Sin medias tintas

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Jorge VALDEZ REYCEN

* Teloloapan: una crónica de terror en 1990

* Pedro Pablo apresó e iba a colgar a Félix

* Cuando 500 hombres se levantaron en armas

Amarrado “como cuche”, encerrado en la cárcel municipal de Teloloapan –a donde había acudido a negociar la liberación del Ayuntamiento tecampanero— Félix Salgado Macedonio era diputado federal “costales” –le decían— y Pedro Pablo Urióstegui Salgado le ató una soga al cuello y le gritó: “¡Te vamos a colgar, por traidor!”.

Eran los momentos más álgidos, de una crónica de terror que se vivía en un pueblo que había tomado las armas y declarado la guerra al PRD, pues habían dejado solo a Pedro Pablo durante la captura del legendario ganadero fundador del Frente Democrático Nacional, por parte del gobierno federal.

Rubén Figueroa Alcocer operó la liberación de Pedro Pablo Urióstegui y lo convirtió al PRI. Ya excarcelado, nuevamente movilizó a 500 hombres armados y tomó el Palacio Municipal durante días. Félix Salgado confiaba en persuadir a su compadre Pedro Pablo de formar un Concejo Municipal y convocar a elecciones extraordinarias, como Rosalío Wences Reza, dirigente estatal del PRD proponía.

–Ni madres!! Te voy a colgar de la campana –gritaba enardecido Pedro Pablo a un Félix Salgado sometido, amarrado desde los hombros hasta las rodillas.

La celda estaba en la planta baja y lo subieron “de aguilita” al diputado costales. La gente enardecida coreaba: “muera… Félix… traidor…” La sentencia estaba dictada, en un juicio sumario que terminaría en linchamiento del que sería en 1993 candidato del PRD a la gubernatura de Guerrero.

–Déjame hablar… –clamó Félix a su compadre. Y agregó, en un acto de audacia: “tengo derecho a defenderme y hablar”. Un codazo en la panza fue la respuesta.

–¡Tú no eres asesino, Pedro Pablo! –gritó Félix y se escuchó en la bocina. La gente comenzó a gritar: “muera… traidor” con más fuerza. Pero hubo voces también: “que hable… que se defienda”.

Y con un discurso emotivo, propio de caudillos, Félix dijo que Teloloapan no era tierra de asesinos, ni Pedro Pablo era un asesino. Recordó la lucha con Cuauhtémoc Cárdenas, por la democracia y la gente guardó silencio.

Félix gritaba con voz ronca, no ser traidor de la lucha. Culpó al PRI y a los gobernantes de sembrar discordias y pleitos. La soga le apretaba el cuello. Lo habían subido a una silla en el balcón central. La reata estaba amarrada de las cadenas donde pendía la campana de bronce. El silencio en la plaza cívica llamado “Jardín de la Solidaridad” era total.

Sí, Félix estuvo a punto de ser colgado por Pedro Pablo. ¿Cómo se salvó? Gritando ser inocente y clamando que la lucha era contra el PRI, contra Figueroa… Arengó al pueblo a luchar por la democracia al lado de Cárdenas. Durante minutos, la gente comenzó a dudar. Ya no había gritos… Félix pedía agua. “No pido perdón, porque no soy traidor y lo sabes Pedro Pablo… soy hombre y me muero como los hombres”.

A Pedro Pablo lo seguían más de 600 hombres dispuestos a todo. ¿Qué pasó por su mente? ¿Por qué le perdonó la vida a Félix? Fue algo que no se supo.

Pedro Pablo Urióstegui Salgado fue encontrado la semana pasada muerto a balazos, con huellas de tortura, en un tendajón solitario del crucero de Pachivia. Nadie reivindicó el crimen.

La crónica de este episodio se publicó en las páginas de “El Sol de Acapulco”, con fotografías exclusivas. El lector podrá consultarlo en la hemeroteca estatal o la del puerto.

Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.

#OpiniónExpresiones El día que la historia hubiera cambiado en Guerrero y especialmente para la vida de uno de sus más polémicos políticos.

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