Sin medias tintas

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Jorge VALDEZ REYCEN

• Fue exorcista y murió degollado en ritual
• Infiel y ratero empleado, mató a su patrón
• “Fue la maña”, ahora pretexto para matar

Era el primer aguacero de mayo del 2013, en Acapulco. Tormentón que dejó sin luz en la madrugada a más de la mitad de los acapulqueños.

Jorge Valdez Reycen

En la habitación 21 de aquel hotelucho, cerquita de los billares “La Joya”, un ritual se escenificaba, donde había licor, droga, dinero y satanismo como elementos de una trama que terminó en sangriento crimen. La figura central fue un canadiense que rebasaba los 65 años de edad, de los cuales 40 dedicó a la religión Pentecostés en su país de origen y llegó a realizar centenares de exorcismos, en una batalla personal contra el diablo o Satanás.

Esa madrugada de tormenta eléctrica, Dennis tenía una túnica blanca y había pedido a dos mozalbetes que se fueran a divertir en su cuarto. Les invitaría alcohol, droga y dinero… ¡mucho dinero!

Uno de ellos llevó a un amigo de invitado. Cuando el aguacerón estaba en todo, “el gringo” comenzó a gritar y desafiar al diablo.

Había puesto en un pañuelo más de 15 mil pesos para quien se quedara con él “a dormir”… la ambición hizo que comenzara una pelea entre aquellos. El otro, invitado, mejor se fue, espantado por las locuras de Dennis. La riña alcanzó la batalla a botellazos y con el cuello de vidrio fue degollado el pastor pentecostés y exorcista, quien pretendía calmarlos.

Ellos eran asiduos a las canchas de la CROM, en el barrio de la playa. Allí fue detenido por la policía uno de ellos, apenas unos días después. El otro, murió desangrándose por un balazo que recibió. La muerte lo sorprendió recargado en un pilar de la tortillería, junto a los billares del barrio de la cuerería. A Dennis ya no lo repatriaron, pues él ya no quería vivir allá. Dejó su vida de exorcista y se trasformó en un proxeneta… dicen que el diablo lo poseyó al final de sus días.

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Cuidaba la villa a sus patrones, unos ancianos septuagenarios jubilados de la UNAM, que habían comprado en Acapulco. Se iban seis meses a Europa y otros seis meses regresaban a México y en diciembre siempre estaban acá.

El empleado vivía en un cuarto de servicio y sus funciones eran mantener limpia la villa, la alberca y pagar servicios para que funcionara bien la casa. Le entró la ambición cuando le dijeron que les pasara la luz a una casa de huéspedes y le darían “un buen varo”. Y así lo hizo. La cuenta de la CFE llegó de más de 16 mil pesos y los patrones llegarían a pasar Navidad y año nuevo en Acapulco.

Grande fue la sorpresa de los ancianos, al llegar y ver aquella villa desordenada, sucia la alberca, un desastre total. Regañaron al trabajador y lo despidieron.

Al día siguiente, la tragedia. Pareja de jubilados de la UNAM atacados a cuchilladas y muere un hombre y su esposa se debate entre la vida y la muerte. Las chapas de las puertas no fueron

violadas, el autor del homicidio era el infiel y ratero empleado, cuya captura es cuestión de horas.

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Asesinatos perpetrados a plena luz del día, cuyas motivaciones van desde disputa de herencias, adulterios, celos enfermizos, venganzas laborales, brujerías… hasta lo más insólito y sorprendente: le miró feo –como lo admitió el célebre y famoso Joaquín “Chapo” Guzmán—, forman parte de todo un compendio en las ciencias criminalísticas forenses.

A lo que jamás se tuvo la idea, fue que el nuevo sistema penal acusatorio adversarial pudiera conocer que los delitos de alto impacto social fueran cometidos y disfrazados por sus perpetradores bajo el argumento de que “fue la maña” o la frase cliché: “algo malo habrá hecho”. Las cartulinas se convirtieron en el sello distintivo, mientras que las ejecuciones dejaron de tener el tiro de gracia y se convirtieron en descuartizados, embolsados, envueltos en colchas o desintegrados en ácido.

La investigación criminal, soportada en tres figuras: el agente del Ministerio Público, el perito en distintas especialidades (dactiloscopia, balística, medicina forense, fotografía, genética, antropología, etc.), y el agente de la Policía Investigadora Ministerial, tienen a cuestas una responsabilidad crucial: evitar que el sistema de procuración de justicia colapse y fracase encima de ellos.

En 12 años, la peor crisis de credibilidad, confianza y certeza jurídica ha sacudido al aparato de justicia en el país. La corrupción es el veneno, y hasta ahora no hay antídoto eficaz.

Frente al homicidio, no hay lucha de clases. Se muere el rico, como el pobre. Al sistema penal acusatorio adversarial no le debería de importar que haya luchadores sociales que tienen motivos políticos para cometer un ilícito, desde homicidio, hasta ataques a las vías federales de comunicación y demás rosario de delitos… pero resulta que sí.

No se diga de los llamados “cuello blanco”, como el fraude, peculado, enriquecimiento con recursos de procedencia ilícita, enriquecimiento inexplicable, hasta la fábula de la extinción de dominio.

Hay varios exalcaldes que todavía siguen viajando por el mundo, sin que INTERPOL tenga la ficha roja de ellos. ¿Feliz? Año…

Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.

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