Sin medias tintas

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Jorge VALDEZ REYCEN

• Confío que AMLO sí cumplirá: Astudillo
• El excesivo centralismo, reventó planes
• Predecible, el relevo de Pablo Amílcar

“Tengo la absoluta confianza de que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, va a cumplir con su ofrecimiento de dar el fertilizante a los campesinos de Guerrero”, expresó lacónico el gobernador Héctor Astudillo Flores en declaraciones de escasos 54 segundos a la prensa del estado.

Dijo que espera “que las cosas mejoren y se arreglen, más allá de los avances de 14 por ciento en la entrega. Tengo confianza en el presidente de que impulse lo que está atorado porque estoy convencido que tiene interés en apoyar a los campesinos de Guerrero”, precisó el mandatario estatal.

El balón siempre estuvo en la cancha de la Federación, desde que AMLO ofreció apoyar a los campesinos guerrerenses, en enero de este año, cuando apenas tenía un mes en la presidencia de México.

¿Qué pasó? El excesivo centralismo reunido en la figura del delegado único, llamado “virrey” en los inicios de la administración de la 4T, luego “Súperdelegado” –por las funciones administrativas, de operatividad, de influencia en los presupuestos federales, en síntesis: inmensamente poderosas al coordinar todos los programas federales, sus alcances y la más crucial: ser el representante personal del presidente López Obrador en Guerrero.

No es tema de poca monta: se trata de la concentración nunca antes vista, inédita en la historia de la administración pública federal, de la figura política de mayor peso, importancia específica administrativa, económica, social, cultural, agropecuaria, comunicaciones y transportes, etcétera, que además tiene el aval de la cercanía directa con el presidente de México.

Por ello, la declaración de Astudillo de que confía plenamente de que AMLO cumpla en tiempo y forma con los campesinos en la entrega del fertilizante, es que el mandatario de la nación puede relevar a quien evidentemente no tuvo aptitud, eficiencia y capacidad para operar ese, su programa emblemático, de apoyo a los campesinos. O bien, instruir a quien él designe a que intervenga de inmediato en conjurar un posible conflicto que desborde a las instituciones federales y recomponga todo.

Sin embargo, hace tres días el presidente López Obrador instruyó a su secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval Ballesteros para que se excuse y no intervenga en caso de que haya una investigación hacia su hermano Pablo Amílcar, al frente de la Delegación Federal de Programas de Bienestar y Desarrollo en Guerrero. Es decir, que el presidente AMLO por primera vez, en seis meses, dejó entrever que Pablo Amílcar estaría bajo el escrutinio presidencial por su desempeño no atinado y muy controversial.

Y por supuesto, en el evidente conflicto de interés que existe por el parentesco consanguíneo de la secretaria de la Función Pública (antes Contraloría de la Federación) Irma Eréndira y Pablo Amílcar, el presidente ya pidió que la primera se excuse de todo conocimiento, proceso de investigación o quejas. ¿Y entonces quién investigaría al Súperdelegado en Guerrero?

Complicado este embrollo, ¿no? Al presidente no lo conviene quedar mal con los campesinos, por ningún motivo. Hasta hoy, lo ha hecho quedar mal su representante personal. ¿Qué seguiría, de acuerdo a la lógica? ¡El relevo inmediato! Y es tan fácil para el presidente cualquier solución.

Podría hacer un enroque: mandar al súperdelegado de Morelos a Guerrero y viceversa… Designar a un comisionado especial para la entrega del fertilizante, o instruir personalmente al secretario de SADER, Víctor Villalobos Arámbula, a que reponga todo el procedimiento y actúe a la voz de ¡ya!… pero ¿se resolvería el problema? ¡Esa es la incógnita, la duda e incertidumbre!

Lo primordial es que el propio AMLO lo tendrá que valorar y decidir con el tiempo que ya se le vino encima… como las lluvias.

Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.

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