Sin medias tintas

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Jorge VALDEZ REYCEN

* El Gran Maratón Náutico del Rio Balsas

* Nació en Guerrero… en el río Mezcala

* Reminiscencias de una justa deportiva

Jorge Valdez Reycen

Los rápidos de Santa Elena, sobre el río Mezcala, eran la prueba de fuego para los competidores del Maratón Náutico del Río Balsas.

Enormes rocas, eran la trampa perfecta que sorteaban a velocidades superiores a los 150 kilómetros por hora los intrépidos pilotos de lanchas con turbina y motores fuera de borda. Las mejores imágenes fueron captadas por aire, cuando fotógrafos se colgaban prácticamente del tren de aterrizaje de un helicóptero para descender casi a nivel de rio para tomar fotos impactantes, únicas, de la justa deportiva internacional más legendaria que nació en Guerrero hace 40 años.

Hoy ya no existen los rápidos de Santa Elena. Quedaron sepultados, bajo miles de metros cúbicos de agua, cuando la presa Caracol de la CFE entró en operaciones y varias localidades quedaron sumergidas.

El Maratón Náutico del Rio Balsas era impulsado por el gobierno de Alejandro Cervantes Delgado, en Guerrero, y por su homólogo de Michoacán, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Ambos eran amigos y juntos encabezaron sendos eventos deportivos y culturales.

La emoción de la competencia era indescriptible. Se trataba de una semana completa de acompañar a pilotos, maquinistas, mecánicos, edecanes, modelos, patrocinadores, funcionarios y periodistas, cientos de ellos, adictos a la adrenalina.

El rugido de los motores de las lanchas rápidas con más de 700 caballos de fuerza, que desarrollaban velocidades superiores a los 200 y hasta 300 kilómetros por hora, era un espectáculo único. Pilotos intrépidos, suicidas, desafiaban las leyes de la naturaleza. Velocidad, fuerza, destreza, se conjugaban en cada maniobra en la justa. La primera etapa era desde el puente del río Mezcala hasta lo que ahora es la presa Caracol. Luego la segunda etapa consistía en seguir río abajo por el Balsas hasta Coyuca de Catalán. La presa de Churumuco en Michoacán y hasta la desembocadura del delta del río Balsas con el Océano Pacífico era la tercera fase de la prueba. El final era desde Petacalco hasta la bahía de Zihuatanejo.

Fueron días agotadores, de mucha fatiga… y sol.

El maratón del Balsas era una prueba reina para los pilotos de todo el mundo. Venían de Canadá, Estados Unidos, México, Finlandia, Suecia, España y Centro y Sudamérica.

La fiesta en Zihuatanejo era de dos días. La premiación y el festejo. Eran días de conseguir las mejores imágenes, de ver percances donde los daños eran cuantiosos, porque son lanchas valuadas en dólares.

La última competencia fue en el año 2017. Bajo el patrocinio del gobierno de Michoacán… ya Guerrero no figuró. Pese a que fue aquí donde nació la justa deportiva náutica. En aquel tiempo, muchos pilotos hacían el recorrido desde Zihuatanejo hasta Acapulco, parando en Playa Michigan, en Tecpan de Galeana.

Cada año era una experiencia única. Cada año era el reencuentro de una familia de competidores, de pilotos y de adictos a la adrenalina. Algunos reporteros quedábamos enganchados a esa vida de mucho estrés, de mucho dinero y de una vida de glamur que se daban personas con alto poder adquisitivo. Hubo invitación a ir a otros países a dar la cobertura mediática. Era imposible seguir ese tren de vida…

Lo maravilloso del evento era una convivencia entre los competidores que se retaban, desafiaban y por las noches preparaban la estrategia para ganar cada etapa. Todo el festejo era para el final… ¡uff, qué fiestas!

Experiencias de un reportero… SIN MEDIAS TINTAS.

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