De la fama del Cine Mexicano a cargar la vejez en zoológico de Guerrero
Con cuerpo visiblemente cansado y andar lento, ya muestra la pérdida de gran parte de su pelaje. Está sumido en la vejez, pero es el más longevo de su especie en todo México. Pasó, en sus casi 70 años de vida, de la fama y estrellato de las películas taquilleras a vivir solo y recluido en un hábitat de zoológico.
Ese es Chucho Chucho, el chimpancé que actuó en aquellas películas del Cine Mexicano junto al galán Andrés García y Germán Valdés, Tin Tán, en las películas seriadas de Chanoc. Vive desde 1993 en el zoológico de Chilpancingo donde tiene su cueva, su alberca… y su soledad de muchos años.
En la década de los 70, Chucho Chucho alcanzó gran fama en la industria cinematográfica nacional. Su carisma provocó que el público y la prensa lo compararan con el famoso chimpancé de Tarzán. La gran diferencia que “Chita” fue interpretado por muchos primates por la complejidad de las grabaciones hollywoodenses de los años 30 y 40. Y Chucho Chucho siempre fue él solito.
Su primera aparición registrada fue en la película Chanoc contra el tigre y el vampiro (1972). En ella compartió créditos cinematográficos con el actor Andrés García y el comediante Germán Valdés «Tin-Tan».
Tenía habilidades artísticas. Era famoso por sus interacciones frente a la cámara, donde lanzaba besos a las mujeres y realizaba ademanes cómicos. Desafortunadamente, en esa época también le enseñaron hábitos nocivos humanos como fumar cigarrillos o beber cerveza.

Tras el declive de las producciones donde participaba, quedó abandonado en los Estudios Churubusco de la Ciudad de México. Cuando las autoridades del zoológico lo rescataron, presentaba un cuadro severo de desnutrición, estrés crónico y un comportamiento agresivo.
Sus propietarios fueron los hermanos Miguel y Humberto Gurza, reconocidos como los entrenadores de animales más prestigiosos del cine en América Latina. Sin embargo, su historia dio un giro drástico en la década de los 90, marcado por el desalojo de sus animales y el fallecimiento de Miguel años más tarde.
La exitosa carrera de los hermanos Gurza se truncó abruptamente a finales de 1993. Durante el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari, se inició la remodelación y privatización de los Estudios Churubusco para construir el Centro Nacional de las Artes. Las autoridades federales los desalojaron, les retiraron la custodia de sus más de 100 animales (incluyendo a Chucho Chucho) y les prohibieron volver a verlos.
Los culparon de haber incidido en los malos hábitos del chimpancé que los hizo famosos y les dio mucho dinero.
Miguel Gurza llegó a declarar públicamente en entrevistas que, según sus sospechas, el chimpancé Chucho Chucho original había muerto de tristeza poco tiempo después del decomiso debido a la separación. Él sostenía la teoría de que el zoológico de Chilpancingo lo había sustituido por un ejemplar similar para evitar el escándalo público.

Sin embargo, los registros oficiales del parque afirman que el primate que vive en Guerrero es la misma estrella de cine de los años 70.
La versión de Gurza es desechada por los mismos trabajadores antiguos del Zoochilpan quienes comentan que a finales de 1993, el animal estaba muy lastimado, golpeado, con peladas en todo el cuerpo y bastante agresivo. Por eso se le construyó una jaula de piedra con grandes barrotes, sin embargo, en al menos dos ocasiones el primate mostró su enorme fuerza doblando las barras de acero y estuvo a punto de escapar.
Los trabajadores aseguran que siempre previeron que esa jaula no era adecuada para él porque estaba «muy oscura y pequeña». Con el paso de los años se acondicionó el espacio que hoy ocupa que es mucho más amplio y le permite recibir los rayos del sol, además de que los visitantes quedan un poco más lejos y no le generan tanto estrés .
En los Estudios Churubusco vivía en un cuarto de tres metros por tres metros en condiciones deplorables sin que lo tocaran los rayos del sol. Por eso, el primate se tornó violento resultando imposible su manejo. Se tuvo que sedar para poder traerlo y ponerlo en su nuevo hogar.

Su adaptación fue lenta. Destruía las plantas que le ponían alrededor porque se adaptó a un ambiente de concreto. Llegó al zoológico de Chilpancingo con demasiado estrés y enojo porque se le retiraron todos esos malos hábitos adquiridos.
Chucho Chucho llegó a ser líder de una pequeña manada, pero todos sus compañeros pese a ser más jóvenes que él, fallecieron uno a uno.
Hoy, ha dejado de correr, de andar feliz en los árboles que parecían haberlo calmado. Ya no aplaude y tampoco ríe como lo hacía antes. Vive aparentemente enojado y, de vez en cuando, lanza su excremento a los visitantes para demostrarles que él sigue siendo el macho alfa de ese espacio.
La historia de Chucho-Chucho se encuentra llena de contrastes: en una época de su vida fue atendido como un rey, pero eventualmente fue relegado a celdas oscuras hasta ocupar el sitio que medianamente acondicionado tiene hoy en el Zoochilpan, el zoológico estatal de Chilpancingo.
Sus ojos redondos han perdido el brillo natural, su pelo antes negro, hoy es de un color grisáceo y muchas partes de su cuerpo están afectadas por alopecia, claro reflejo de la vejez. Los veterinarios calculan que Chucho-Chucho ronda actualmente los 60 a 70 años cuando su especie vive en promedio 45 años.

No todo está en abandono. Tiene cuidados especiales en su vejez al encontrarse en una etapa de senectud avanzada. Sus movimientos son notablemente lentos y padece de dolores articulares comunes por la edad.
Los veterinarios del parque mantienen un estricto programa médico para controlar sus niveles de estrés. Parece haber superado con éxito un problema severo de alopecia y actualmente su dieta especializada incluye un régimen constante de vitaminas.
Y claro que hay reglas para los visitantes: el zoológico pide a todo el público no arrojarle comida u objetos. También solicitan evitar los aplausos o ruidos fuertes cerca de su espacio para no alterar su conducta.
Y Chucho Chucho espera paciente lo que el Destino de todos los seres vivos tenemos enfrente. El final de la vida. Fotografías en Zoochilpan: Abel Miranda, El Sol de Acapulco.
