2019, el choque

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Miguel Ángel Arrieta

El diferendo por la aprobación del presupuesto estatal refleja dos lecturas sobre los escenarios en los que se moverá Guerrero en el 2019: el retraso en la aprobación de la ley de Egresos estatal es apenas el comienzo de una etapa de continuos roces entre el gobierno del estado y grupos locales de Morena, pero también es un anticipo de la pelea por el poder dentro de Morena.

Miguel Ángel Arrieta Martínez

Después de todo, Andrés Manuel López Obrador ha subrayado que quien manda en Guerrero es el Gobernador Héctor Astudillo Flores, pero el problema es que no ha definido quién manda en Morena en esta entidad, lo que ha derivado en la conformación de corrientes que se disputan el poder del lopezobradorismo y metieron ya a su partido en una reedición de la tribalización que aniquiló gradualmente al PRD.

En realidad, el debate derivado del retraso legislativo para aprobar el presupuesto de Guerrero en el 2019 tuvo desde el primer momento dos visiones encontradas de resolución: la del sometimiento del gobierno del estado promovida por el delegado federal Pablo Amilcar Sandoval Ballesteros para intentar demostrar quién manda en la entidad, y la del establecimiento de un quid pro quo institucional estado-federación para desatorar con el gobierno federal lo que no pueden resolver los morenistas locales.

El domingo pasado, en un desayuno con periodistas dos diputados locales por Morena comentaron fuera de micrófonos que la aprobación del presupuesto era consecuencia de la intransigencia del ex presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del estado y actual delegado del gobierno federal en Guerrero, Pablo Amilcar Sandoval Ballesteros.

Esta información ya había sido procesada por la Secretaria de Gobernación federal, Olga Sánchez Cordero, quien indicó al Subsecretario Zoe Robledo dialogara con el presidente de la Junta de Coordinación Política y Coordinador de los diputados de Morena, Antonio Helguera, con el fin de solicitarle resolvieran el asunto del presupuesto ante la inminente presentación de una controversia constitucional de parte del gobierno guerrerense para poder ejercer los recursos del presupuesto.

Zoe Robledo también llamó al delegado federal Pablo Amilcar para comentarle lo mal que se apreciaba circularan versiones de que el representante del gobierno de López Obrador contaminaba un proceso institucional por intereses muy particulares.

Al final de cuentas, el presupuesto resulto aprobado el martes por la noche por unanimidad después de una sesión legislativa sin discusión, sin debate y celebrada en un recinto emergente de Acapulco luego de que campesinos tomaron la sede del poder legislativo.

En este contexto, lo que se resume es que aun cuando el diferendo por el tema presupuestal fue superado, la realidad guerrerense en la convivencia gubernamental PRI-Morena está radicalmente alejada del discurso de entendimiento político.

Dicen que en política no se puede obedecer a dos amos al mismo tiempo.

Lo malo de este capítulo es que quedó bien claro que un afán por empoderarse políticamente el delegado federal Sandoval Ballesteros tiró línea para que los diputados orillaran al gobernador Héctor Astudillo a entrar en espacio de confrontación institucional.

Por lo pronto, Pablo Amilcar Sandoval pasó por alto que Astudillo Flores no comenzó a torear ayer: su experiencia como ex diputado local, ex senador y ex alcalde de Chilpancingo, le permitió apreciar el contexto desde diversos ángulos y acomodar las piezas del rompecabezas con paciencia y mesura pero particularmente bajo el esquema de la buena relación establecida con el Presidente López Obrador y los articuladores políticos del gobierno federal, entre los cuales hay quienes mantienen amistad con el gobernante luego de haber sido compañeros de legislatura.

Lo que viene ahora para el delegado federal es concentrarse en la responsabilidad de coordinar la transición burocrática en Guerrero, sobre la que no ha informado una sola línea después de cuarenta días en el cargo.

Asumir el control y coordinación de instituciones federales en Guerrero no será sencillo; durante décadas el sistema político se encargó de crear una red de enlaces institucionales que terminaron por convertirse en esquemas amafiados para administrar programas sociales, orientar presupuestos y vigilar la permanencia de un sistema administrativo piramidal.

En el fondo, el verdadero reto de Amilcar Sandoval se dará en funciones político-adminsitrativas, no en el marco de jugar a las venciditas con un gobierno estatal, ayuntamientos y diputados que no son de su partido.

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