Desechan teoría de la incineración

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Ciudad de México.- Con el nuevo rumbo que tomará la investigación del caso Iguala, quedarán eliminados más de 100 indicios y análisis forenses que confirman el registro de un incendio en el basurero de Cocula, donde se presume que fueron incinerados al menos 17 normalistas de Ayotzinapa, publicó el diario Reforma.

En su edición de este miércoles, se añade que desde que asumió el cargo de titular de la Unidad Especial de Investigación y Litigación para el Caso Ayotzinapa, Omar Gómez Trejo ha dejado en claro que la teoría de la incineración de los estudiantes ha sido descartada de antemano por irregularidades en los procedimientos de obtención de evidencias.

Un documento sobre las diligencias practicadas en el basurero de Cocula expone que los peritos en diversas especialidades, particularmente los de antropología forense, ubicaron en el sitio decenas de elementos que prueban una conflagración por las fechas en que fueron secuestrados y desaparecidos los normalistas.

Identificaron elementos biológicos de origen humano calcinados, con características morfológicas de haber sido expuestos al fuego intenso, directo y controlado, así como restos de un mínimo de 17 individuos, número establecido por hueso único, en un rango de edad entre 15 y 34 años.

El 2 de noviembre de 2014 los peritos en materia ambiental identificaron la familia y especie de los organismos vivos de la zona, concluyendo que la edad de las plantas en el basurero era entre 20 y 40 días, y la de las larvas de 37 a 47 días.

Es decir, que la noche del 26 de septiembre de ese año, en que desaparecieron y presumiblemente fueron calcinados algunos estudiantes, corresponde con la temporalidad posterior a la conflagración.

El análisis exhibe una larva con el dorso impregnado por ceniza propia del lugar. A dicho organismo le practicaron análisis taxonómicos y genéticos que arrojaron que pertenece al orden, familia y género conocida como mosca soldado.

Los forenses de la Fiscalía General de la República también establecieron que no se advierte la presencia de heces en forma circundante a la larva.

El propio Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) reconoció en uno de sus posicionamientos que este hallazgo y el hecho de haber sido localizado en uno de los puntos de mayor concentración de restos óseos del basurero, indica que podría estar relacionado con la fauna cadavérica de origen humano o animal.

La Fiscalía también localizó varias rocas inamovibles con impacto térmico, con fracturas irregulares; al retirar los fragmentos fracturados, encontró una “intensa acumulación de hollín derivado principalmente de la combustión” de neumáticos.

En la periferia de la zona desmontada del basurero, los forenses también hallaron restos de caucho y aros metálicos del tamaño y forma utilizados por los neumáticos, material que puede ser objeto de combustión.

En el lugar se hallaron 41 casquillos de bala.

La Fiscalía excavó también en la zona crítica del basurero y sus forenses dictaminaron que había una acumulación de ceniza en el primer estrato del suelo.

El 14 de noviembre de 2014 la FGR hizo una segunda revisión criminalística y concluyó que el incendio tenía una forma semejante a un rectángulo, causado por la combustión de materiales con alta energía calorífica, producto de un fuego controlado, lo que denota la intervención humana.

A raíz de los cuestionamientos sobre la imposibilidad de un incendio, debido a que no fue detectado por satélites de Bélgica y Estados Unidos, la investigación registró los valores de precipitación.

Los indicadores de fines de septiembre de 2014 son de lloviznas o lluvias moderadas y los únicos que no corresponderían a esta categoría son los del 26 y 27 del mismo mes. La estación El Caracol, a más de 33 kilómetros del sitio, registra una lluvia “fuerte” en esa fecha.

La conclusión de la Fiscalía es que este tipo de fenómeno meteorológico impide a los satélites detectar un incendio.

Todas estas pruebas científicas serán desechadas desde ahora en las nuevas líneas de investigación del Caso Iguala.

Dejan de lado cadena de custodia

Uno de los puntos más cuestionados de la investigación ministerial del caso Ayotzinapa es la cadena de custodia de los restos y cenizas hallados en el Río Cocula, donde se obtuvieron las muestras que permitieron a la Universidad de Innsbruck identificar el perfil genético de los normalistas Alexander Mora Venancio y Jhosivani Guerrero de la Cruz.

Sobre los restos del río, los forenses de la FGR realizaron diversos estudios de cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas, análisis de plasma acoplados a espectrometría y dictámenes con microscopio estereoscópico.

Los forenses identificaron 23 ácidos grasos tanto en dos muestras del Río San Juan como en cuatro del basurero de Cocula, con un mismo perfil de distribución. También identificaron 24 compuestos volátiles como producto del tratamiento térmico a una muestra de caucho del basurero y otra del río con un perfil muy semejante.

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