Comparaciones históricas… todo se repite
Carlos Ortiz Moreno

En el pasado, indudablemente, el poderoso PRI arrasaba en todo violando cualquier ley habida y por haber. Los famosos besamanos eran la fotografía futurista de los proyectos políticos de los personajes que siempre merodeaban el erario como abejas sobre la miel… o como moscas sobre la mier… dale imaginación para terminar.
En esos tiempos de lecturas de informes presidenciales o de gobernadores o de alcaldes de los más de 2 mil municipios de ese entonces, la característica principal fue el acarreo, el uso indiscriminado de los recursos públicos y el acceso puntual de todos los esbirros del poder presidencial a los sitios donde históricamente se leían los grandes avances del país.
Y la imagen inequívoca de todo ello, lo coreaban con aplausos que interrumpían el script que previamente tenían preparado para ello. Los gritos de apoyo surgían cuando el gobernante enarcaba las cejas o cuando modificaba el tono de la voz o cuando el mensaje era para los opositores.
La lectura interminable de cifras que nadie pudo comprobar, el forzoso comparativo de los números presentes con los del pasado y hasta el tonito de la voz hacían de aquel momento algo mesiánico. Las frases ad hoc completaban la obra teatral de cada año.
¿Y hoy? ¿la situación cambió?
Para nada, en absoluto, ni un ápice. Sigue el poder absoluto de un partido político. Hoy no se viola la ley porque ya fue acomodada a conveniencia del partido en el poder. Así nadie podrá acusarlos que se cometió una ilegalidad cuando se permite todo… o casi todo.
Son las mismas poses, los mismos aplaudidores, los mismos coros de cuates, los mismos desplegados de apoyo o de respaldo para tal o cual situación, los mismos acarreos. Las mismas mentiras de que todo está bien y de que el país está sumamente contento por todo lo que está pasando.
El mismo uso demagógico de la palabra “pueblo”, palabreja que transfieren de lo peyorativo al momento mágico de regalarles dinero a cambio de votos y de seguir alimentando fantasías de igualdad social y crecimiento personal.
La única diferencia, según este viejo observador, es el uso indiscriminado de la información personalizada en las redes sociales en donde, como pan barato, pero podrido, se vende al por mayor. Ahí se observan las caritas felices, las sonrisas hipócritas, los momentos de la felicidad efímera del político que espera, con su presencia, que el poder presidencial lo observe y lo premie.
—¡Sí se puede! ¡Presidenta! ¡No estás sola!, son las frases de moda de la misma cultura de la sobada de lomo sin el atrevimiento a señalar los yerros, las omisiones y, mucho menos, las ineptitudes.
Cualquiera diría que es una irrealidad tan real como la misma locura.
Pero así es México… y así somos los mexicanos, aunque algunos nos hagamos a un lado.
¡Viva México, cabrones!
