Desde 2014 pelean Montaña baja grupos delictivos
- * Se busca dominar el trasiego de droga en caminos rurales
- * Policías y políticos están inmiscuidos en la rivalidad de indígenas
- * Archivos federales revelan una lucha interminable pese a detenciones
Carlos Ortiz Moreno
Primera de 2 partes
Desde 2014, la violencia no ha cesado en los seis municipios que integran la llamada Montaña Baja de Guerrero. Los grupos en pugna por territorios para el trasiego de droga y la vigilancia de caminos que impidan la explotación minera son Los Tlacos, Los Ardillos y Los Rojos, casi eliminados del mapa delictivo suriano.
De acuerdo con informes públicos de autoridades federales como la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Los Ardillos y Los Rojos son escisiones de aquel famoso cártel de los Hermanos Beltrán Leyva llamada también la Organización Beltrán Leyva (OBL) y Los Tlacos operan como brazo armado de la policía comunitaria de Tlacotepec.
Los archivos federales indican que Los Ardillos, organización fundada en el 2000 por el asesinado expolicía Celso Ortega Rosas “El Ardillo”, está encabezada por los hermanos Celso, Jorge Iván y Antonio Ortega Jiménez. Otro de los siete hijos destacados de esa familia es Bernardo Ortega Jiménez, expresidente municipal de Quechultenango, expresidente del consejo del PRD en Guerrero y tres veces diputado local guerrerense.
Aunque Bernardo nunca ha negado sus nexos familiares, asegura que no tiene nada que ver con “Los Ardillos”.

La organización delictiva «Los Rojos» fue fundada por Jesús Nava Romero, apodado “El Rojo” y de ahí nace el nombre de la banda. Nava Romero era lugarteniente de Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”, se encargaba de la región de Chilpancingo, Guerrero, hasta Cuernavaca, Morelos, zona clave para la producción y trasiego de drogas.
Sin embargo, “El Rojo” murió en 2009 junto con su jefe “El Barbas” en el asalto armado realizado por elementos de la Marina en Cuernavaca, Morelos. Su familia quedó al frente de la organización criminal, la cual se asentó justamente en Morelos y Guerrero.
Las dos principales líderes Santiago Mazarí Hernández, alias «El Carrete», fue detenido el 1 de agosto del 2019 y luego Zenén Nava Sánchez, alias «El Chaparro», 20 días después. Ambos fueron neutralizados por las fuerzas del orden.
“El Chaparro”, sobrino de “El Rojo” estaba al frente de la banda criminal en Guerrero, mientras que “El Carrete” –quien era jefe de sicarios de dicha célula– estaba al frente en Morelos.
Los Tlacos, también conocidos como el Cártel de la Sierra, son un grupo delictivo con base en el municipio General Heliodoro Castillo. Es liderado principalmente por Onésimo Marquina Chapa, alias «El Necho». Según los reportes federales, los integrantes del grupo operan como brazo armado de la Policía Comunitaria General Heliodoro Castillo, disputando el control del territorio en la región Centro, Norte y Tierra Caliente de Guerrero.

Los archivos del gobierno federal establecen como líderes y figuras clave a Onésimo Marquina Chapa, alias «El Necho»: Identificado como el máximo líder; Javier Marquina, alias «El Barbas», Identificado como líder en las operaciones del grupo, así como Humberto Moreno Catalán, vocero y presunto integrante clave.
Los Tlacos, revelan las investigaciones de inteligencia federal, surgieron en la región de la sierra de Guerrero, siendo Tlacotepec, la cabecera municipal del municipio de Heliodoro Castillo, su bastión.
Ante la eventual desaparición de Los Rojos, Los Tlacos mantienen una fuerte disputa por el control de la zona contra el grupo criminal de Los Ardillos.
Las versiones de inteligencia les atribuyen actos de violencia, robos de vehículos en la Autopista del Sol, extorsiones y ataques a transportistas, aunque a menudo operan bajo la fachada de policía comunitaria para disputar plazas en la Sierra y Tierra Caliente.
El grupo es considerado un generador de violencia importante en Guerrero, buscando el control de recursos ilícitos y la influencia en los municipios de la región.

En los últimos tres años, otro ingrediente de violencia se ha añadido apenas a dos de los seis municipios montañeses: la activa participación de más policías comunitarios integrantes de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de los Pueblos Fundadores.
Esta agrupación indígena y campesina brinda seguridad y mantiene retenes de vigilancia en diversas comunidades nahuas de la región, estando estrechamente vinculada al CIPOG-EZ (Concejo Indígena y Popular de Guerrero – Emiliano Zapata).
Fuentes federales señalan que estos policías comunitarios han sido señalados por sus propios compañeros nahuas, acérrimos rivales por el territorio, como el parapeto para la participación del grupo delictivo “Los Rusos”, cuyo centro de operación principal de Guerrero se encuentra en Acapulco y municipios cercanos del centro turístico suriano.
En las dos últimas semanas, la violencia se ha recrudecido en comunidades indígenas de Chilapa de Álvarez y Atlixtac en donde los propios habitantes han denunciado en redes sociales ataques armados y drones explosivos contra sus viviendas y sus animales. Empero, pese al alcance mediático de las mismas redes sociales, las autoridades sospechan de montajes diseñados para causar el sensacionalismo que pretende visualizar un abandono oficial de muchos años en esa parte de la parte baja montañesa de Guerrero.
