El voyerista
Alfredo Guzmán Espinosa
¿Y quién le cuida las manos a los Legisladores?
“Homo sum, humani nihil a me alienum puto”. “Soy humano, nada de lo humano me es ajeno”: Publio Terencio Africano. 165 A.C.
Estrictamente los diputados son los que cuidan a ellos mismos. Y cuando hay una desavenencia, entran los otros poderes. El Judicial y el Ejecutivo.
En el caso de la política, solo cuando ingresa otro grupo o partido al poder, es cuando se conocen los excesos. O cuando el partido en el poder se divide. Y sólo habrá castigo o denuncia cuando llegue otra organización al poder. Eso ha ocurrido siempre.
Entiendo el morbo que genera que haya una denuncia de una diputada y que la denuncia esté siendo investigada por la Fiscalía General de Justicia del estado de Guerrero y que la LXIV Legislatura entregue la documentación requerida, para que se investigue si hay delito a perseguir y si hay culpables.
No ha sido común que haya ruido en las Legislaturas, aunque muchas veces se ha omitido, derivado quizá de que la ropa sucia se lava en casa. Hay negociación. Hoy se conoce de una presunta afectación al erario por parte de la LXII Legislatura de Guerrero, donde se habla de un presunto desfalco, según datos de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) por 20 millones de pesos.
En ese tiempo, el hijo de un líder de izquierda, un abarrotero, hermano de un luchador social y un hacendado de Ayutla, fueron los responsables de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) y la ASF, indaga una afectación al erario por 20 millones que deberán ser aclarados.
Nadie dice que se lo robaron, sino que la facturación no corresponde y de eso ya han pasado 6 años.
De aquella Legislatura se recuerda que sin concurso, sin la venia de varios diputados, se inició la demolición y rehabilitación de la biblioteca del Congreso. El responsable aseguró que existían los recursos y al final no se terminó.
Es la fecha que no se termina y que el susodicho vive sin sobresaltos y en residencia nueva, lo cual no es novedad que ocurra con los diputados, pero surgió el rumor de que esa casa se la regalaron los beneficiarios de la demolición y de la reconstrucción de la biblioteca.
Es bueno recapitular, verificar su proceso de licitación en el caso de la obra y certificar que no hubo delito, sino mala fe de quienes lo vieron enriquecerse y empezaron a deslizar datos, más como chisme que información certificada.
Al final de cuentas, decía mi madre, “aquí todos coludos o rabones”. Entendiéndose que nadie es inmune a la corrupción y mucho menos impune a la justicia.
