Guerrero

Tula es un pueblo fantasma; persiste miedo en desplazados

A pesar de los operativos conjuntos realizados en toda la zona, la comunidad de Tula ya es un pueblo fantasma donde solamente se escuchan los ladridos de perros en medio de casas quemadas y animales muertos comienzan a pudrirse en el campo. Hombres y mujeres que platicaron con la secretaria de Gobernación y la gobernadora de Guerrero tienen el miedo a flor de piel.

De acuerdo con información de medios de comunicación nacionales y estatales, así como datos preliminares de las autoridades federales y estatales, al menos 23 viviendas fueron completamente quemadas y destruidas luego de la incursión de hombres armados que son integrantes del grupo delictivo “Los Ardillos” que lucha cada centímetro de esa zona con “Los Tlacos” y diversos policías comunitarios.

La infraestructura habitacional de la comunidad se redujo de manera drástica debido a las hostilidades registradas. Las autoridades estatales de Guerrero confirmaron que 23 viviendas fueron completamente quemadas e incendiadas tras las incursiones armadas, lo que representa la pérdida de casi una cuarta parte del patrimonio inmobiliario del pueblo y provocó el desplazamiento de la totalidad de sus habitantes hacia comunidades vecinas como Alcozacán.

Los daños visibles a las viviendas, todas construidas con láminas y madera, parecen reproducir ataques aéreos por lo que se intuye la utilización de drones con explosivos cuyo uso y operación se ha atribuido a grupos delictivos de la región.

Las agresiones con drones y armas de alto poder, además de destruir sus viviendas y sus animales de campo como vacas y burros, hicieron añicos la confianza en las autoridades que se les han acercado ya que, insisten los desplazados, se sintieron abandonados por el gobierno de los tres órdenes.

Tula es una comunidad indígena nahua perteneciente al municipio de Chilapa de Álvarez, en el estado de Guerrero, ubicada a mil 600 metros de altura. De acuerdo con los registros oficiales y los datos sociodemográficos más recientes tiene una población aproximada de entre 400 y 450 habitantes y un aproximado de 90 a 110 viviendas en su totalidad.

La comunidad es vecina de otras dos poblaciones indígenas que también han sufrido consecuencias negativas como son Colotepec y Xicotlán, cuyos habitantes fueron usados como escudos para evitar la incursión de las fuerzas de la Guardia Nacional, la Policía del Estado y la Policía Investigadora Ministerial. Así, los agresores tuvieron tiempo para escapar de la zona y ocultarse.

Cuando algunos habitantes desplazados fueron interrogados por periodistas acerca de lo qué harán ahora sin viviendas y algunos sin ganado, la respuesta fue simple:

—Aguantar, a ver cuánto aguantamos…

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