Flecha Rota

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Enrique Gutiérrez San Miguel

El amor se hace con dopamina, serotonina, noreprinefrina y más

_Enrique Gutiérrez San Miguel

El amor, según describe la doctora Isabelen Garza, del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz”, es una “fuerte inclinación emocional hacia una persona, grupo de personas u objetos. Es un sentimiento universal, presente en hombres y mujeres de todas las épocas, sociedades y niveles socioeconómicos. Las relaciones amorosas son extremadamente relevantes en la vida cotidiana y un impulso humano esencial que genera respuestas emocionales específicas que motivan a la persona a buscar pareja con el fin de perpetuar la especie”.

Añade que todos hemos sido seducidos, perturbados, desconcertados o dominados por este sentimiento al que se califica de mágico y que se ha concebido como un éxtasis vertiginoso que brinda momentos de felicidad apasionada, euforia, excitación, risa y satisfacción e implica formas de sentirse aceptado, entendido totalmente y es totalmente relevante en la vida cotidiana.

La especialista continúa: El amor romántico, también llamado amor obsesivo, apasionado o encaprichamiento, proviene de nuestros antepasados para centrar atención en una pareja específica, conservando tiempo y energía, por lo que se ha denominado “la más poderosa motivación humana”.

Una de las primeras cosas que ocurre cuando nos enamoramos, es que experimentamos un cambio brusco en nuestra conciencia; la persona amada se convierte en algo nuevo, único y sumamente importante.

El amor romántico anhela exclusividad sexual y probablemente evolucionó por dos motivos esenciales: para evitar que los varones criaran a otros hijos y para evitar que las mujeres perdieran a su potencial marido y padre ante una rival. Esta ansia de exclusividad sexual permitió a nuestros antepasados reservar casi todo su tiempo para el cortejo de la persona amada.

Básicamente, estos son los centros para procesar el amor en el cerebro.

Neurobiología del amor

Si bien tan poderoso sentimiento humano, literalmente: “mueve al mundo” y desde el inicio de la humanidad ha sido fuente de inspiración romántica, artística y hasta divina: Afrodita, diosa de la belleza, la fertilidad y el amor en la mitología griega, Isis en la egipcia o Ixchel en la maya; la verdad simple es que se trata de un asunto de neuronas, neurotransmisores y sistemas de recompensa; numerosos centros específicos del sistema nervioso central que obedecen a estímulos concretos y naturales que permiten al individuo desarrollar conductas que respondan a hechos placenteros o no, como la risa o la recompensa y el miedo o la agresión.

El tema es de lo más complicado que existe y se adentra hacia diversas estructuras internas del cerebro que se interconectan de una forma extraordinariamente selectiva a través de neuronas sensibles a la dopamina, la serotonina o la norepinefrina, substancias neurotransmisoras presentes en las respuestas nerviosas relacionadas con la expresión de las emociones.

Como esta modesta colaboración a Expresiones Guerrero dista mucho de cualquier pretensión docta y el asunto es absolutamente interesante, por lo menos para un servidor, en esta ocasión y desde el principio solo hemos transcrito  algunos fragmentos del trabajo científico de la doctora Garza, cuya “sencilla complejidad” nos permitirá entender un poco del origen del llamado “dulce tormento”, intercalando nuestras palabras entre éstos, buscando simplificar el concepto, sin embargo enseguida va un fragmento literal del trabajo referido.

“El sistema límbico es un conjunto de estructuras cerebrales, involucradas en respuestas emocionales que se hacen conscientes; en las regiones corticales se encuentran las circunvoluciones del cíngulo y del hipocampo, al igual que la superficie orbitaria del lóbulo frontal y la corteza insular.

La corteza insular está dividida en una región anterior (agranular) y una posterior (granular); la corteza posterior recibe aferencias viscerales generales, por lo tanto, recoge los datos procedentes del cuerpo referentes al tacto y a la temperatura, así como las sensaciones internas como la actividad del estómago, intestinos y otras vísceras, por lo que es la parte del cerebro con la que sentimos las «mariposas» en el estómago.

La corteza cingulada anterior, además de intervenir en la regulación de los cambios viscerales, participa en la evaluación de la experiencia recompensante o aversiva, modulando junto con la amígdala aspectos motivacionales de la emoción; también coordina el proceso de toda la información, por lo que determina la conducta.

El núcleo caudado desempeña un papel importante en la modulación de los actos motores, actúa para permitir al sistema motor realizar únicamente aquellos movimientos dirigidos a un objetivo. Es importante señalar todas estas estructuras porque se encuentran involucradas en las distintas etapas del enamoramiento.

Algunos autores han mencionado que existen distintos tipos de amor, en donde están involucrados diversos neurotransmisores, al igual que estructuras neurales. Por lo general, se comienza un enamoramiento con la etapa de deseo, motivo por el cual algunas personas refieren que «el amor entra por los ojos» y la función evolutiva de esta etapa es motivar a los individuos a buscar una unión sexual.

La etapa del deseo está mediada por concentraciones de andrógenos y estrógenos. Los hombres con altos niveles de testosterona en circulación tienden a desarrollar una mayor actividad sexual, por lo que la libido masculina tiene su punto más alto entre los veinte años y las mujeres sienten mayor deseo sexual en torno a los días de ovulación cuando los niveles de testosterona aumentan.

Los hombres que producen más testosterona son menos propensos a casarse y tienen mayor posibilidad de divorciarse una vez casados, ya que es más probable que abandonen su hogar debido a problemas de las relaciones maritales. La etapa de amor romántico está mediada por la concentración elevada de dopamina, la cual produce euforia, aumento de energía, una gran concentración, así como una motivación inquebrantable y una conducta orientada hacia un objetivo de respuestas emocionales típicas de la etapa de amor romántico.

La actividad de la norepinefrina está relacionada con una gran hiperactividad, insomnio, pérdida de apetito, temblor, taquicardia, ansiedad y miedo, las cuales son respuestas físicas típicas de esta etapa.

La serotonina es otra sustancia involucrada en la neurobiología del amor romántico. Sabemos que concentraciones disminuidas están implicadas en distintas patologías psiquiátricas, entre ellas el Trastorno Obsesivo Compulsivo; dicha patología mejora drásticamente al proporcionar Inhibidores Selectivos de la Recaptura de Serotonina (ISRS), por lo cual se sabe que es un factor importante en la etiología del padecimiento.

Una característica importante del amor romántico es el pensamiento obsesivo hacia la persona amada, por lo cual no es raro que los amantes pasen gran cantidad de tiempo pensando en la persona de quien están enamorados.”

La resonancia magnética de un cerebro enamorado, confirma la activación de los centros neurológicos relacionados con el amor.

El tema es controversial porque estos trabajos “despojan” al amor, “sentimiento sublime”, de todo romanticismo y lo dejan como un conjunto de funciones biológicas, similares a otras inherentes a nuestro organismo, como defecar, por ejemplo. Y mejor, para no quedarnos con tan mundano recuerdo, concluyo con un poema de Jaime Sabines:

Te quiero a las diez de la mañana

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tu vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro, Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves ¿Quién podría quererte menos que yo amor mío?

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