Dígalo sin Miedo
Gaby Carmona Astudillo

El estado de Guerrero tiene sus características muy particulares, especialmente cuando de sus gobernantes se trata y da la impresión que han sido gobernados por Therians.
En este país, y en particular en Guerrero, es normal escuchar los sobrenombres que le ponen o se ponen algunos políticos, en aras de que su imagen permee en el electorado.
Por ejemplo, a Rubén Figueroa Figueroa se le conocía como el Tigre de Huitzuco, por su firmeza y rudeza para ejercer el poder; fue esa firmeza la que dejó una estela de dolor, pero con métodos pocos ortodoxos pacificó a la entidad. Y tiene un lugar en la historia de Guerrero.
Y actualmente existe El Toro, apodo que ha acuñado el senador con licencia y dos veces candidato a gobernador, Félix Salgado Macedonio. El Toro representa fuerza bruta, la resistencia y el coraje frente a los retos.
Pero existe una enorme diferencia entre el Tigre y el Toro, mientras que el primero representa el poder y la ferocidad, el segundo carece del control de sus propios impulsos, es un destructor impulsivo, terco y siempre es llevado a caer en su propia trampa, debido a su terquedad.
Dicen que las comparaciones nunca son buenas y es verdad. Y menos en la política, especialmente en un estado como el nuestro en donde da lo mismo ser gobernado por un Tigre, un Toro, un Ángel, un Negro o un Zorro. Al final del día nada cambia.
Porque no olvidemos que este país ha sido gobernado por tres presuntos asesinos, un presunto mandilón, un presunto borracho y una mariguana. Y en este país nada pasa, aunque pase. Seguimos viviendo en el país de las maravillas y no es precisamente el de Alicia.
Y aunque poner apodos no es políticamente correcto, a la clase política les encanta que los llamen por sus apodos animales y ellos mismos los colocan en su publicidad como un sello que los distingue, especialmente en tiempos de campaña electoral.
Hay muchos políticos que se bautizan con nombres de animales y otros son bautizados por las mentes inquietas que se mueven en las redes sociales, en donde los adversarios ocultos se mueven como San Juan por su Casa.
Así que no se sorprenda si escucha la frase Hay Toro; es normal en estos tiempos, porque no es lo mismo gritar “Hay Toro” que expresar “ay, Toro”. Parecen lo mismo, pero son dos significados distintos. Veremos qué pasa.
