Flecha Rota

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Enrique Gutiérrez San Miguel

Rock Metal: Extraña forma de hermanamiento

Enrique Gutiérrez San Miguel

Acudí a un toquín o concierto de rock metálico, celebrado el pasado 13 de octubre por la noche en el teatro Domingo Soler de Acapulco. Al llegar el ambiente dentro del recinto se percibía alucinante e intimidador: poca luz, la música a volumen elevadísimo y la temperatura ambiente sofocante. De la mayoría del público, jóvenes, maduros y viejos, el 95 por ciento vestía de negro y muchos de ellos tenían el cabello más largo que ellas, hasta la cintura, y lucían profusamente tatuados por todo el cuerpo visible.

Y mientras todos seguían el ritmo, el agobiante calor era paliado con caguamas a $100 pesos que bajaban la temperatura corporal, pero calentaban los ánimos. Asombrosamente esto no generó discusiones o peleas, solo intensificó la pasión musical y aquellos del pelo largo, se organizaron espontáneamente, pasaron al frente del escenario y al unísono agitaban vigorosa y rítmicamente sus frondosas cabelleras, mientras que el resto del público coreaba al ritmo de la música. Por su parte, los intérpretes de Morbit Riot, primer grupo que tocó, oriundo de la CDMX, contagiados del frenesí del público, se unieron a los que pasaron al frente y a mover fuerte la greña con su público, en un momento francamente catártico entre ellos.

Lenny Hammer.

En total fueron cuatro grupos los que participaron: el que ya mencioné de la capital del país, dos locales, Ummeneske y Boicot y los estelares Dekapited, originarios de Chile que tocan juntos desde 2006. Ya al final, durante la participación de los chilenos, el ánimo del público estaba muy intenso, caldeado, alcoholizado, pero sin que se diera enfrentamiento alguno entre ellos; unos agitaban rítmicamente la mano desde su sitio, otros, también en su lugar, movían la melena con furia y los más exacerbados, corrían alocadamente de un lado a otro del recinto, agitando las melenas y chocando festivamente entre ellos, pero sin dañarse, algo así como los carros chocones de una feria.

Francamente en este punto estábamos más que intrigados sobre tal género musical y sus seguidores, así que contacté a Lenny Hammer, uno de los organizadores del evento y que también encabeza con la guitarra al grupo Ummeneske, a quien pregunté: ¿Por qué gritan?, rápido me informó que los vocalistas de este género no gritan, tal como la generalidad consideramos, no cantan de forma convencional sino que interpretan un estilo gutural de canto que requiere mucho entrenamiento y es peligroso, porque si no se hace adecuadamente, causa severas lesiones a las cuerdas vocales del intérprete. 

Asimismo, nuestro amigo Miguel Ángel Cortés García, profesional de la radio y gran conocedor de diversos géneros musicales, nos compartió esta información sobre el canto gutural, al que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define así: “Son los sonidos graves y similares a gruñidos que se producen al tocar con la parte detrás del velo del paladar el dorso de la lengua, o aproximándose al velo creando una constricción dentro de la cual el aire que se espire transitará.

Ummeneske, a todo volumen .

Existen por lo menos dos tipos de constricción laríngea supraglotal que son usadas para obtener la voz gutural: la primera técnica se produce mediante la vibración de las cuerdas vocales y la segunda utilizando los pliegues ariepiglóticos”. Esta técnica de canto, entre los adeptos al género Metal, es conocida como también como death growl.

También acudí a la licenciada en Psicología, Magaly Espositos Gutiérrez, para que comentara este público singular con alguna explicación sobre su comportamiento: “Son tribus urbanas, refiere la especialista, que comparten gustos musicales, vestuarios, comportamientos y formas de vida, identificándose profundamente entre ellos. Muchas de estas manifestaciones tienen que ver con la edad y vemos que la mayoría, aunque no exclusivamente, son jóvenes que buscan una identidad propia y escogen el género musical que nos ocupa porque lleva implícita cierta rebeldía en su estilo, rechaza radicalmente los convencionalismos musicales y esta insubordinación es adoptada por aquellos que también se sienten en contra de algo, generalmente las condiciones sociales o económicas.

Se subliman en diversas intensidades; así como el metal tiene versiones más obscuras que otras, los adeptos se entregan, se sumergen, se posesionan del papel que quieren representar en diversas formas o intensidades: unos agitan su melena y otros corren y chocan entre sí.  Es algo similar a los emos o los darketos que en algún momento proliferaban en las calles de la capital mexicana. Un curioso detalle que nos destaca la psicóloga es que algunos de estos personajes, llevan una doble vida, por llamarlo así, la convencional, trabajando en oficinas, comercios, escuelas y etcétera y la de metalero, con sus vestuarios y el comportamiento descrito.

Este asunto de la doble vida me da pie para culminar mi colaboración semanal, no sin destacar nuevamente que no hubo pleitos y resaltando que los costos del evento, gratuito para el público, fueron aportados por un empresario local, restaurantero exitoso, que también se vistió de negro al igual que su esposa y que me pidió no mencionar su nombre en esta publicación.

Mucha música y cero peleas.
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