Acapulco: un rostro diferente

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Gaby Carmona Astudillo

Gaby Carmona Astudillo

La franja turística en Acapulco está cerrada, las playas están desiertas, limpias del virus humano que tanto daño le ha hecho al mar, al medio ambiente, al clima.

Caminar sobre la franja turística —tan ruidosa en otros tiempos— nos permite apreciar lo bello que es escuchar el sonido de las aves al amanecer y observar el sol naciente que nos regala su belleza.

Volver la mirada a las hospederías que por muchas décadas alojaron a tantas personas en temporada vacacional o fuera de estas, hoy lucen casi vacías, solo personal de seguridad recorre vigilante sus instalaciones a fin de evitar que nadie se meta, en estos tiempos de contingencia.

Poco a pocos, los hoteles van anunciando el cierre de sus actividades, algunos han empezado a despedir a sus empleados, otros se quedarán a trabajar desde casa, pero solo habrán de cobrar una quincena, deben ser tiempos de solidaridad les han dicho.

El ambiente se percibe tenso, angustiante, lleno de temor y de miedo, pero no a la pandemia que golpea al mundo, sino por la crisis económica por la que habrán de atravesar en los próximos días miles de familias que viven de la actividad turística.

Caminar por la costera Miguel Alemán da una sensación de muerte lenta, de baja vibración, es como si la pandemia se llevara toda esperanza de vida; los trabajadores de la hotelería tendrán problemas para sobrevivir en los días por venir, no habrá ni una despensa ni un bono que les permita llevar los días futuros. Sus rostros lo dicen todo. Y más allá, en la zona Diamante, la vida sigue su curso, por las noches hay más actividad que en los dos Acapulco. En algunos establecimientos nadie respeta la sana distancia y la gente no se preocupa por mantenerla, las filas en cajas son largas sin ningún control al momento de pagar. Fuera de la plaza más concurrida, el transporte liviano hace de las suyas, algunos llenos otros semi vacíos. Otros establecimientos han bajado sus cortinas, más a fuerzas que de ganas.

Las sucursales bancarias no tardan en poner candados a sus puertas, actualmente son pocos los que tienen actividad, en tanto los cajeros están sin servicio.

Hoy las playas del puerto lucen vacías y los atrevidos son exhortados a salir del mar y dejar la franja de arena e irse a sus casas. Lo hacen más a fuerzas que de ganas. Las playas lucen limpias, hermosas, el virus humano las dejará descansar mientras dure la pandemia, tiempo suficiente para que la tierra descanse del virus más letal, el humano, que cada temporada dejaba toneladas de basura en la playa.

Hay actividad en algunos establecimientos, los empresarios avaros están haciendo su agosto en pleno abril, los precios de la canasta básica se han incrementado y el huevo tiene un precio entre 80 y noventa pesos, se necesita determinación para frenar el alza de precios, pero la dependencia responsable duerme el sueño de los justos.

El transporte público anda sobre ruedas, los concesionarios de taxis amarillos se niegan a detener las unidades, hay que pagar cuenta y llevar algo para que la familia coma, insisten los choferes. La realidad es que al pulpo nadie lo puede frenar, ojalá comprendan que la situación se torna seria.

Se debe reconocer el enorme esfuerzo que está realizando el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, como jefe del ejecutivo que con prudencia y responsabilidad hace frente a la situación, junto a él están el Secretario de Salud, Carlos de la Peña Pintos, quien le ha tocado recoger los números fríos y llevar el control de los hospitales en la entidad, muy cerca del gobernador del estado está el Secretario de Finanzas, Tulio Pérez Calvo, quien tiene la enorme responsabilidad de hacer que los recursos económicos rindan para hacer frente a este problema , ambos funcionarios sin duda alguna tienen a un gran líder.

Estamos seguros de que la situación habrá de sacar lo mejor de cada ser humano, de cada guerrerense y de cada acapulqueño, son tiempos de reflexión, de modificar actitudes y cambiar lo negativo a lo positivo. Por lo pronto, ayudemos a la autoridad a quedarnos en casa, apoyemos a los trabajadores de la salud, cuidemos nuestro entorno, cuidemos a la familia, cuidémonos unos a los otros.

Elevemos las energías, hay que sonreír mucho ante la adversidad, hay que ayudar al que menos tiene, si puedes hacerlo hazlo, hagámoslo por nuestra familia y por el lugar en el que vivimos.

Cambiemos hoy, es nuestra última oportunidad. Hoy las playas de mi ciudad lucen diferentes, mi ciudad está diferente, mi gente está preocupada, pero todo pasará para bien de todos, tengo fe en que logren comprender la dimensión del problema. Sin duda alguna veremos qué pasa.

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