Textos y claves

Views: 147

Miguel Ángel Arrieta

Las batallas de Adela

El hecho de que la alcaldesa Adela Román Ocampo haya quedado en ridículo al inaugurar una toma de agua potable de la que nunca salió el vital líquido, no es casual: es consecuencia de la confrontación avivada por intereses de grupos políticos al interior del ayuntamiento, y, lamentablemente, por sostener un gabinete de funcionarios improvisados carentes de vocación pública.

Han pasado cuatro meses y medio de que el ayuntamiento encabezado por Adela Román entró en funciones y durante este espacio la presidenta no ha entendido, tal vez porque ni se lo esperaba, la magnitud del bono de confianza ciudadana que se le entregó el primero de julio para imprimir un cambio real a la administración municipal.

Las suspicacias generadas las primeras cuatro semanas de gobierno, en el sentido de que entre los integrantes del Cabildo acapulqueño germinaban diferencias que los llevarían a una guerra de intereses, se confirmaron desde el momento de la ruptura de relaciones entre la alcaldesa y la Síndica municipal Leticia Castro Ortiz, y la conformación de cuatro bloques de regidores.

El problema radica en que no se aprecia un choque tradicional. Lo que se observa más bien corresponde a un escenario de arena de gladiadores en el que todos peleaban contra todos hasta que quedaba un sobreviviente final.

Por lo pronto, el Síndico Javier Solorio Almazán mantiene abierto un frente sin disimulo contra la oficina de la presidencia, y se jacta públicamente de haber orillado a la alcaldesa a destituir a quien ocupara la dirección general de Capama durante los primeros tres meses de la administración, Mario Pintos Soberanis; pero presume con mayor emoción, cual trofeo especial de batalla, la salida del amigo de juventud y compañero de generación de Adela Román, Samuel Peláez Morales.

De hecho, Javier Solorio Almazán, Síndico de Administración y Finanzas, mantiene abiertas investigaciones sobre irregularidades financieras y contrataciones ilegales en la misma Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Acapulco. También indaga en Sedesol para evitar que la asignación de recursos provenientes de programas sociales, se entreguen con tintes de favoritismo para beneficiar a amigos o familiares de la alcaldesa.

El caso de la Síndica de Gobernación, Leticia Castro Ortiz, tiene sus antecedentes dos semanas antes de entrar en funciones la administración municipal, pero se ha acentuado debido a las críticas y rechazo recibidos por la funcionario de elección de parte de los integrantes del primer círculo de confianza de Adela Román.

De ahí que desde la segunda semana de diciembre pasado, Castro Ortiz denunció que la presidenta municipal incurría en un creciente nepotismo al designar a familiares en cargos municipales y permitir que sus amigos nombraran al frente de direcciones y jefaturas a un amplio número de familiares.

Leticia Castro abrió el debate sobre una nómina cargada de apellidos coincidentes y expuso la intromisión de los hermanos de la alcaldesa en asuntos de gobierno municipal. Por lo pronto, cuatro regidores de Morena la secundan, tres más apoyan a Solorio Almazán y el resto optan por una aparente neutralidad en tiempos de guerra.

La particularidad de este escenario, es que Adela Román mantiene un ligero equilibrio a su favor dentro del Cabildo gracias a la inclinación de los regidores priistas que la han apoyado en momentos coyunturales: en la crisis derivada de los cobros desproporcionados expedición de licencias municipales, los únicos que acompañaron a la morenista fueron los regidores del tricolor.

Al final de cuentas, las batallas de Adela se recordarán por el insólito papel de los opositores que terminaron siendo aliados.

En el fondo, los indicios de ruptura institucional que se viven en el ayuntamiento de Acapulco, aunado a la presencia del grupo compacto que rodea a Adela, en el que se detecta asesores sin formación ideológica, amigos sin conocimiento del servicio público y saltimbanquis de la política local, proyecta un rumbo nada halagüeño para Acapulco.

Lo peor es que no es una guerra de enfoques, sino un enfrentamiento de personalidades.

error: Content is protected !!