Planta Pemex Acapulco, bomba de historia
Carlos Ortiz Moreno
En las postrimerías del gobierno de Adolfo López Mateos, un 21 de octubre de 1965, la planta Pemex Acapulco fue inaugurada en el puerto como parte de una red de distribución de productos petrolíferos para Guerrero, Oaxaca y Michoacán.
Originalmente, los depósitos eran surtidos de material que traían vía carretera de la refinería 18 de marzo, ubicada en Azcapotzalco en el entonces Distrito Federal. Otra parte llegaba vía marítima desde la refinería General Lázaro Cárdenas, del entonces puerto de altura de Minatitlán, estado de Veracruz. Fue hasta 1979 cuando comenzó a recibir el producto, también vía marítima, de la refinería Antonio Dovalí Jaime, ubicada en Salina Cruz, Oaxaca.
Los trabajos de construcción de las instalaciones de la planta Pemex se iniciaron en 1963, luego de que se expropiara una importante superficie en el viejo ejido de Icacos. Acapulco, bajo esos regímenes del poder hegemónico priista, sufrió expropiaciones de terrenos, especialmente para índole turística, pero también fue objeto de invasiones como un método de defensa de los pobladores.
Cuatro meses después de haber sido inaugurada, el entonces director general de Petróleos Mexicanos, Jesús Reyes Heroles, vino a visitarla para conocer a detalle cuál sería la conveniencia de haberla puesto en esa zona. El régimen recién iniciado de Gustavo Díaz Ordaz intentaba apuntalar la importancia turística de Acapulco.

En 1972, en los tiempos de la guerrilla, ocurrió un evento que puso en riesgo no solamente la seguridad de las instalaciones de Pemex sino la de la propia instalación vecina de la zona naval.
Guerrilleros, presuntamente encabezados por Genaro Vázquez Rojas, hicieron explotar el polvorín que tenía la Secretaría de Marina en el interior de la base naval. Los combatientes habían penetrado a las instalaciones, a bordo de una ambulancia y disfrazados de médicos, para perpetrar un atentado.
Días antes, los militares y marinos hicieron circular una serie de fotografías en donde una de las mujeres del maestro disidente estaba siendo torturada en una residencia que le habían descubierto en Cuernavaca, Morelos. Junto a la señora martirizada figuraba un niño, aparentemente hijo del dirigente guerrillero, a quien le estaban arrancando las uñas y que finalmente falleció.
Por tratarse de una instalación estratégica de seguridad nacional que había sido golpeada por un grupo de forajidos y delincuentes, como los catalogaba el gobierno federal, el régimen que encabezaba el presidente Luis Echeverría Álvarez intentó esconder la información para evitar cualquier visión de vulnerabilidad del lugar.
Justo en medio de aquel escándalo, dos periodistas acapulqueños tuvieron la osadía de entrar en aquellas residencias, entre ellas la de Miguel Alemán, que eran utilizadas para fines de vacaciones familiares. Así conocieron de viva voz de los encargados de las mansiones lo que había sucedido y los daños que habían causado las explosiones del polvorín.

Carlos Ortiz Ortiz y Jorge Laurel Contreras se hicieron pasar como ajustadores de seguros para que los propios afectados por las explosiones les contaran lo que había sucedido durante aquella madrugada del mes de febrero de 1972. Ambos observaron los daos causados a las residencias vecinas de la zona naval militar y, de paso, ver lo que había ocurrido en aquel polvorín.
Esos hechos ocurrieron en febrero de 1972. Días después se dio a conocer la versión oficial de que el dirigente del movimiento guerrillero en la región de la Costa Chica había fallecido en un accidente de tránsito en una carretera de acceso a Morelia, Michoacán. Incluso a Vázquez Rojas se le pudo ver una lesión en la cabeza que se intuía era producto de un culatazo.
Los periodistas acapulqueños siempre tuvieron la idea de que Genaro Vázquez Rojas había sucumbido luego del ataque al polvorín, diversas versiones internas de la base naval indicaron que el maestro rural había sido quien encabezó el ataque en venganza por lo que le habían hecho a su esposa y, especialmente, a su hijo.
Posteriormente en 1977 en el gobierno de José López Portillo, el entonces gobernador Rubén Figueroa Figueroa propuso al presidente de la República cambiar tanto la planta Pemex como la misma base naval para darle paso a un proyecto de inversionistas japoneses que harían un hotel de Gran Turismo y un puente elevadizo que conectara Punta Bruja con la península de Las Playas.
La terquedad de un marino militar, Alfonso Argudín Alcaraz, impidió aquel aparente capricho del gobernador con mente empresarial. El gobierno populista de Jolopo evadió el choque con el alto mando militar y naval y mandó el proyecto al cesto de la basura… y del olvido.

Hoy, la planta Pemex se llama oficialmente Terminal de Almacenamiento y Despacho (TAD) de Petróleos Mexicanos (Pemex). El próximo 21 de octubre cumplirá 58 años de operaciones en Acapulco.
Dicha terminal cuenta con una capacidad de almacenamiento de 235 mil barriles, que le permiten comercializar más de 37 millones de litros de diversos combustibles como gasolina regular, gasolina premium, diesel automotriz, además de turbosina.
Según la información oficial, los trabajadores están certificados por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) para trasladar combustibles de manera segura y confiable.
Parte de las acciones diarias son 57 para abastecer 80 estaciones de servicio locales y 57 foráneas dentro de la misma zona.
En dichas instalaciones se cumplen protocolos estrictos de operación; cuentan con sistemas contra incendios que incluyen alarmas sonoras y luminosas; también tiene detectores de mezclas explosivas, de fuego y humo; alarmas en áreas operativas; y personal capacitado para llevar a cabo los planes ante emergencias.
Las Instalaciones reciben mantenimiento anual para conservar la integridad de los equipos y cuenta con instalaciones que se basan en los lineamientos del sistema de Seguridad, Salud en el Trabajo y Protección Ambiental (SSPA).
