Historias de rupturas priistas

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Especial

En 1998, el PRI se enfrentó al PRI. Cacique contra cacique. Rubén Figueroa Alcocer contra Ángel Aguirre Rivero. Los dos grupos contaban con apoyo nacional, los aguirristas con Francisco Labastida Ochoa y Figueroa Alcocer buscó bando con René Juárez Cisneros y Carlos Rojas Gutiérrez… y el presidente Ernesto Zedillo.

Hay que subrayar que se trató de una batalla fratricida que enfrentó a militantes y simpatizantes de ambos en dos ocasiones con saldos de lesionados. La sangre caliente de los guerrerenses se manifestó cuando los grupos de seguidores no contuvieron sus enojos intrapartidistas.

En esa ocasión, el PRI Guerrero inscribió a Guadalupe Gómez Maganda, Porfirio Camarena Castro, Florencio Salazar Adame, Carlos Vega Memije, René Juárez Cisneros y Manuel Añorve Baños, éstos dos últimos representando al cacicazgo de ese momento en la política guerrerense. Uno dominaba políticamente ambas costas y Acapulco. El otro, el resto del estado.

Dicen los que conocieron las tripas de esa revolución partidista que René Juárez Cisneros estaba señalado como el famoso “tapado” priista, pero Ángel Aguirre Rivero, entonces gobernador interino que había sustituido a Figueroa Alcocer por la matanza de Aguas Blancas, metió a la contienda a su primo Manuel Añorve Baños a la fuerza.

Por eso, el acapulqueño René Juárez Cisneros buscó la alianza con el figueroismo evidenciando la traición a su palabra de no intervenir que había cometido Aguirre Rivero. Para presionar, amagó con salirse del PRI y buscar la candidatura con otros aliados políticos.

Ya en las elecciones internas, Manuel Añorve ganó los territorios aguirristas. René Juárez arrasó en los territorios figueroistas y se impuso casi 3 a 1 en la numeración total estatal. Por más que se alegó que los figueroistas y la gente de René Juárez Cisneros embarazaron las urnas hasta hacerlas vomitar nunca se les probó el señalamiento.

René Juárez Cisneros recibió la constancia de mayoría y la designación de la candidatura ante apenas unos dos mil militantes del PRI. No hubo aquel jolgorio y fiesta que caracterizaron el gran acarreo que tuvo el tricolor con Alejandro Cervantes Delgado, José Francisco Ruiz Massieu o Rubén Figueroa Alcocer.

Manuel y René nunca se dieron la mano. A pesar de diversos encuentros en que ni se hablaban, finalmente el gobernador Aguirre Rivero tuvo que desechar cualquier otra intentona de descarrilar el tren de la unidad, que era la real fuerza del PRI. Manuel regresó a la presidencia municipal de Acapulco y en la calle, en la costera Miguel Alemán, encontraba a los trabajadores hoteleros que le refrendaban su apoyo.

—Licenciado Añorve. Váyase al PRD y lo hacemos gobernador de Guerrero, era la canción de las sirenas que escuchaba en todas las giras de trabajo que realizó en diversas colonias populares después de la contienda interna.

A todas esas canciones, Manuel Añorve Baños aparentemente se mantuvo ecuánime y sereno. Su primo y jefe del clan político le había pedido repetidamente que olvidara todos los sinsabores, se lamiera las heridas y siguiera adelante en la labor de unificar a la militancia priista, así como a los seguidores de uno y de otro.

Enfrente, el creciente Partido de la Revolución Democrática eligió nuevamente a Félix Salgado Macedonio, quien fuera alfil de José Francisco Ruiz Massieu en su venganza contra Filiberto Vigueras Lázaro. Una historia mal contada y a conveniencia por periodistas que, en estos tiempos pandémicos, conviene a los intereses del actual precandidato (por tercera ocasión) a la candidatura a la gubernatura de Guerrero.

El mismo nativo de Las Querendas ya había sido derrotado por Figueroa Alcocer en las elecciones anteriores y para evitar mayores escándalos recibió jugosas ganancias del hombre fuerte de Huitzuco. Incluso, es de todos sabidos, organizó un plantón en el zócalo de Chilpancingo donde un intenso aguacero terminó de derrumbar a sus seguidores que jamás lo vieron mojarse.

El día de las votaciones, el alcalde acapulqueño fue acompañado de su séquito oficial de prensa y un grupo de reporteros que cubrirían el evento. Añorve Baños se encerró en la mampara, protegido de las cortinas de plástico. Un camarógrafo, en el auténtico ánimo informativo, levantó su equipo y grabo por encima de la mampara.

Horas más tarde, cuando revisó el material, descubrió la traición. El priista había tachado la boleta en el cuadro que decía Partido de la Revolución Democrática. Y la información fue bien vendida a la gente de René Juárez Cisneros que, tras ganar con una mínima proporción al calentano Salgado Macedonio, se desquitó con el olvido oficial de toda la gente de Añorve Baños.

Hubo incluso una reunión con liderazgos priistas de Acapulco, con René Juárez Cisneros ya como gobernador electo, donde el nuevo mandatario estatal les dijo que no iban a recibir ayuda alguna de parte de su gobierno, ni los sitios que representaban, mientras él fuera gobernador de la entidad.

Cumplió a cabalidad su palabra y la entonces oposición al priismo creció. La mejor prueba fue la derrota que infringió Zeferino Torreblanca Galindo a Héctor Astudillo Flores quien, a pesar de contar con todo el respaldo del saliente gobernador Juárez Cisneros, no pudo frenar la arrasadora maquinaria de votos que obtuvo el jalisciense.

Hoy, la situación parece ser la misma. Los mismos personajes. Las mismas condiciones de ruptura. La única diferencia es que hay un electorado vivo, pensante, aunque preocupado por los efectos negativos a su economía por la pandemia. Ah, y uno de los contendientes enfrenta una severa acusación de violación sexual que podría cambiar el panorama para unos y para otros.

La otra ruptura, la más reciente fue precisamente entre Manuel Añorve Baños y su jefe político, primo además, Ángel Heladio Aguirre Rivero, pero esa es otra historia que merece ser contada en otro espacio.

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