Flecha Rota

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Enrique Gutiérrez San Miguel

¿LA “HUMANIZACIÓN” DE LAS MASCOTAS ES VIOLENCIA ANIMAL?

Las familias tienden a transformarse y aun cuando en México prevalecen valores que mantienen a la familia nuclear o en un sólo hogar, la economía o el tiempo que es posible dedicar a los hijos, hacen que se tome la decisión, principalmente en los nacidos entre los años 80’s y 90’s, de postergar la paternidad o de plano excluirla de sus planes.

Esto ha propiciado el cuidado de otros seres, para evitar la responsabilidad que conlleva el cuidado de un hijo y esta tarea mayúscula se substituyó por el cuidado de plantas o animales.  Aun cuando esto no implica dificultades mayores, comparado con el cuidado de un ser humano o hijo, se ha notado una humanización y sobreprotección que no es del todo sana para dueños ni para mascotas.

ESTADÍSTICAS

Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en 2014 las familias mexicanas mantenían una estructura nuclear tradicional: nueve de cada 10 hogares eran familiares y de estos, siete de cada 10 se integraban por padres e hijos y solo en uno había una persona o varias que no compartían el vínculo sanguíneo; sin embargo, en los Estados Unidos, entre 2007 y 2012, las tasas de natalidad se redujeron en un 15  por ciento por razones como las dificultades económicas y laborales, pero también debido a la consideración de que a una nueva generación no se le estaría dejando un mundo precisamente justo y además sobrepoblado.

Como consecuencia, en el país del norte, principalmente entre las nuevas generaciones, muchos hogares se forman entre amigos, compañeros del trabajo e incluso desconocidos, los llamados roomies, para compartir la renta y los gastos de la vivienda.

Según el especialista del Instituto de Investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Carlos Welti Chanes, hay ciertos paralelismos en lo que piensan los mexicanos; sus trabajos señalaron en 2017 que aquí el 50 por ciento de las familias son nucleares o extensas, incluyendo abuelos o nietos, mientras que el 42 por ciento son familias en transición, es decir, madres solteras, siendo ellas mayoritarias en este grupo, parejas sin hijos o parejas cuyos hijos ya han iniciado su vida aparte.

Algo interesante ocurre con las familias emergentes que son las que se reconocen como nuevas maneras de construirse. En este grupo están las parejas del mismo sexo o las reconstruidas después de matrimonios anteriores.

SUBSTITUCIÓN

Y es en estas circunstancias en que las mascotas han ocupado un gran espacio entre los seres humanos, incluso, los perros y los gatos se han convertido en hijos y miembros de la familia, que reciben trato similar al que requieren los seres humanos.

El amor por los animales hace que las personas los traten como seres humanos y por eso se pueden ver restaurantes de lujo para perros, escuelas, fiestas de cumpleaños, clubes, peluquerías, almacenes de ropa y otros establecimientos dedicados a someter a los animales a actividades propias de las personas.

Según asevera el especialista, comportamientos como gastar más dinero en el perro que en uno mismo, comprarle ropa humanoide, publicar fotografías en redes sociales del animal en las que parece que este se está tomando una selfie, crearle perfiles en redes sociales, llamarlo mi bebé y otras actitudes parecidas podrían ser señales de que se padece de algún trastorno psicológico dado que cuando uno invierte tanto en una mascota provoca que los humanos comiencen a generar grandes expectativas en el perro o en el gato adoptado.

A este respecto, la doctora en Psicología, Carmen Cerda Beltrán, cuya práctica terapéutica se desarrolla diariamente en el hospital Médica Sur de la capital del país, señala:

No podemos decir que esta conducta sea patológica; de hecho, puede ser positiva porque permite que las personas vuelquen conceptos humanísticos de gran valía como el afecto, la compasión, la ayuda o apoyo a seres indefensos, etcétera, sobre otros seres vivos, pero ciertamente el exceso de estos afectos hacia los animales puede no ser tan positivo.

Y ejemplificó esto con el caso públicamente conocido, cuyo esposo prefería a la mascota: le brindaba más atención, le destinaba mayores recursos económicos, más tiempo e interés, que a la esposa. Esto no es sano y desde luego refleja cierta incapacidad para establecer relaciones convencionales con la pareja humana:

Se refiere a falta de empatía, comunicación, paciencia, afecto y otros conceptos deseables las relaciones humanas, entonces, los afectados por esta carencia vuelcan sus necesidades afectivas, se relacionan más con las mascotas porque, por ejemplo, en los perros, los animales no reclaman, no regañan, no exigen y siempre ofrecen cariño, compañía, manifiestan abiertamente su alegría cuando el cuidador, que trabajó todo el día, llega al hogar y más, como no lo hacemos los seres humanos.

Entonces, si bien no cabe el diagnóstico patológico, sí refleja un cierto grado de carencias afectivas, soledad, depresión, soledad, aislamiento y en resumen una cierta deficiencia psicológica que podría volverse radical considerando el término como substituto de las relaciones humanas y esto se puede ejemplificar cuando resulta de mayor importancia apoyar a un animal herido que a un niño lastimado, por ejemplo.

