Patrulla de papel

Views: 167

Enrique Castillo González

Con un brazo roto…

Enrique Castillo González

Recientemente, en el Tanque de Ideas desarrollamos temas calculando que esos serán fundamentales para las plataformas de la nueva fuerza armada mexicana; los temas son ¿cómo se podrá adoctrinar a la Guardia Nacional en su sentido de pertenencia? ¿sentido del deber? ¿principios de obediencia?; estamos hablando de La Guardia Nacional; desde algún sillón del Think Tank alguien dijo algo e ipso facto abrió una tormenta de ideas.

Involucremos las enseñanzas de Maquiavelo —-dijo uno—, usemos los mismos principios de Mauricio de Nassau, dijo otro. Alguien más agregó: los apuntes de Gustavo Adolfo y Raimondo Montecuccoli serian de utilidad —el escribiente tomaba nota, pero quien habló primero lo volvió a hacer.

Antes de darnos a la tarea de trazar algún ensayo hablemos del primer principio generador de una fuerza armada —-Wilson, quien hablaba dijo— tratemos pues del mismo principio que en Prusia implantó Friedrich der Grobeespir de corp… —Galo Wilson observó que alrededor de la mesa se prendían rostros de a’chingá y entonces decidió dar una explicación más llana.

Federico II respetaba a Maquiavelo, reconocía principios de Gustavo el Sueco, disfrutaba leer a Muntecuccoli, más siempre le apostó a “el Espíritu de Cuerpo”.

Como moderador de la tenida percibí que esa estaba por convertirse en una guerra de intelectos y puyas de conocimientos de guerra y defensa, me permití tomar la palabra, Tirios y Troyanos en el Think Tank dirigieron la punta de su nariz hacia donde yo estaba por lo que me di por autorizado.

Anécdotas, contemos anécdotas, toda escuela militar tiene miles de esas, la única condición para que esas fabulas axiológicas sea válida y alimenten el espir de corp es que, reconozca camaradería, sea digna y patriótica ah, y que esa solo se cuente entre hermanos de armas

Hindenburg, con sobrio contacto visual aprobó que usara yo esa retórica militar para explicar el cómo creo que se debe adoctrinar a esa fuerza armada con misiones de Seguridad Pública. Va entonces una anécdota.

Cd. de México, corría el segundo semestre de 1984; dentro de los bosques del Heroico Colegio Militar 335 cadetes de 4to año sufrían tramitando físicamente el Curso Básico de Paracaidismo. Instructores de tropa de la Brigada de Paracaidistas en un lapso de tres meses hacían casi reventar el alma de esos adolescentes que se preparaban para ser oficiales y paracaidistas del Ejército Mexicano.

Prácticas en la Base Aérea de Santa Lucía, ubicada en el estado de México

Entre los aspirantes a Paracaidistas Militares estaba un cadete chilpancingueño, Hugo Plasencia, buscaba todas las formas para no estar frente a los ojos del mando ni de los instructores, sus compañeros fueron cómplices del guerrerense; todo funcionaba, Hugo desarrollaba cuanto ejercicio o acción era ordenada; aquí me he de detener para explicar algo, lo realmente difícil de ese curso es el esfuerzo físico, los cinco saltos desde una nave en vuelo desde más de mil metros de altura habría de ser lo menos complicado; ahora, seguro usted se pregunta ¿Por qué Hugo Plasencia actuaba de esa forma?

Plasencia estaba cumpliendo la última semana del curso de paracaidismo con un brazo roto, resulta que en días “francos” fue a jugar futbol con el equipo de su barrio a Tixtla, ahí tuvo una fractura impactada de cúbito; regresó al Colegio Militar, mantuvo la fractura en secreto, sí, yeso inmovilizador protegía cúbito y radio más la exigencia médica pedía reposo absoluto y ¿cree usted que las exigencias de la actividad que Placencia desarrollaba calificaban como “reposo absoluto”; un instructor se dio cuenta, sudor frío y cierto rictus del chilpancingueño fueron los indiscretos, y cuando Lugo estaba por ser “incapacitado” tomó él la iniciativa de hablar con el comandante de la brigada de paracaidistas y, los argumentos que el cadete puso frente al señor General Delfino M. Palmerín Cordero permitieron a Plasencia ponerse las alas.

Mi General, respetuosamente solicito a concluir el curso, he cumplido a cabalidad lo que se me ha ordenado, solo me faltan los cinco saltos reglamentarios. Cuando el general estaba por desautorizar que el cadete continuara en el curso Hugo agregó: soy el sargento primero de mi compañía, nada me deshonraría más que no “saltar” a lado de mis subordinados. Dicen que el General Palmerín cruzó miradas con el Tte.Cor Mariano, Médico de la Brigada de Paracaidistas y en ese lenguaje de camaradas el Doctor se hizo responsable; cuenta el entonces Sargento Primero de Cadetes Hugo Plasencia.

Todavía recuerdo el primer salto, lo realicé en la lideresa, de número uno, saltaba en esa misma aeronave el General Palmerín y su esposa. Hugo agrega: ese día realicé dos saltos para emparejarme con el resto de la “antigüedad” (compañeros) —y ahonda emocionado su comentario— cayendo el primero y alcancé el último grupo de vuelo y el último avión. Casi 40 años después Plasencia deja ver el mismo rostro de aquella emoción y dice: es algo que todavía recuerdo.

No necesité horquillamiento para dar en los blancos, todos en la mesa se dieron por enterados solo un leve movimiento en el rostro de Paul von Hindenburg me hizo saber que él iba a cerrar los trabajos de esta fructífera tenida. El prusiano dijo:

todo cuerpo armado requiere de cohesión y empatía para conducirse en armonía, su responsabilidad es muy alta, por ello las organizaciones internacionales las observan y les demandan absoluto respeto a los derechos humanos. Hindenburg cambia filtro en la voz y usa la más firme: en el caso de la Guardia Nacional no debemos pensar en su espíritu de cuerpo porque ese se construye sobre la marcha, ellos, los fundadores y patrones de esa fuerza, deben anteponer la seguridad de los ciudadanos a la suya.

Paul von Hindenburg vuelve a encender su pipa, aunque los que lo conocemos sabemos qué hace eso para darnos tiempo a digerir sus temas y cierra diciendo: el Espíritu de Cuerpo es más una consecuencia del bien actuar, que un requisito u objetivo.

En la mesa se comenzó a escuchar el bisbiseo de la aprobación, un carraspeo del Prusiano silenció todo, el Mariscal concluyó –deberíamos preguntarnos ¿ya logró la Guardia Nacional generar espíritu de cuerpo? Si esa meta ya se hubiera logrado estaríamos tranquilos… acá llega una vez más el fino humor germano pues Hindenburg cierra diciendo— pero ¿en caso contrario?

Último patrullaje.– En los micro universos militares tales anécdotas acompañan toda la vida a los hombres de armas, sea durante los servicios de guardia en prevención, sea durante largas noches bajo las estrellas, sinceramente creo que la historia del brazo roto del sargento primero (grado máximo para un cadete) rayó en lo heroico, aunque para ellos queda solo en eso, una anécdota… y sí, así es; como bien señaló Hindenburg, “así es como se construye el espir de corp”.

Balazo al aire.- El alma no tiene voz

Greguería.- callado me escucho más.

Haiku.- ríos de palabras,

               y todos van a ti,

               mujer…

error: Content is protected !!