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Las Cosas de la política

Miguel Angel Hernández Albarrán

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El INE manchado y la presidenta débil

Las cosas de la política hoy tienen nombre y apellido: Guadalupe Taddei y Claudia Sheinbaum.

Una, presidenta del INE, con el prestigio del árbitro por los suelos. Otra, presidenta de la República, con la legitimidad de su elección bajo sospecha por culpa de la primera.

No estamos hablando de un error administrativo. Estamos hablando de 197 millones de pesos entregados por adjudicación directa a dos empresas: Corporativo ZEG y Cajas Graf, empresas que no eran nuevas para Taddei. Las traía desde Sonora cuando era presidenta del OPLE. Empresas que la UIF ya les había congelado cuentas.

Empresas a las que la Auditoría Superior de la Federación detectó que recibieron 63 millones del INE y en tres semanas los triangularon a otras nueve empresas fantasmas, sin trabajadores, sin oficinas. El cinismo es lo que mata la confianza. El chofer de la presidenta del INE, con 45 mil pesos de sueldo en nómina, resulta que es el apoderado legal de esas mismas empresas. Y el representante legal de esas empresas resulta que termina como director de Administración del INE y eso no es sospecha. Eso es conflicto de interés.

Por eso la misma presidenta Sheinbaum tuvo que pedirle a la Auditoría que investigue de oficio a Taddei. Por eso Taddei tuvo que salir a decir que va a hacer un micrositio para transparentar lo que debió transparentar desde el principio y aquí viene lo que le pega a la Presidencia.

El INE que hoy está manchado por corrupción es el mismo INE que contó los 35 millones de votos de Sheinbaum en 2024. Y aunque las actas estén firmadas y el Tribunal haya validado, en política la percepción es realidad. ¿Cómo le vas a creer a un árbitro que hoy está acusado de triangular dinero público, de favorecer a sus empresas, de tener a su chofer como empresario proveedor?

No se necesita probar un fraude. Basta con que el árbitro no sea creíble y ese es el problema para el 2027. El proceso electoral ya empezó manchado, empezó con la sospecha de que si el INE fue capaz de hacer negocios con las urnas de la elección judicial también es capaz de inflar cifras, de esconder votos, de operar para el partido en el poder. La elección de 2027 no va a empezar el día que inicien las campañas. Empezó el día que el INE perdió la confianza.

Hoy el INE no necesita un as bajo la manga para negociar impunidad. Necesita una auditoría que lo limpie o una renuncia que lo salve. Porque si no, no es que la presidenta sea ilegítima. Es que es débil.

Débil porque llega a la intermedia más importante de su sexenio, donde se juega la mayoría, con un árbitro al que nadie le cree. Y cuando hay un árbitro al que nadie le cree, hasta ganando, parece que está perdiendo.

Aun ya con la renuncia anunciada de Taddei y al final la realidad presente y futura es que hay una sola verdad… ¡Un INE manchado y la presidenta débil!

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