VIOLENCIA ANIMAL

Por otra parte, tratar a los animales como a hijos humanos provoca que las criaturas se vuelvan sumamente dependientes. Esto puede causar que cuando el humano no está en casa, el animal se sienta ansioso, sufra ataques de pánico, destruya objetos y orine o defeque dentro de la casa.

En la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, FMVZ, de la misma UNAM, se asevera que perros y gatos no son tan inocentes como parecen y son conscientes de la relación costo-beneficio de comportarse mal, pues saben que cuando incurren en algún comportamiento de ese estilo, pueden llamar la atención y obtener algún beneficio de los dueños.

Es por eso que se hace un llamado a los dueños a no integrar a los animales en rituales y costumbres humanas debido a que no necesitan ni comprenden eventos como bodas o fiestas de cumpleaños: los animales solo necesitan no padecer hambre o sed, contar con un lugar para resguardarse del ambiente, recibir atención médica y tener libertad para expresar su comportamiento animal y no el comportamiento humano al que los obligan ciertos dueños.

La humanización de las mascotas, según confirma la misma FMVZ, en un boletín informativo sobre el tema, es una situación que se repite más en relación con la tendencia de abstenerse de tener hijos. Hablamos de exigir comportamientos que no son propios de su especie, de tratar como humano a un perro o gato sin importar las formas de comunicación que tienen o costumbres que les pueden molestar.

Adornarlos excesivamente, disfrazarlos, mantenerlos cargados como si fueran infantes humanos o no dejarlos salir, forman parte de estas conductas poco sanas.

El apego excesivo, es decir, que la mascota pase demasiado tiempo con su dueño, deviene en ansiedad por separación y dependencia. Al separarse de los humanos, los animales pueden sufrir incluso ataques de pánico en los que destruyen muebles u otros objetos y orinan o defecan en interiores.

Otra expresión de la sobreprotección está en no dejarlos salir por lo que el animal no se encuentra preparado para situaciones peligrosas y es fácil que se pierda en las calles. Además, la poca actividad física al interior del hogar puede afectar su salud.

Al cuidado de una mascota se debe responder cubriendo las necesidades básicas, pero no preocupándose de manera exagerada por él para así brindarle la libertad que necesita. Asimismo, se le debe educar para ganarse premios y no llenarle de estos en todo momento. En cuanto realice una buena acción se le puede premiar; para esto, como para los regaños bien justificados, no hay que dejar pasar tiempo. Así el animal relaciona acción y reacción, educándose de poco en poco.

Si se le sobreprotege no desarrollará las cualidades de su especie, lo que supone un problema al defenderse de amenazas. También el analizar el entorno por medio del olfato, hacer uso de su curiosidad y rastrear lo que se encuentra a su alrededor, es algo que le será impedido si se le adorna en exceso, se le disfraza o se le mantiene cargado.

Esto puede generar comportamientos pocos sanos en los animales como agresividad, ansiedad (como ya se detalló) y una mayor propensión a enfermedades como la obesidad, sobre todo en gatos. En este especial caso, ellos están predispuestos a hacer mucho ejercicio y a alcanzar cualquier cosa que les llame la atención, por lo que sobrealimentándolos estaríamos coartando también sus capacidades innatas.

Es sumamente importante tener en cuenta que, más que una curiosidad que provoca ternura, la mascota es un ser que tiene necesidades propias. El respeto a esto puede significar un mejor entendimiento de nuestro compañero que nos permitirá actuar en torno a su naturaleza animal y no tanto a nuestro egoísmo.

EL ENCANTADOR DE PERROS

El conocido experto canino que se popularizó en televisión, César Millán, confirmó también que, si bien los dueños de los perros hacen esto porque quieren mucho a sus mascotas, eso no significa que sea un buen trato. Por el contrario, humanizar a los animales hace que pierdan su identidad, que se sientan frustrados, ansiosos e inseguros.

“No se están teniendo en cuenta las necesidades del animal aseveraba. El ser humano se ha enfocado en ser profesional y no en tener familia. Por eso quieren llenar ese vacío con los animales. Pero los animales se sienten incompletos porque no son seres humanos y tienen otras necesidades físicas y psicológicas”, asevera Millán, quien añade que hace 50 años los problemas psicológicos de los perros no eran tan frecuentes porque eran tratados como animales y estaban en espacios grandes. Ahora viven dentro de una casa, aburridos y sin actividad física.

“Un perro de la calle se comporta mejor que uno que vive dentro de la casa, decía Millán; tiene ese reto de sobrevivir, de buscar alimento y desarrolla todas sus capacidades. El perro que vive en la casa no tiene trabajo, no camina más de 15 minutos, no tiene propósito”.

¿QUIÉN ES MAS FELIZ?

El debate ahora sobre el derecho de los animales consiste en averiguar quién vive más feliz: ¿El perro vagabundo que sigue libremente sus instintos, sin estar sometido a ninguna regla, o aquel que está en el sofá de una casa aislado del resto de sus congéneres?

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