Sin medias tintas

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Jorge VALDEZ REYCEN

• Acapulco y Chilpancingo: el colapso evitado
• Astudillo evitó un mega estallido caótico
• Ingratitud, ruindad, politiquería… así pagan

Acapulco y Chilpancingo hubieran recibido 2019 en llamas, literalmente.

La alcaldesa Adela Román Ocampo recibió un Ayuntamiento convertido en una “papa caliente” por Evodio Velázquez Aguirre, al extremo de no tener liquidez económica para terminar el ejercicio 2018 y medio comenzar los dos primeros meses del año en curso. El colapso financiero heredado al gobierno municipal de Morena alcanzó los tres mil millones de pesos. La gravedad sigue latente por las dimensiones insospechadas del quebranto a las finanzas públicas porteñas.

En Chilpancingo, Antonio Gaspar, heredó de Marco Antonio Leyva Mena una comuna sumida en un hoyo financiero terrible, inédito, insospechado. La herencia del MAL a Toño es de colosales dimensiones en nóminas, quebranto financiero, deuda, servicios públicos obsoletos, un caos. En suma, la administración municipal de Chilpancingo tenía en puerta una parálisis, la cual se evitó con el apoyo del gobierno de Héctor Astudillo Flores.

Javier Saldaña Almazán, rector de la Universidad Autónoma de Guerrero, habría tenido serios conflictos internos con sindicatos si no hubiera recibido el apoyo oportuno y solidario de Astudillo para solventar la nómina, aguinaldos y las quincenas de enero y febrero. Como sea, la máxima casa de estudios no sufrió problemas, ni tampoco tuvo conflictos que trastocaran su vida académica.

De manera generalizada, el lector podrá tener los datos duros de que dos Ayuntamientos, al menos, experimentaban el final del año 2018 y el inicio del 2019 con una fuerte y predecible carga de explosividad social que amenazaba la gobernabilidad frágil del sistema administrativo-operativo. Era una bomba de tiempo activada, lista para explotar desde el interior de dos gobiernos ajenos al PRI: Morena y PRD.

Astudillo no ha champado ni un ápice su apoyo irrestricto. Tampoco ha reclamado a las dirigencias formales de esos partidos su agradecimiento por la solidaridad. Muchos menos ha esbozado una palabra que denote contrariedad, resentimiento o arrepentimiento a su desprendimiento generoso, a tiempo, de una ayuda imperativa, angustiante, urgente que recibieron gobiernos que derrotaron al PRI, su partido.

El jefe del Poder Ejecutivo en Guerrero ha sido muy insistente en utilizar frases de José Francisco Ruiz Massieu, su maestro en el ejercicio de la Nueva Política, en su ruta de gobierno. Lo tiene presente. Invoca la memoria de un visionario gobernante y emula ciertas acciones similares en la praxis.

Astudillo advirtió que Acapulco estaría en llamas sin su ayuda. Buscó a Adela Román Ocampo para ayudarla, sin taxativas, ni condiciones. Lo mismo hizo con Toño Gaspar, en la capital. Y con el rector Saldaña. Y con Pablo Amílcar Sandoval y con quien usted quiera… Astudillo se adelantó, con visión, a un escenario de conflicto que se veía venir, irremediable, anunciado, profetizado por los malagradecidos e ingratos.

Si al gobernador Astudillo algo se puede agradecer es haber evitado, a tiempo, insisto, con apoyo, desprendimiento, generosidad y sin dobles intenciones de sacar raja política a su gesto de buena fe, el caótico escenario que sería el no haber pagado aguinaldos, quincenas, deudas, gasto corriente, y un largo etcétera.

Los golpes bajos que hoy sufre Astudillo no pueden ser mensajes agradecidos de quienes recibieron la ayuda de una mano amiga en tiempos precarios, de arranque inestable y zozobras financieras. Lo serán, indudablemente, de quienes porfían amargura por la solidez de un político con oficio, estatura, tablas, trabajo, generosidad, desprendimiento y altura de miras por engrandecer esta entidad que nos vió nacer a todos.

Los profetas malagradecidos e ingratos volverán a fracasar.

Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.

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