De la PGR a la FGR… el mismo estiércol apestoso
Carlos Ortiz Moreno
Recuerdo perfectamente cuando aquel viejo dirigente estudiantil sobreviviente de la matanza de Tlatelolco, Eduardo Valle Espinoza “El Búho”, fue entrevistado por la Revista Proceso en torno a su experiencia como asesor principal de Jorge Carpizo MacGregor, quien era titular de aquella vieja Procuraduría General de la República.
“El Búho” había sido invitado por Carpizo para integrar un equipo de gente honesta, limpia y sin compromisos con poderes ni políticos ni delictivos para intentar hacer algo con los temas de las drogas que apaleaban a las juventudes de siempre. Se decía que un civil podía ser la diferencia.
Valle Espinoza fue el primero en dar a la luz pública la existencia del cártel del Golfo, con sede en Tamaulipas y presencia operativa en una docena de estados más, bajo la dirección de Juan García Abrego. Gracias a la información que recabó se logró desmantelar toda la estructura financiera de García-Ábrego, que en ese tiempo era el líder de esa organización criminal.
Cualquiera le reconoció que realizó una de las primeras investigaciones más minuciosas, valientes, arriesgadas y peligrosas que se han hecho sobre una estructura criminal en México.
Luego, en el 94, el presidente Carlos Salinas de Gortari nombró a Jorge Carpizo como secretario de Gobernación y el Búho Valle dejó la PGR con un enorme desencanto.
En la entrevista que se me viene a la memoria, “El Búho” admitió haber conocido los secretos del narcotráfico y de las mafias que en México y Estados Unidos lo controlan en que están involucrados, en ambos países, conocidos políticos de partidos que reciben canonjías y dinero público.
Incluso, señaló que detrás del asesinato del entonces candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio, existía una red de narco políticos. Todo esto era señalado abiertamente hace ya tres décadas en donde demostró que combatir el crimen no era labor de carniceros, como lo intentó el panista Felipe Calderón Hinojosa, sino de inteligencia que juega papel preponderante.
Se me quedó muy grabada en la memoria su dicho público:
—En la PGR corren dos grandes ríos. Uno es el entramado de investigadores que chocan con la pared y no la pueden traspasar porque rompería el equilibrio de la clase política. El otro río era una enorme caída de mierda y corrupción al grado de que, en varias detenciones de narcotraficantes realizadas en zonas serranas, los propios agentes federales eran comprados por los detenidos para que los cargaran a mamache y así evitar ensuciarse con el monte que atravesaban ya esposados.
Este jueves, con una salida fingida en esa enorme institución, fue un día que me volvió a traer esos recuerdos de testimonios nefastos de lo que hacen quienes investigan los delitos.
México atraviesa un momento sumamente complicado, con la gente dividida por Ya saben quién y que sigue soplando con el abanico de la estupidez quien suplió a ese personaje.
En la salida de Alejandro Gertz Manero, el viejo rencoroso y mala onda, se revive aquella frase del priismo rancio de hace cuatro a cinco décadas: encierro o destierro. Ahora, con Morena y todo su poderío de gobierno, se modifica ese dicho con el encierro, destierro… o entierro…
Como los marranos, seguimos encerrados y atiborrados en un mar de mierda donde se tiene que pisar y embarrarse sin importar si eres de alta alcurnia o un simple y común ciudadano.
Creo que somos muchos los que no queremos un México así.
¿O no?
