Sin medias tintas

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Jorge VALDEZ REYCEN

• ¿Cómo llegaron René y Figueroa al Palacio?
• Félix Salgado: del éxodo al plantón de 117 días
• Astudillo recibió en bancarrota el gobierno

En 1993 el gobernador José Francisco Ruiz Massieu sabía que la Costa Grande era un incendio.

Jorge Valdez Reycen

Rubén Figueroa Alcocer sería gobernador y enfrentaría la resistencia de Félix Salgado Macedonio, del PRD y de todas las fuerzas opositoras al PRI.

Fueron meses de éxodo a la Ciudad de México, de toma del Palacio de Gobierno 117 días en un zócalo donde destazaban una res para que comieran plantonistas. Fue la transición más traumática de un gobierno que solo duró tres años.

Rubén Figueroa Alcocer (1993-1996) dejó polarizado Guerrero en 1996, al pedir una licencia por la masacre de Aguas Blancas. Se interrumpían sexenios completos desde su padre Rubén Figueroa Figueroa (1975-1981), Alejandro Cervantes Delgado (1981-1987), José Francisco Ruiz Massieu (1987-1993). Otra vez los días de reconciliación, de pacificar, de unir con Ángel Aguirre Rivero (1996-1999).

A finales del Milenio, el experimento democrático inédito: una elección interna del PRI con siete precandidatos (Florencio Salazar Adame, Guadalupe Gómez Maganda, Porfirio Camarena Castro, Carlos Javier Vega Memije, Miguel Osorio Marbán, Manuel Añorve Baños y René Juárez Cisneros) llegaron a las urnas en un clima crispado, exacerbado, siendo ganador René Juárez Cisneros. Y entonces se enfrentó nuevamente a un PRD que repetía candidato con Félix Salgado Macedonio.

El PRD sufrió su segunda derrota, dolorosa, por la ausencia de una sólida estructura electoral y sólo le apostaban a la inconformidad social y a la simpatía de un personaje carismático, motociclista, luchador, cantante, diputado “costales” y que sería senador de la República al perder la elección.

Guerrero no se desmoronó. Tampoco sufrió una descomposición social. Con Vicente Fox Quesada, en el 2000, René Juárez Cisneros (1999-2005) concluye su sexenio y preconiza la inolvidable frase “Guerrero no es Disneylandia” e hizo voltear a Fox hacia el sur. Luego ambos “se llevaron a toda madre”. René se fue despacito, sin prisas… “me van a extrañar”, les advirtió a todos.

En 2005 Guerrero experimenta la primera alternancia sexenal. Llega Zeferino Torreblanca Galindo (2005-2011) en medio de la nada, sin discurso, sin promesas, sin ofertas y gana una elección interna a Armando Chavarría Barrera que los distanció profundamente, aunque “cohabitaron” en el gobierno, nunca se dijeron amigos, ni nada. Ganó Z y con él la simulación campeó y la violencia se disparó. Ganó al PRI y al candidato Héctor Astudillo Flores, en una lección para el priísmo de nunca acudir a una elección peleados, confrontados.

Otros seis años de nadar de a muertito y desilusionarse con un gobierno camaleónico que terminó llamando “cuches cuiteros” a perredistas defraudados. Le entrega la gubernatura en 2011 a Ángel Aguirre Rivero (2011-2014) quien propina un segundo revés al PRI y a su primo Manuel Añorve Baños. Para eso dejó atrás 30 años de militancia priísta y encabeza una alianza de partidos de izquierda, con Luis Walton Aburto, “Los Chuchos” Zambrano y Ortega y Marcelo Ebrard.

Esa fue la mejor época que haya tenido un gobernador de Guerrero en toda su historia… y, también, la más desgraciada, dolorosa, crítica y trágica que se haya vivido.

Guerrero se fue al colapso junto con Rogelio Salvador Ortega Martínez (2014-2015) y entrega a Héctor Astudillo Flores un gobierno en bancarrota, sumido en la peor crisis económica, política, social, estigmatizado por el Caso Iguala y los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos. Fue el trance más doloroso para el PRD y sus partidos aliados que perdieron toda credibilidad, confianza y hasta el poder.

Fue el resurgimiento, sin embargo, para el PRI y la segunda oportunidad para Héctor Astudillo Flores. En el PRI sabían que no podían darse el lujo de volver a reñir los grupos internos y cerraron filas con Astudillo.

Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.

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