desconozco en qué escuela habrá estudiado la historia de esta entidad suriana, pero debería saber que Guerrero ha sido un estado donde la desaparición forzada de personas es una costumbre ancestralmente practicada por la autoridad vigente, especialmente los militares que obedecieron órdenes para exterminar a aquellos que habían jugado al golpeteo armado contra el gobierno setentero. Solo como el ejemplo más viable.

Palabras más, palabras menos, Valdovinos Salmerón dijo en la ceremonia para recordar el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada:

“Es un hecho que no podré cambiar el que sigan desapareciendo personas porque no puedo influir en la mente malvada de un ser humano”.

Y dijera mi colega Jorge Laurel Contreras… “hasta allá volé”…

Aunque las condiciones aparentemente han cambiado, la desaparición forzada de personas sigue siendo un tema complicado y bastante volátil para cualquier autoridad que, en respuesta a sus inoperantes estrategias y acciones de ineptitud, lo único que siempre se le dice a las víctimas de esas desapariciones es que andaba de piruja con algún delincuente, si es mujer, o andaba de sicario de algún grupo delictivo, si es hombre.

Siempre se ha señalado que algo está pasando en la Fiscalía General de Guerrero donde los militares han hecho un bunker para sus tropelías y escondite para sus aparentes ineptitudes. Amén de las pifias cometidas en diversos asuntos donde ha intervenido, la institución parece estar sometida al capricho de un mando con vestido de mujer, pero con una actitud de hombrecito bragado a la antigua comanda miliciana.

Entre los traspiés más sobresalientes se encuentra aquel caso de los tres tigres de bengala que pagaron la idiotez de la burocracia militar que, en ánimo de culpar a los civiles, desprotegió a esos animales que finalmente murieron de hambre. La Profepa evidenció que alguien en la Fiscalía de Guerrero tuvo la culpa de no concretar lo que tenía que hacerse para salvaguardar la vida de esos felinos.

Y la bronca la hicieron mediática tanto la Profepa como la Fiscalía de Guerrero. Se tiraron tuitazos y se deslizaron oficios ficticios… y no pasó lo que tenía que pasar. Nadie cayó. Ni calló.

Otro caso que el de tres niños que fueron encontrados ahogados en una poza de agua en Petatlán. Los investigadores soslayaron la denuncia de violencia familiar que tenía el padre de esa desgraciada familia. Y el caso se hundió en el fango del olvido, empujado por la ineptitud de quienes tenían que acercar a esas criaturas a un lienzo de justicia a la que tenían derecho.

Y así, a memoria inmediata, otro caso que despertó la insensibilidad de quienes dirigen la institución fue el asesinato de un agente del Ministerio Público en Coyuca de Benítez que jamás se aclaró si lo mataron de manera directa, si fue víctima de una bala perdida en un asunto circunstancial o qué pasó realmente con él.

La mejor prueba del importapoquismo, ajeno a cualquier escena de teatro, lo tuvieron quienes son los empleados de la Fiscalía que tuvieron que realizar la tradicional despedida del ataúd con los restos de ese compañero sin que autoridad alguna de la Fiscalía siquiera mandara o hiciera pública una esquela por su agente.

Tenía razón la teniente coronel al decir que la Fiscalía es una de las instituciones en las que menos tiene confianza la ciudadanía, que en esa institución se han fraguado delitos que fueron construidos y diseñados por gente mala y perversa. Desde que tomó posesión en diciembre del año pasado, la situación no es nada diferente. Y los casos de crímenes diversos se agolpan en las puertas de la misma, con el mayor desprecio en las declaraciones de quienes están ahí al frente.

Amén de todo ello, por tercera vez en un lapso de seis meses, la Fiscalía General del Estado es víctima de sus propios errores internos con el tema del control y administración de su información. Dicho en otra forma: a la FGE le roban datos e información sensible cuando la delincuencia organizada quiere. En otras palabras, el espionaje dentro de esa dependencia que se supondría ya debería ser la más segura del Estado está a la orden del día.

Recientemente circuló en redes sociales, y también llegó a muchos correos electrónicos, un documento en el que quedan exhibidos 15 exempleados y funcionarios quienes, sea por diferencias directas con la aún Fiscal o por otro tipo de decisiones caprichosas, fueron literalmente corridos..

El documento gira instrucciones al Ministerio Público para que ese indague si esta gente salió bien (que no se hayan ido con cola pues). En ese mismo oficio dan nombres y apellidos e incluso se ven números de oficio lo que evidencia la clara intención, perversa por cierto, para ser exhibidos y dejarlos inermes al escarnio de las mismas redes sociales con lo que, hay que subrayarlo, se vulneraron sus derechos humanos.

¿Eso quiere decir que no hay confiabilidad en la Plataforma México donde se guardan los documentos que deberían ser conocidos por un muy contado número de personas?

Otro documento expuesto le ordenaba a militares que funcionan dentro de la FGE para que se abstuvieran de usar en sus correos y papeles oficiales sus «grados militares». En todos los casos de filtración de documentos oficiales sensibles la burla, al interior de la Fiscalía, fue una constante de que la seguridad y la limpieza que pretende establecer nomás no llega.

Los hechos que ocurren al interior de la institución evidencian que por mucho que sean militares y que estén recomendadas por las esferas del Alto Mando no las están teniendo todas consigo. Las acusaciones de violencia verbal que ejerce la teniente coronel con los subordinados reflejan un indicador de impotencia que la desnuda como alguien que no puede con el paquete.

Y como dijeran los mismos refranes cuatroteros:

Si no puede, que renuncie.

Guerrero requiere urgentemente que el barco jale parejo… para que no haga agua.

 

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